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Irán se despide de Jamenei y enfrenta su legado con agrias divisiones

EL CAIRO, Egipto (AP) — Es el nieto de un influyente clérigo chií, nacido en Qom, el corazón de los estudios religiosos en Irán, y criado en una familia tradicional que abrazó la teocracia. Pero hacia el final de su veintena, dejó de rezar y renunció al gobierno clerical. Ahora apenas puede hablar de política o religión con sus hermanos y su padre.

Este trabajador del sector tecnológico, que ahora está en la mitad de su treintena, afirma que la sociedad iraní está profundamente dividida, incluso entre los opositores de la República Islámica, y culpa a un hombre: el ayatolá Alí Jamenei. El líder supremo, que gobernó Irán durante más de tres décadas, era sepultado el jueves después de su muerte al inicio de la guerra.

Las procesiones con su féretro en Teherán y otras ciudades congregaron a enormes multitudes de simpatizantes, en una demostración de fuerza de los sectores de línea dura en el núcleo de la República Islámica, que lo ensalzaron como un defensor del gobierno clerical que se había enfrentado a Occidente e Israel.

Pero por debajo corren profundas vetas de descontento que han crecido durante décadas de represión sangrienta, sanciones internacionales y mala gestión económica, y que se han ensanchado desde que las autoridades mataron a miles de manifestantes antigubernamentales en enero.

“Se ha abierto una brecha en los hogares de todo el país que es realmente notable”, explicó el trabajador tecnológico por teléfono desde Teherán, donde vive ahora. Al igual que otros entrevistados por The Associated Press para hablar del gobierno de Jamenei, habló bajo condición de anonimato por temor a su seguridad.

La muerte de Jamenei, en ataques israelíes el 28 de febrero, coronó su legado a los ojos de los gobernantes de Irán y de sus simpatizantes, que lo consideran un mártir. Repitiendo las consignas de los ultrarradicales que se oponen a conversaciones con Washington, algunos de los que acudieron al funeral pidieron que se mate al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como venganza.

“Nuestro objetivo es demostrarle al mundo que no nos someteremos a la opresión y la tiranía, y que vengaremos la sangre de nuestro líder”, declaró Hossein Akbari, un doliente de 60 años en Teherán.

Jamenei tomó las riendas en 1989 tras la muerte del ayatolá Rujolá Jomeini, el carismático ideólogo que había encabezado el derrocamiento del sha aliado de Estados Unidos una década antes e inspiró un seguimiento masivo.

Bajo la bandera de resistir a Occidente, Jamenei desafió las sanciones para impulsar el programa nuclear del país, su arsenal de misiles y su red de aliados armados en toda la región.

Dentro de Irán, afianzó el gobierno clerical de línea dura al neutralizar en gran medida el movimiento reformista. Otorgó a la Guardia Revolucionaria un inmenso poder militar, político y económico. Mientras los iraníes más jóvenes buscaban apertura, intentó mantener un control estricto sobre la vida personal de la gente y los códigos de vestimenta.

Un punto de inflexión crucial llegó en 2009 con la persecución de las protestas desatadas por denuncias de fraude en las elecciones presidenciales de ese año. Decenas murieron en la primera gran represión de un movimiento de protesta masivo.

Eso generó una desesperanza generalizada, según un activista iraní y expreso político que escribe para una revista de tendencia reformista en Teherán.

Un destacado asesor del presidente reformista de Irán, Masoud Pezeshkian, reconoció el mes pasado que Irán estaba “severamente polarizado” entre los partidarios más férreos de la República Islámica y quienes quieren su caída. Pero Ali Rabiei sostuvo que había una gran parte de la sociedad entre los “dos polos” en la que el gobierno podía apoyarse para impulsar cambios dentro del sistema. Sus declaraciones fueron difundidas por la agencia estatal de noticias IRNA.

No hay encuestas fiables en Irán, pero las elecciones ofrecen un vistazo de la opinión pública.

