Otros, en cambio, venden sus productos a la vista de todos, como las mujeres que custodian sus enormes canastas con orugas retorciéndose en el mercado de Kinshasa.
Mientras el ébola azota Congo, expertos advierten de vínculo con el consumo de animales silvestres
KINSHASA, República Democrática del Congo (AP) — Los vendedores de carne silvestre en el enorme mercado de Masina en la capital congoleña, no siempre exhiben sus productos. Los clientes deben pedir lo que buscan, ya sea un roedor gigante de pantano o las partes cercenadas de un antílope.
Para muchas personas en la República Democrática del Congo y otras partes de África Central y Occidental, la carne silvestre es parte clave del entorno cultural. Incluso una enfermedad tan devastadora como el ébola --que actualmente arrasa una zona remota del este del país-- no ha logrado frenar la demanda de carne silvestre en la cuenca del Congo, un vasto ecosistema boscoso que en ocasiones es conocido como el segundo pulmón de la Tierra.
La cuenca del Congo es rica en todo tipo de fauna, desde grandes simios hasta serpientes —ambos de los cuales son cazados por su carne. Una consecuencia para los habitantes locales es la exposición a enfermedades zoonóticas como el ébola.
Aunque en términos generales el ébola no se transmite por el consumo de alimentos, en África se han asociado algunos casos con la caza, manipulación y procesamiento de carne de animales infectados, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus iniciales en inglés).
“Una vez que existe una interfaz entre humanos, animales y el medio ambiente, tenemos este tipo de brotes con cierta frecuencia", explicó el doctor Tolbert Geewleh Nyenswah, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África. "Y es por eso que es importante el enfoque de ‘una sola salud’ para abordar los brotes de virus, porque seguimos interactuando con murciélagos, nuestros cazadores siguen matando monos y estamos cerca del medio ambiente”.
El gobierno congoleño ha confirmado más de 1.000 casos sospechosos, y al menos 220 decesos desde que declaró un brote de ébola el pasado 15 de mayo. El virus aparentemente se propagó sin ser detectado durante varias semanas, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sospecha que es mucho mayor de lo que se ha informado.
El ébola, llamado así por un afluente del río Congo, fue descubierto en 1976 con brotes simultáneos en la República Democrática del Congo y en lo que en la actualidad es Sudán del Sur. Se cree que los brotes se originan cuando un animal infectado, como un murciélago frugívoro, transmite el virus al ser human. Estas infecciones entre dos especies distintas ocurren a menudo cuando las personas manipulan y comen carne silvestre, aseguran los expertos.
Pero como los brotes de ébola ocurren únicamente de manera esporádica en comunidades que consumen carne silvestre con cierta regularidad, algunas personas “no creen en el vínculo” y otras “son totalmente ignorantes” de la amenaza para la salud que supone comer carne silvestre, afirmó el doctor Misaki Wayengera, microbiólogo y asesor de epidemias para el Ministerio de Salud de Uganda.
“Es muy difícil cambiar algunas de estas prácticas fundamentales”, destacó.
Los residentes han pagado un alto precio por los brotes ocasionales de ébola, cuyos síntomas hemorrágicos pueden aterrorizar a poblados enteros y hacer que muchos crean que están bajo un hechizo.
El virus del ébola es responsable de 17 brotes en la República Democrática del Congo y de muchos otros en distintas partes de la región. El brote más mortífero se produjo en África Occidental entre 2014 y 2016 e infectó a unas 28.000 personas, cobrando más de 11.300 vidas.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura —que estudió el riesgo de ébola derivado del consumo y la manipulación de carne silvestre tras la epidemia de África Occidental—, la transmisión del ébola de animales a humanos es rara, pero “aun así, sus consecuencias son desastrosas”.
Una vez que el ébola infecta a una persona, el virus se propaga mediante el contacto estrecho con los fluidos corporales de pacientes enfermos o fallecidos, como sudor, sangre, heces o vómito. Los trabajadores de salud que no cuentan con suficiente equipo de protección son altamente vulnerables.
El brote actual en el este de la República Democrática del Congo es causado por el virus de Bundibugyo, un inusual tipo de ébola para el que no hay medicamentos ni vacunas aprobados.
El brote se produce en una parte de Congo donde también hay una enorme presencia de violencia armada de grupos rebeldes y el desplazamiento de un gran número de personas.
Aunque las autoridades congoleñas han prohibido la caza de fauna en peligro de extinción, incluidos los grandes simios que han sido llevados al borde de la desaparición por los cazadores furtivos, no existe una prohibición general del comercio de vida silvestre y persiste la caza ilegal de criaturas totémicas como el bonobo.
Para muchas personas en la región de la cuenca del Congo, la carne silvestre es su principal fuente de proteína animal. Se cree que la tasa anual de extracción de carne silvestre de la cuenca del Congo es de 4,5 millones de toneladas, según el Centro para la Investigación Forestal Internacional.
Viande de brousse, como se le conoce en francés a la carne silvestre, es un alimento popular que incluso se sirve en los restaurantes de moda. Eso ha intensificado la presión sobre los menguantes recursos de la cuenca del Congo. A pesar de la continua pérdida de biodiversidad, la cuenca del Congo sigue siendo el mayor sumidero de carbono del mundo, superando al Amazonas en su capacidad para capturar y almacenar carbono.
Los promotores de salud pública deben intensificar sus campañas educativas sobre cómo se origina el ébola y cómo se propaga en comunidades que enfrentan brotes recurrentes, sostuvo Gladys Kalema-Zikusoka, fundadora del grupo Conservation Through Public Health, con sede en Uganda.
La gente debe entender que “comer carne de una fuente desconocida, o de un animal muerto, está totalmente descartado", subrayó Kalema-Zikusoka. "Es algo muy cultural”.
Se cree que algunos murciélagos frugívoros son portadores naturales de los virus que causan el ébola, según la OMS. Sin embargo, los murciélagos son considerados un manjar en muchas partes de África Central y Occidental. La sopa de murciélago asado es muy codiciada, al igual que las partes de una amplia variedad de monos.
Una mañana reciente en el mercado de Masina, antes del más reciente brote de ébola, comerciantes contaban que vendían carne de antílope, roedores y serpientes procedente de la cuenca del Congo.
Aseguraron que hace mucho dejaron de vender carne de mono, posibles portadores del virus del ébola.
Un vendedor, Guyva Mputu, ofrecía pitón, cuya carne congelada empezó a despedir vapor con el clima húmedo.
Otro, Charles Ntanga, blandía un matamoscas para espantar las moscas que se posaban sobre el cadáver rancio de un roedor gigante; el kilogramo costaba unos 17 dólares. Ntanga comentó que tiene clientes de todos los ámbitos.
“Vendemos carne silvestre”, afirmó. “Nos ganamos la vida con este negocio”.
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El periodista de Associated Press Mogomotsi Magome, en Johannesburgo, Sudáfrica, contribuyó con este despacho.
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The Associated Press recibe apoyo financiero de la Fundación Gates para la cobertura de salud global y desarrollo en África. La AP es la única responsable de todo el contenido.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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