A pesar de que la Constitución argentina establece que la recuperación de las Malvinas y el ejercicio de la soberanía sobre ellas “constituyen un objetivo permanente e irrenunciable” y que muchos argentinos las sienten propias, la relación entre Argentina y las islas permanece en una mínima expresión desde la guerra que Gran Bretaña y el país sudamericano libraron en 1982 por su dominio. No hay comercio directo con el archipiélago, los turistas argentinos representan menos del 5% del total de visitantes y sólo hay un vuelo mensual desde territorio argentino.
En tanto, los isleños se sienten culturalmente distantes de Argentina pese a que el archipiélago que habitan en el Atlántico sur está situado a sólo 480 kilómetros del continente.
La disputa entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de Malvinas —que los británicos llaman Falklands— se ha mantenido sin avances significativos en el plano diplomático desde que el 2 de abril de 1982 la dictadura encabezada por el presidente de facto Leopoldo Galtieri desembarcó en las islas reclamando el territorio que estaba bajo dominio británico desde 1833.
Tras 74 días de combates en los que murieron más de 900 soldados de ambos bandos, Gran Bretaña derrotó a las fuerzas argentinas y consolidó su control sobre el archipiélago.
Los aproximadamente 3.400 habitantes de las islas votaron en un referendo en 2013 a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar. El resultado fue rechazado por la entonces presidenta argentina Cristina Fernández (2007-2015), quien convirtió el reclamo por Malvinas en un eje de su política exterior.
El actual mandatario ultraliberal Javier Milei ha reiterado que la soberanía de las islas no es negociable, pero que buscará una solución diplomática y con el consentimiento de sus habitantes.
“No creo que la mayoría de las personas acá quieran pertenecer a Argentina porque no tenemos conexiones con ellos, a pesar de que, por razones prácticas, tenga sentido”, dijo Anthony Smith, nativo de Malvinas y fundador de la empresa de turismo Discovery Falklands. “Somos personas diferentes, tenemos raíces británicas, pero tenemos nuestra propia identidad acá”, agregó a The Associated Press.
La pesca, motor de la economía local La pesca es la principal actividad económica en las Islas Malvinas y representó 58% del Producto Bruto Interno en 2024, según el último informe económico del gobierno local.
En 1986 Gran Bretaña estableció una zona de conservación y gestión pesquera alrededor de las islas para regular la actividad de las embarcaciones extranjeras y generar ingresos mediante la concesión de licencias. Actualmente flotas de España, Taiwán, Corea del Sur y Japón concentran la mayor parte de esas licencias.
Argentina rechaza esas actividades porque considera que fueron adoptadas de manera inconsulta por Gran Bretaña y que contravienen resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que instan a ambas partes a abstenerse de tomar decisiones unilaterales y a reanudar las negociaciones para alcanzar una solución al conflicto.
Los principales destinos de exportación del archipiélago son España, Estados Unidos y Alemania, según el Observatorio de Complejidad Económica, y los productos que lideran las ventas al exterior son los moluscos, la lana y el pescado congelado. Del lado de las importaciones, los principales socios son Gran Bretaña, España, Grecia y Estados Unidos.
El turismo, un pilar económico El turismo es otro de los motores del archipiélago. En la temporada 2024/2025 se registraron más de 70.000 visitantes, según datos oficiales.
Estados Unidos encabezó los arribos con 30.759 visitantes, lo que representa alrededor del 40% del total. Gran Bretaña se ubicó en segundo lugar con 9,5%, mientras que los argentinos representaron apenas 4,7%.
“La gran mayoría de las personas que vienen a nuestros tours son americanas y también hay muchos británicos”, dijo Roxy King-Clark, fundadora de Lupin Tours en las islas.
La conectividad también refleja la distancia con el continente. No hay vuelos regulares desde Argentina y la principal conexión aérea es un servicio semanal operado por LATAM desde Punta Arenas, en Chile, con una escala mensual en la ciudad patagónica argentina de Río Gallegos.
La frecuencia es incluso menor a la que había en la década de 1970 y hasta la guerra, cuando la aerolínea estatal argentina Lade operaba dos vuelos mensuales que también incluían servicios sanitarios y de carga. De hecho, la compañía fue por más de una década la única línea aérea con una sucursal en la capital de las islas.
Smith consideró que “la relación con Argentina podría cambiar” y que existe margen para estrechar el vínculo, siempre que se respete la realidad de los isleños.
FUENTE: AP