Habían dormido durante dos meses sobre cartones y sofás rotos en insalubres campamentos de tiendas, o en las calles de la ciudad española del norte de África que se adentra en el Mediterráneo como un pulgar. En los días despejados, se ve el sur de España en el horizonte.
Menores migrantes viven en las calles de Ceuta mientras lidian con la inacción del gobierno español
CEUTA, España (AP) — Cientos de migrantes adolescentes hicieron fila fuera de una iglesia en Ceuta a principios de octubre, con la esperanza de que la ministra de Juventud e Infancia de España, que se encontraba de visita, les llevara alguna buena noticia: el paso a Europa continental o, al menos, una plaza en un albergue.
Entre ellos había un joven de 17 años, aspirante a modelo, originario del norte de Marruecos. A finales de julio, cruzó a Ceuta junto con unas 80.000 personas más, en lo que se convertiría en la crisis fronteriza más mortífera de España.
“¡Recen por mí!”, le dijo a un reportero de The Associated Press. Pero, en su lugar, condujeron a los adolescentes cuesta abajo hasta un campo de fútbol para no desbordar a la ministra. En cuestión de horas, muchos habían vuelto a las calles y a las laderas.
Además de otro revés para los jóvenes migrantes, la escena también ilustró la respuesta lenta y, a menudo, improvisada del gobierno español ante la crisis migratoria en el territorio. Miles de menores llegaron solos a Ceuta y, según la ley española, tienen derecho a alojamiento, atención sanitaria y educación. Los expertos reconocen las dificultades a las que se enfrentan las autoridades, pero sostienen que el gobierno quizá simplemente espera que muchos se rindan y regresen a casa.
“Yo esperaba que fuera una experiencia realmente fácil”, manifestó el joven de 17 años, que no quiso que se usara su nombre porque está solo en Ceuta y teme por su seguridad. “Esperaba que esto durara de dos a tres semanas”.
Los campamentos improvisados al aire libre, con adultos y niños, se han ido deteriorando en las playas, al lado de almacenes y en laderas desde que decenas de miles de personas nadaron o treparon alrededor de un rompeolas que separa Marruecos de Ceuta en julio. Unas 140 personas murieron al intentar cruzar. La mayoría de quienes lo lograron se marcharon en cuestión de días, pero las autoridades no tienen un recuento exacto de cuántas personas se quedaron.
Unos pocos miles de personas vivían en un campamento junto a la playa donde el aire apestaba a desechos humanos. Niños de apenas 13 años dormían y se duchaban entre hombres adultos que con frecuencia se enzarzaban en peleas.
En otros lugares, los menores se escondían en las empinadas y estrechas calles de algunos de los barrios mayoritariamente musulmanes de la ciudad.
“Nuestras calles están sembradas de niños”, comentó Ahmed Enfed-Dal, presidente de una asociación vecinal.
Los fiscales españoles investigan denuncias de tortura y maltrato a migrantes, incluidos menores. En septiembre, Amnistía Internacional publicó un informe donde se detallan acusaciones de trato cruel, inhumano o degradante por parte de soldados españoles. En el informe también se mencionan las condiciones inseguras de los migrantes menores de edad y denuncias de abusos sexuales contra niñas.
A principios de octubre, el joven de 17 años contó que dormía en un auto con otros adolescentes de Marruecos. Cuando llegó por primera vez, durmió en un garaje con otros dos menores. Un residente les cobraba 15 euros (17 dólares) por noche a cada uno. Al no poder seguir pagando, volvió a la calle.
“La gente intentó robarme dos veces y me pegó”, relató. A medida que las semanas se convirtieron en meses, ha empezado a preguntarse por qué se quedó, pero siente que no puede regresar a Marruecos.
Como muchos adolescentes marroquíes, explicó a la AP que su diploma de secundaria le ofrecía oportunidades limitadas en su país. En Tetuán, a solo 40 kilómetros (25 millas) al sur de Ceuta, trabajaba con su padre como carnicero. Dijo que su familia lo ha animado a quedarse.
“Marruecos es un buen lugar turístico”, afirmó. “Pero no es un buen lugar para ser ciudadano”.
Los menores que llegan solos a suelo español son responsabilidad de los gobiernos regionales o, en el caso de Ceuta, de la ciudad. Según la ley española, un niño solo puede ser devuelto a su país de origen en circunstancias específicas.
El gobierno nacional de España ha solicitado a Ceuta que tramite los casos de los menores de 18 años de manera individual, y ha aprobado más de 90 millones de euros (101 millones de dólares) en financiación, pero la ciudad insiste en que no tiene recursos. La ministra de Juventud e Infancia de España, Sira Rego, ha señalado que la mayoría de los menores en Ceuta desea quedarse en España “y se van a quedar”, declaró a la emisora española Cadena Ser.
Pero el alcalde de Ceuta, Juan Vivas, ha instado a las autoridades nacionales a encontrar una manera de enviar de vuelta a Marruecos a los menores.
“Es muy fácil opinar desde allí”, dijo Vivas en septiembre, “pero tienes que estar aquí”
Las dos partes también han discrepado sobre algo aún más fundamental: cuántos migrantes siguen en Ceuta.
Tras la primera avalancha en la frontera, el ministro del Interior de España dijo que todos salvo 2.000 habían regresado a Marruecos. España revisó la cifra hasta un máximo de 10.000 migrantes en septiembre. Pero el alcalde de Ceuta asegura que permanecen hasta 15.000 personas, y reconoce que la cifra cambia de un día para otro.
Las estimaciones del número de menores no acompañados también han variado. Las autoridades dicen que miles de ellos siguen en la ciudad, aunque no está claro cuántos están sin alojamiento.
Organizaciones de derechos han criticado a España por no saber aún cuántos menores hay.
“Entendemos que el sistema de protección en este momento está saturado, pero eso no quita que debería haber un registro oficial de todas las personas que se declaran menores de edad en la ciudad”, señaló Jennifer Zuppiroli, experta en migración de Save the Children en España.
A medida que más menores ingresan en albergues, quienes aún esperan están cada vez más cansados.
Durante semanas, el aspirante a modelo visitó el campamento de tiendas junto a la playa para recoger comida de la Cruz Roja. Él y decenas de chicos migrantes organizaron pequeñas manifestaciones, pidiendo ayuda a las autoridades.
”¡Solo queremos una cosa! Que España proteja a los menores. Viva España. Gracias”, decía un cartel raído que sostenían niños de apenas 13 años mientras el tráfico pasaba a toda velocidad.
A principios de octubre, la policía española empezó a derribar con excavadoras el campamento y a recoger montañas de basura. Grupos de migrantes fueron trasladados en autobús a otros lugares. Organizaciones de derechos y otras personas dijeron que algunos menores fueron llevados a la frontera.
Por WhatsApp, el joven de 17 años contó que conocía a algunos adolescentes a quienes la policía se llevó de la playa. Algunos terminaron en albergues. Le decepcionó que ocurriera justo el único día que no visitó el campamento.
Temeroso de que la policía lo envíe de vuelta a Marruecos, se ha mantenido escondido.
“Me siento cansado por primera vez desde que llegué”, expresó. “Han pasado dos meses y seguimos viviendo en la calle”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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