Júnior, de 59 años, se ha postulado al Congreso por primera vez. Pero hasta el 4 de octubre, él es “Plínio Trump” —e imita al presidente estadounidense Donald Trump con su peinado, su larga corbata naranja, su firme apretón de manos e incluso su forma de caminar—.
Plínio Trump, Mick Jagger y el Taxista Samurái mantienen tradición brasileña de candidatos de broma
JUIZ DE FORA, Brasil (AP) — Cuando el piloto de helicóptero Plínio Vicentin Júnior conduce su Pontiac Grand Ville clásico por las calles del estado de Minas Gerais, en el sudeste de Brasil, con una bandera estadounidense que ondea cerca del parabrisas al estilo de caravana presidencial, los peatones se detienen a mirar.
“(Trump) es agradable, icónico”, dijo Plínio Trump a The Associated Press la noche del lunes, luego de hacer campaña en Juiz de Fora, una ciudad de 570.000 habitantes situada a 180 kilómetros (111 millas) al oeste de Río de Janeiro. “Poca gente me miró con desagrado. La mayoría sonríe y me abraza”.
Candidatos folclóricos como Plínio Trump son parte de una tradición brasileña que abarca casi ocho décadas. Tanto si son llamados candidatos de protesta o candidatos de broma, aportan un elemento surrealista a las elecciones legislativas. Para postularse, deben pertenecer a uno de los 30 partidos políticos de Brasil y cumplir los mismos requisitos de elegibilidad que los demás candidatos, incluidas las normas sobre antecedentes limpios.
Este año, unos cientos de ellos figuran entre los más de 7.800 candidatos que aspiran a un escaño en el Congreso, y hay más aún que compiten por puestos en las legislaturas estatales.
Paradójicamente, aunque estas figuras pintorescas pueden atraer a votantes desencantados con la política tradicional, los votos que reciben se suman al total de sus partidos bajo el sistema electoral de Brasil. Así que más votos para estos candidatos de broma pueden traducirse en más escaños en el Congreso —y en más fondos públicos para el mismo aparato que los votantes de protesta intentan rechazar—.
Trump no es el único político estadounidense con admiradores en la campaña electoral al Congreso de Brasil.
Henrique Barack Obama, cuyo nombre real es Cláudio Henrique dos Anjos, tiene ambiciones aún mayores. Tras haber aspirado a cargos públicos anteriormente en Río de Janeiro, ahora va tras uno de los dos escaños del Senado que están en juego en el Distrito Federal, donde se encuentra Brasilia, la capital de Brasil. Pero hasta quienes lo conocen de cerca admiten que este hombre de 57 años se parece poco al expresidente estadounidense.
“Es más por su postura”, opinó Claudio Santos, de 33 años, quien conoce al Obama brasileño desde su época en Río. “También le gusta la atención que le aporta ese nombre, obviamente. Cuando no estaba en campaña, se hacía pasar por Obama durante los partidos de fútbol del Flamengo”.
Mick Jagger, otro candidato pintoresco cuyo nombre real es Walcy Calixto Vieira, contiende de nuevo para un escaño en la legislatura del estado de Goiás, en el centro del país. Y no es el líder de alguna banda de rock, sino un carpintero de 66 años con el cabello enmarañado y un flequillo que le roza las cejas.
Otros candidatos eligen no imitar a celebridades, sino que optan por sobrenombres llamativos y pegajosos. “Vovó Tsuname” (Abuela Tsunami), cuyo nombre real es Scheile Aparecida Soares Brandão, aspira a un escaño en la legislatura estatal de Minas Gerais. “Quem Quem” (Quién Quién), nacido como Francisco das Chagas Costa Oliveira, se postula para la legislatura del estado de Piauí, en el noreste del país.
“Solitário”, o Marcelo da Rosa, es un camionero del estado de Paraná que busca un escaño en el Congreso; y también está Severino Cardoso Sobrinho, más conocido como “Taxista Samuray”, un maestro de nunchakus que aparece en videos de Instagram y se postula para la legislatura estatal de Pernambuco, el estado natal del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La tradición brasileña de presentar candidatos folclóricos y pintorescos se originó en 1959, cuando cerca de 100.000 votantes de São Paulo escribieron el nombre de Cacareco —una rinoceronta del zoológico de la ciudad— en sus papeletas durante unas elecciones municipales. Las autoridades electorales anularon esos votos posteriormente.
Tales espectáculos políticos desaparecieron durante la dictadura militar brasileña —entre 1964 y 1985—. Pero el retorno del país a las elecciones nacionales, en 1989, trajo consigo a uno de sus candidatos presidenciales más memorables: el Doctor Enéas Carneiro, un respetado cardiólogo quien pronunciaba discursos complejos a una velocidad vertiginosa en anuncios de radio y televisión de apenas 15 segundos. Muchos brasileños encontraron muy divertida su forma de hablar tan acelerada que parecía dejarlo sin aliento.
“¡Mi nombre es Enéas!”, gritaba a la cámara al final de cada anuncio. Carneiro obtuvo 360.000 votos en las primeras elecciones presidenciales directas de Brasil desde 1960.
Cinco años más tarde, con los votantes aún indignados por el escándalo de corrupción que condujo al juicio político del presidente Fernando Collor, Carneiro quedó en tercer lugar con 4,6 millones de votos, por detrás de Lula y del eventual ganador, Fernando Henrique Cardoso.
El movimiento alcanzó un nuevo auge en 2010, cuando Tiririca, un payaso de circo y comediante, ganó un escaño por São Paulo en el Congreso con más de 1,3 millones de votos. Sus lemas de campaña incluían frases como “No puede estar peor” y “¿Qué hace un diputado federal? Yo realmente no lo sé. ¡Voten por mí y lo averiguaré por ustedes!”.
Francisco Everardo Oliveira Silva, cuyo sobrenombre de “Tiririca” —adjetivo que significa “malhumorado” o “furioso”— le fue dado por su madre debido a que de niño siempre parecía estar enfadado, ha cumplido cuatro mandatos consecutivos. Ahora busca el quinto en representación de su estado natal de Ceará, en el noreste de Brasil. En 2022, obtuvo 70.000 votos para conservar su escaño.
Carlos Melo, profesor de ciencias políticas de la universidad Insper, en Sao Paulo, explicó que candidatos como Tiririca logran un peso político superior al que les correspondería gracias al sistema de representación proporcional de Brasil: los votos recibidos por los candidatos se asignan a sus partidos y luego se distribuyen proporcionalmente.
“Algunos de estos candidatos obtienen suficientes votos para ganar sus propios escaños, pero otros sólo aportan 1.000 o 2.000 votos a sus partidos. No consiguen escaños, pero ayudan a sus partidos a lograr una mayor cuota del Congreso y de los fondos públicos”, agregó Melo. “Hoy en día, vemos a muchos más de estos candidatos extravagantes porque el liderazgo político tradicional se desmorona. Las personas que normalmente ocuparían esos cargos optan por mantenerse al margen de la política institucional”.
Mientras Plínio Trump concluía su campaña en Juiz de Fora y se preparaba para regresar a Varginha —una ciudad situada a 400 kilómetros (248 millas) al oeste de Río de Janeiro y famosa a nivel nacional por ser el supuesto lugar de aterrizaje de un ovni—, reconoció que su decisión de hacer campaña como el presidente de Estados Unidos va más allá del parecido físico.
“Tenemos pocas opciones en la derecha de Brasil”, dijo. “Para mí, Trump es un referente de la derecha”.
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Savarese informó desde Sao Paulo.
FUENTE: AP
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