El hacinamiento agobia al sistema penitenciario de Paraguay: así viven los presos de cinco cárceles
ASUNCIÓN (AP) — Paraguay ha buscado en los últimos meses enfrentar los distintos problemas de sus cárceles, incluido el control criminal en alguna de las prisiones, pero uno se mantiene en varios centros: el hacinamiento.
Compartir en:
Reclusos jugando fútbol en la cárcel Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Unos presos hablan con otros a través de la rendija de la celda en la que cumplen castigo por el intento de inicio de un motín en la cárcel Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Rocío González, condenada a 16 años de cárcel por asesinato, almuerza dentro de un pabellón para presos transgénero en la Penitenciaria Regional en Coronel Oviedo, Paraguay, el viernes 30 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Mujeres presas rezan en un evento evangélico en la cárcel de mujeres del Buen Pastor en Asunción, Paraguay, el lunes 2 de septiembre de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varias guardias en un punto de control dentro de la cárcel de mujeres del Buen Pastor en Asunción, Paraguay, el lunes 2 de septiembre de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
La Penitenciaría Regional rodeada de campo en Coronel Oviedo, Paraguay, el viernes 30 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Reclusos utilizan un teléfono de pago por minuto y manejado por los mismos presos en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el sábado 31 de agosto de 2024. La mayoría de las llamadas de los reos las pagan sus familiares cuando van a visitarlos. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
El recluso Antolín Rojas, de 32 años, limpia las botas de un guardia penitenciario a cambio de 2.000 guaraníes, unos 30 centavos de dólar, en la Penitenciaría Regional en Coronel Oviedo, Paraguay, el sábado 31 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Presos se protegen del frío con mantas en el patio de la prisión de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el lunes 9 de julio de 2024. Pueden estar fuera de las celdas hasta las 4 p.m. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un preso divide una sopa hecha en prisión, conocida como "vori-vori" en la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el miércoles 10 de julio de 2024. La sopa, de pollo o carne, con verduras y bolas de maíz con queso, es la comida de los presos sin recursos; los que pueden pagar compran otra comida. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Reclusos compartiendo cama en la Penitenciaría Regional en Coronel Oviedo, Paraguay, el sábado 31 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un preso pone a secar ropa fuera de la cárcel Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varios presos sacan la mano para pedir pan en la hora del almuerzo desde su celda en la prisión Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varios reclusos cenan en su celda en la prisión Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un recluso da una sesión de estiramiento gratis a un voluntario en un día de visitas en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el domingo 1 de septiembre de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Presos se calienten en el fuego dentro de un pabellón en la prisión Juan de la Vega en Emboscada, Paraguay, el viernes 12 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varios presos miran desde su celda grupal a última hora de la tarde, que será abierta por la mañana, mientras otro prisionero se prepara para entrar en otra que permanecerá cerrada por la noche en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el sábado 31 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un preso habla por teléfono mientras otro da el número al que quiere llamar en un teléfono de pago por minuto que manejan los propios reclusos en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el domingo 1 de septiembre de 2024. La mayoría de llamadas de los reos las pagan sus familiares cuando van a visitarlos. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un recluso tumbado en un pasillo en la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el domingo 8 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Los presos hacen fila para recibir comida en prisión, conocida como "vori-vori" en la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el miércoles 10 de julio de 2024. La sopa, de pollo o carne, con verduras y bolas de maíz con queso, es la comida de los presos sin recursos; los que pueden pagar compran otra comida. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un guardia penitenciario enseña el cuchillo que lleva durante su vigilancia en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el sábado 31 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un reo prepara un estofado de verduras, queso y frijol que será servido en la prisión de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el domingo 8 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un preso fuma crack dentro de la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el domingo 8 de julio de 2024. Las drogas no están permitidas dentro de prisión pero algunos consiguen meterlas de contrabando. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varios presos comen una sopa hecha en prisión, conocida como "vori-vori" en la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el domingo 8 de julio de 2024. La sopa, de pollo o carne, con verduras y bolas de maíz con queso, es la comida de los presos sin recursos; los que pueden pagar, compran otra comida. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un urinario colocado en un pasillo de vigilancia para los guardias penitenciarios en la prisión de Tacumbú en Asunción, Paraguay, el domingo 8 de julio de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Varios presos sentados en un bloque de celdas en la Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el domingo 1 de septiembre de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
Un preso usa piedras para jugar al bingo en el patio de Penitenciaría Regional en Villarica, Paraguay, el viernes 30 de agosto de 2024. (AP Foto/Rodrigo Abd) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.
