Con equipos sofisticados, cientos de personas trabajan día y noche para intentar sacar del agua el barco de 480 pies hundido a doce millas de la costa de corea del sur. Los buzos intentan introducir aire a la nave, con la esperanza de que dentro haya sobrevivientes, aunque a cada minuto la esperanza se desvanece.
La fiscalía coreana pidió la captura del capitán del barco y de dos miembros de la tripulación. Según las acusaciones, cuando comenzó el hundimiento, el capitán no estaba al mando, sino que había dejado a una tripulante de tercera categoría, de solo 26 años de edad, con la responsabilidad de la embarcación.
Además, se le acusa de haber demorado mas de media hora en ordenar la evacuación. Este tiempo podría haber salvado vidas.
Hasta el momento se contabilizan 28 muertos y 270 desaparecidos. La mayor parte de ellos, estudiantes de una escuela secundaria. El vice director de esa institución, que estaba a cargo del paseo de estudios, que sobrevivió la tragedia apareció muerto, colgado de un árbol, en un aparente suicidio, después de disculparse con los padres de las victimas.
Las familias esperan un milagro. Se desesperan en las morgues y saben que el tiempo les juega en contra.