La participación en las últimas elecciones presidenciales de Irán cayó a uno de los niveles más bajos registrados, algo interpretado como una señal de que millones de personas que esperaban cambios no veían sentido en votar. Aun así, el candidato de línea dura obtuvo 13,5 millones de votos, mientras que Pezeshkian, el reformista, recibió 16,3 millones.

Repetidos estallidos de protestas desde 2009 fueron respondidos con represiones sangrientas. La de enero fue la más mortífera, cuando las fuerzas de seguridad mataron a miles para aplastar manifestaciones en todo el país que comenzaron por penurias económicas y luego se transformaron en llamados a derrocar a Jamenei.

La hermana de una manifestante que fue abatida a tiros el 9 de enero en Teherán resumió el legado de Jamenei en una palabra: injusticia.

Para las familias trabajadoras, la economía en caída libre de Irán solo ha empeorado desde la guerra. “Los trabajadores apenas pueden permitirse comprar pan, todo está muy caro”, comentó.

“Desde que murió mi hermana, mentalmente, financieramente, nuestra vida se ha desmoronado. Lo único que hacemos es mirar fotos y videos de mi hermana y llorar. ¿Qué nos queda?”, dijo desde su casa en el este de Irán.

En el último mes apareció una forma silenciosa de disidencia mientras los iraníes conmemoraban el periodo sagrado de Ashura, recordado con marchas de estilo funerario en honor a un santo chií martirizado del siglo VII. Videos publicados en redes sociales han mostrado a algunos iraníes sumándose a las procesiones con fotos de familiares muertos en la represión de enero.

Un legado de Jamenei es la capacidad de la República Islámica para sobrevivir a su muerte y al masivo asalto de Estados Unidos e Israel. Los líderes del país salieron de la guerra con un acuerdo provisional con Estados Unidos que le dio algunas ganancias inmediatas. El acuerdo promete un beneficio aún mayor —el levantamiento de sanciones— si Irán y Estados Unidos alcanzan un acuerdo nuclear definitivo, aunque eso es incierto.

“Es una victoria para la República Islámica”, dijo sobre el acuerdo una mujer de 35 años que se sumó a las protestas de enero. Pero “para el pueblo de Irán, hasta que veamos los resultados, no sabremos si lo es”.

Le preocupa el abismo en la sociedad iraní y las fracturas entre los opositores de la teocracia, algunos de los cuales esperan un derrocamiento rápido, mientras otros ven potencial para un cambio gradual.

“El espacio para el diálogo está muy cerrado, y no me refiero solo al gobierno, me refiero a la gente”, expresó.

Tras perder su empleo en una empresa tecnológica, un residente de Teherán de 33 años que también participó en las protestas de enero afirmó que su principal preocupación era la economía devastada, donde el desempleo y los precios se han disparado. Muchos de sus amigos ahora están sin trabajo, y el empleador de su esposa recortó salarios.

“Todos nosotros, francamente, solo tratamos de sobrevivir y toda nuestra lucha se consume en cubrir necesidades básicas como el alquiler y la comida”, señaló.

Rebin Rahmani, un activista kurdo que estuvo preso en Irán y ahora vive en París, dijo que la teocracia bajo Jamenei carecía de cualquier respuesta a los crecientes problemas políticos y económicos, salvo más represión.

“Su insistencia en estrategias de mano dura, impulsadas por la seguridad, solo desencadenará más agitación”, afirmó Rahmani, director de la Red Kurda de Derechos Humanos. Las protestas “se reavivan cada pocos años con fuerza renovada”.

Pezeshkian y otros pragmáticos dentro del sistema quieren aprovechar las conversaciones con Estados Unidos para intentar que se levanten las sanciones y reconstruir la economía. Por ahora, parecen contar con el respaldo del hijo y sucesor de Jamenei, el ayatolá Moytabá Jamenei, que aún permanece oculto pero dio su apoyo tentativo a las conversaciones en una declaración escrita.

La paz podría resultar la verdadera prueba del legado de Jamenei padre, dijo Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, mientras facciones rivales compiten por definir el futuro de la República Islámica.

“La guerra le dio al sistema un grado de cohesión bajo una presión compartida. Pero los desafíos de gobernanza siguen siendo igual de contundentes”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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