Decenas de centrales de carbón —capaces de emitir una contaminación equivalente al efecto ambiental de 27 millones de automóviles— iban a cerrar durante el segundo mandato de Trump. Ahora puede que no cierre ninguna otra central de carbón hasta después de que Trump deje el cargo, según funcionarios y la empresa de análisis energético Enverus.
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Bajo Trump, resurge la industria del carbón pese a advertencias sobre costos y riesgos de salud
WASHINGTON (AP) — Antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca, el gobierno de Biden y muchas empresas eléctricas estaban construyendo un futuro dominado por la energía renovable. Su objetivo era reemplazar el carbón, recortando los gases de efecto invernadero y reduciendo la contaminación del aire que mata a más de 1.000 personas al año.
Estados Unidos atraviesa un cambio drástico en la política energética mientras Trump utiliza los amplios poderes del gobierno para beneficiar al carbón y frenar alternativas más limpias. Esto podría derivar en electricidad más cara y aire más sucio, y retrasar los esfuerzos por frenar el cambio climático, según una revisión de The Associated Press de datos gubernamentales y entrevistas con expertos.
Funcionarios de Trump están usando poderes de emergencia para impedir el cierre de cinco centrales de carbón. Eso está elevando las facturas de los usuarios: mantener abierta una planta de Michigan durante unos siete meses costó 135 millones de dólares. Están usando millones de dólares de los contribuyentes para hacer reparaciones y prolongar la vida útil de otras centrales de carbón. También están recortando los límites de contaminación para facilitar que las plantas sigan operando sin costosas mejoras.
El secretario del Interior Doug Burgum ha dicho que el objetivo para las centrales de carbón “es que permanezcan abiertas al 100%, no más retiros, no más cierres”.
Las medidas superan con creces la defensa del carbón que hizo Trump en su primer mandato, cuando flexibilizó algunas regulaciones ambientales para darle un impulso de corta duración. El gobierno sostiene que el carbón produce energía muy necesaria incluso durante condiciones meteorológicas extremas, lo que le da una ventaja sobre las renovables que, según afirma, el gobierno de Biden subsidió imprudentemente en nombre del cambio climático.
“El gobierno de Trump esta vez está mucho más organizado y es más estratégico al intentar provocar un resurgimiento del carbón”, manifestó Robert Lifset, profesor de historia de la energía en la Universidad de Oklahoma. “Se está viendo casi como un enfoque de todo el gobierno”.
Esto ocurre mientras la demanda de electricidad se dispara debido al crecimiento colosal de los centros de datos. Una comunidad de Indiana supervisó la construcción de enormes campos solares en tierras agrícolas ante el retiro previsto de la Schahfer Generating Station, una central de carbón en Wheatfield, Indiana. Ahora el gobierno de Trump mantiene abierta esa planta, al afirmar que su energía es crítica.
“Me afectó mucho emocionalmente porque por fin ya no iban a ser una amenaza para nuestro aire y nuestra agua”, expresó Barbara Deardorff, una activista que creció a unos 3 kilómetros (2 millas) de la planta. “Desde entonces, todo se ha puesto patas arriba”.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el uso de electricidad en Estados Unidos aumentó junto con el crecimiento económico. Ambas tendencias se separaron tras la recesión de 2008: la economía volvió a crecer, pero la demanda de electricidad se mantuvo plana, en parte gracias a una mayor eficiencia, explicó Seth Feaster, del Institute for Energy Economics and Financial Analysis, que promueve la energía renovable.
Las empresas eléctricas retiraron en masa plantas antiguas y costosas, reemplazándolas por gas natural más eficiente y renovables. La participación del carbón en la generación eléctrica de Estados Unidos cayó a menos de la mitad.
Las chimeneas de Schahfer se erguían entre los campos del norte de Indiana desde que se construyó en la década de 1970. Luego, en 2023, su operador vislumbró un nuevo futuro: la Northern Indiana Public Service Company anunció que reduciría el carbón del 73% de su producción de energía a cero mientras avanzaba hacia las renovables. Schahfer sería cerrada.
A medida que se acercaba esa fecha, la comunidad se transformaba. Se instalaron paneles solares en cientos de acres de tierras agrícolas cercanas, un cambio en el carácter local que algunos lamentaron, pero que otros recibieron con agrado por la energía más limpia y los nuevos ingresos fiscales.