En la cárcel más grande del país, la de Tacumbú, el gobierno intervino hace nueve meses con un gran operativo para contener el control y la influencia del grupo criminal Clan Rotela, una de las organizaciones criminales más importantes de Paraguay con un inmenso poderío en las calles pero también en el interior de las prisiones. La incursión se saldó con una decena de fallecidos, una treintena de heridos y la transferencia de más de 700 encarcelados a otros presidios.
Pero a pesar de los esfuerzos de las autoridades, la Penitenciaría Nacional de Tacumbú aún lidia con los estragos de la intervención.
The Associated Press visitó esa prisión, así como otras cuatro de las 18 cárceles del país, donde los presos se amontonan en celdas para cuatro o cinco personas. Solo en la de mujeres, se aprecia un ambiente más ordenado y sin sobrepoblación.
En las prisiones de hombres recorridas, hay casos en los que hasta quince presos comparten una celda. La privacidad es un lujo que se quedó en el mundo exterior y la convivencia entre prisioneros fluye en medio de un frágil equilibrio.
En su interior, se repiten problemas comunes a las cárceles no solo de Paraguay sino de América Latina: hacinamiento, falta de privacidad y condiciones precarias. Varios internos duermen en colchonetas a fin de evitar el suelo duro ante la falta de camas, las toallas se convierten en cortinas y, para los calurosos días del verano, cuando las temperaturas pueden alcanzar los 40 grados, solo un ventilador ofrece refresco a decenas de hombres aglomerados en pocos metros cuadrados.
Las paredes destruidas y quemadas exhiben las cicatrices del sinfín de motines que ocurrieron Tacumbú.
Con cámaras y un teléfono móvil, el recorrido de AP por las cárceles de Villarica, Emboscada y Coronel Oviedo, además del presidio femenino El Buen Pastor y de Tacumbú, repartidas en varios puntos del país, deja escenas que se repiten. La visita es rápida pero goza de una inusual libertad, sin restricciones de ambientes.
Los 18 complejos penitenciarios de Paraguay tienen una capacidad total para 9.975 personas, pero el sistema penitenciario paraguayo tiene en reclusión a 17.675 personas, lo que se traduce en una tasa de sobrepoblación de un 177%, según el Balance Anual de Gestión Pública sobre 2023 entregado por el Ministerio de Justicia.
La cárcel de mujeres de El Buen Pastor, en la capital Asunción, contrasta con las de los hombres. No se percibe hacinamiento y el ambiente, más ordenado y limpio, se asemeja al de un albergue.
En muchas de las prisiones, los guardias responsables, de cara destapada, no llevan armas de fuego sino cuchillos: son más fáciles de utilizar en un momento de emergencia, relatan. Mantienen una estrecha relación con los internos, en especial aquellos encargados de las actividades para mantener el orden en su pabellón.
Comedor no hay, por lo que las comidas se dan en las celdas. Por tratarse de presidios comunes y no de máxima seguridad, las reglas son algo más laxas. En algunas ocasiones, los internos pueden consumir su almuerzo en el pasillo.
En el invierno, hasta les permiten hacer fogatas para mantenerse calientes. Tampoco tienen un código de vestimenta o peinado: visten sudaderas, bermudas, camisetas coloridas, chanclas y gorros.
En las horas de ocio, todos salen a disfrutar del sol, algunos se juntan para jugar al fútbol en canchas de arena improvisadas y otros prefieren el bingo. Los más ambiciosos aprovechan para lustrar los zapatos de los carcelarios y así recaudar 2.000 pesos guaraníes, o 30 céntimos de dólar, mientras que los más fervorosos acuden a cultos religiosos.
En una zona aislada y más protegida están aquellos que incumplen las reglas, privados de la convivencia y relegados a un trato bastante más duro, sin salidas al patio o visitas.
Los problemas, coinciden internos y guardias, no se limitan solo al sistema penitenciario sino que asciende al judicial: en Paraguay, tan solo el 33,5 % de las personas privadas de libertad tienen condena.
“El porcentaje de privados de libertad sin condena es muy alto y el resultado es el hacinamiento”, dice a AP el vocero del Ministerio de Justicia, Oscar Ayala.
Atiliano Cuyer, de 64 años, es uno de los más de 11.000 encarcelados que aguardan un juicio. Lleva recluido casi 10 meses en la Penitenciaría Regional de Coronel Oviedo por una causa de violencia intrafamiliar. Apoyado en una muleta, denuncia la lentitud de los tribunales. "La justicia en Paraguay no funciona si uno no tiene dinero”, afirma.