La institución, de 81 años, que en otro tiempo fue un actor importante en la resolución de conflictos y crisis en todo el mundo, ha quedado relegada de la mesa principal en los intentos por poner fin a las guerras en Irán, Ucrania y Gaza. Y su precaria situación financiera —provocada principalmente por los miles de millones de dólares que Estados Unidos adeuda— ha obligado a hacer recortes importantes en sus programas humanitarios y de desarrollo, ámbitos en los que se ha mantenido como un actor clave.
¿Qué necesitará el próximo líder de la ONU para hacer su trabajo en un mundo más complejo?
NACIONES UNIDAS (AP) — El próximo secretario general de las Naciones Unidas asumirá el mando el 1 de enero de una organización envejecida que sigue controlada por las potencias de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué necesitará el mundo de esa persona?
La reunión mundial anual de líderes en las Naciones Unidas, que terminó la semana pasada, arrojó algo de luz sobre en qué debe centrarse y qué debe impulsar el próximo jefe de la ONU.
En su discurso de despedida ante la Asamblea General, el secretario general saliente, António Guterres, dijo a los líderes mundiales: “El mundo no necesita unas Naciones Unidas más débiles”.
“Necesita una ONU lo suficientemente fuerte como para afrontar el mundo tal como es”, afirmó, “y lo suficientemente decidida como para construir el mundo como debería ser”.
Pero, ¿es eso posible siquiera?
Tras 10 años al frente de las Naciones Unidas, Guterres dijo estar firmemente convencido de que su mayor poder es construir un mañana que funcione para todos. “Nuestro futuro compartido se forjará según si la humanidad puede gobernar el poder con sabiduría”, indicó.
Después, Guterres planteó desafíos a las Naciones Unidas, que estarán dirigidas por su sucesor, a los 193 países de la Asamblea General “y a la propia humanidad”.
¿Defenderán el derecho antes de que la impunidad se normalice? ¿Pondrán fin a las guerras antes de que consuman generaciones? ¿Abordarán la desigualdad “antes de que las sociedades se fracturen”? ¿Acelerarán la acción climática “antes de que se crucen puntos de inflexión”? ¿Gobernarán la inteligencia artificial “antes de que nos gobierne a nosotros”?, preguntó Guterres.
Para el próximo secretario general —el proceso de selección está en curso— la máxima prioridad será reconfigurar las Naciones Unidas para que reflejen el siglo XXI, y no la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando se creó.
El nuevo jefe de la ONU “tendrá la tarea más monumental a la que se ha enfrentado la ONU en décadas, porque se tiene una ONU que atraviesa este proceso crítico de reforma que no ha atravesado desde hace mucho tiempo”, señaló Kizito Byenkya, director de incidencia del Open Society Institute.
La crisis financiera de la ONU ha llevado a recortes presupuestarios y a esfuerzos por consolidar programas y agencias, y a eliminar cientos de mandatos que ordenan a la Secretaría de la ONU emprender una amplia variedad de acciones y presentar informes, muchos de los cuales nunca se leen. Eso, por mencionar solo algunas cosas.
Al mismo tiempo, explicó Byenkya a The Associated Press, “hay una enorme presión desde todos los frentes para que el nuevo secretario general actúe como un general y realmente desempeñe un papel central en la mediación de los conflictos mundiales”. Citó al fallecido secretario general Kofi Annan, quien se involucró directamente en algunos conflictos y fue un mediador y negociador hábil.
“Si se observan los conflictos a los que nos hemos enfrentado en los últimos años, digamos desde Gaza hasta Sudán, Ucrania y más, a menudo uno tiene que preguntarse: ¿dónde ha estado el papel de las Naciones Unidas en todo esto?”, comentó. “En la época de Kofi Annan, él estaba en el centro de todo”.
Durante la cumbre de alto nivel, líder tras líder habló de la necesidad de reformar. Pero cuando se trata de actuar, surgen diferencias serias y a veces imposibles, especialmente en lo relativo a la reforma del Consejo de Seguridad, el órgano más poderoso de la ONU y que sigue controlado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Todos los países miembros de la ONU quieren ver que el consejo refleje el mundo del siglo XXI, pero existen enormes diferencias nacionales sobre cómo debería ampliarse. Eso ha frenado el avance durante décadas.
Los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia— tienen poder de veto, lo que les otorga el control definitivo. África, hogar de 1.500 millones de personas, no tiene un asiento permanente. Tampoco lo tiene América Latina. Tampoco lo tiene el conjunto de naciones insulares cuya existencia está amenazada por el cambio climático.
“La reforma del Consejo de Seguridad no es un favor a África”, dijo a los líderes mundiales el presidente de Ghana, John Mahama, la semana pasada. “Es un imperativo para la legitimidad, la credibilidad y la supervivencia de las Naciones Unidas”.
Mahama también planteó quizá el problema más difícil al que se enfrentará el próximo jefe de la ONU: la “intensa fragmentación, la profundización de la desigualdad y la erosión de la confianza en nuestro sistema multilateral” en el mundo.
“Debemos abordar hoy el alarmante colapso del orden global”, afirmó, al señalar “la peligrosa deriva hacia el unilateralismo”.
Mahama elogió la Carta de la ONU, cuyas palabras iniciales dicen que la organización se fundó para evitar la repetición de las dos guerras mundiales del siglo XX. Eso, sostuvo, “debe prevalecer por encima de la doctrina cínica de que ‘la fuerza hace el derecho’”.
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Edith M. Lederer ha cubierto asuntos internacionales para The Associated Press durante más de medio siglo.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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