Luego, en diciembre, el gobierno de Trump emitió una orden de emergencia para mantener Schahfer operativa, al señalar que su energía generada con carbón era esencial para satisfacer la demanda durante condiciones meteorológicas extremas.
“Hoy, las políticas que se interponen en el camino de un desarrollo energético razonable y arruinan los cálculos son las que se enfocan en torno al cambio climático”, declaró el secretario de Energía Chris Wright en febrero, durante una conferencia de prensa sobre la confiabilidad de la red eléctrica.
La central de carbón no solo seguirá en funcionamiento, sino que Amazon ha propuesto un complejo de centros de datos de varios miles de millones de dólares cerca, alimentado por generadores de gas que producirían más del doble de la energía de la antigua instalación de carbón. NIPSCO declaró que un acuerdo con Amazon protegería a los clientes.
“Ha sido un giro de 180 grados”, comentó Deardorff, quien indicó que su familia ya no podrá cultivar en tierras que durante mucho tiempo ha arrendado cerca de la planta.
Detener por completo los retiros, como ha sugerido Burgum, mantendría en operación unos 34 gigavatios de energía a carbón que iban a retirarse antes de 2029. Y eso amenaza con estancar un descenso de décadas en la contaminación del carbón que había reducido drásticamente las muertes a medida que las plantas se retiraban o instalaban nuevos equipos. Las centrales de carbón programadas para cerrar durante el mandato de Trump emitieron el año pasado más de 130 millones de toneladas de dióxido de carbono, además de decenas de miles de toneladas de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno perjudiciales para la salud.
“Si retiramos todas las centrales de carbón podríamos evitar esas 2.000 muertes al año por el carbón. Y si mantenemos las plantas en funcionamiento y siguen quemando carbón, entonces vamos a tener esas emisiones y ver esos mismos impactos en la salud”, afirmó Lucas Henneman, un ingeniero ambiental de la Universidad George Mason que encabezó un estudio gubernamental sobre muertes por contaminación del carbón.
Más allá de las cinco plantas a las que se ordenó permanecer abiertas, el gobierno gastó 175 millones de dólares de los contribuyentes en mejoras para prolongar la vida útil de otras siete plantas. Está considerando solicitudes por 350 millones de dólares en gastos similares.
Mantener a flote la envejecida flota de centrales de carbón de Estados Unidos podría costar, en última instancia, alrededor de 1.000 millones de dólares al año, apuntó Michelle Bloodworth, del grupo industrial America’s Power. Señaló en una entrevista que el gasto está justificado, considerando que “miles y miles de millones de dólares” se destinaron a las renovables.
El gobierno tiene amplia discrecionalidad para decidir si existe una emergencia y puede “ordenar casi cualquier cambio en la operación del sistema eléctrico”, indicó el Congressional Research Service en febrero.
Eso no ha detenido las impugnaciones legales de cinco estados gobernados por demócratas: Washington, Illinois, Minnesota, Michigan y Colorado.
El fiscal general de Colorado Phil Weiser sostuvo que las órdenes del gobierno de Trump cargan a los consumidores con precios más altos y obstaculizan la energía sostenible.
“Estamos pasando de una trayectoria en la que íbamos a liderar al mundo en energía limpia a otra en la que nos estamos convirtiendo en un petroestado aislado”, sostuvo Bob Keefe, del grupo de seguimiento de energías renovables E2. “Está costando empleos, está costando inversiones, nos está perjudicando en el mercado global y, por cierto, está resultando en precios más altos de la electricidad”.
Los economistas dudan que el resurgimiento del carbón vaya a durar. No se ha construido ninguna gran central de carbón en Estados Unidos desde 2013, aunque hay una planificada en Alaska. Y las centrales de carbón envejecidas no tienen sentido cuando la energía solar es barata, señaló Steve Cicala, profesor asociado de la Universidad Tufts.
Partes de la agenda de Trump ya han flaqueado. La mayor subasta federal de arrendamientos de carbón en más de una década fracasó, y los tribunales han rechazado algunos de los intentos de Trump de bloquear la energía eólica.
Aun así, los ejecutivos del sector se mantienen optimistas.
“Es nuestro momento”, afirmó el director ejecutivo Jimmy Brock, de Core Natural Resources, una de las mayores compañías mineras de carbón del país.
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Contribuyeron a esta nota los corresponsales Mead Gruver en Cheyenne, Wyoming, y M.K. Wildeman en Hartford, Connecticut.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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