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Ian McKellen y Michaela Coel comparten amistad, arte y "The Christophers"

NUEVA YORK (AP) — Ian McKellen y Michaela Coel se conocieron como lo hacen sus personajes en “The Christophers”, con un golpe en la puerta.

Coel, que se tomó un descanso de la escritura de su próxima serie de la BBC-HBO, “First Day on Earth”, en Ghana, y apareció en la casa de McKellen en Londres para repasar el guion con él y con el guionista Ed Solomon.

“Entré en tu casa”, recuerda Coel en una entrevista junto a McKellen. “Sabía quién eras. Tú estabas como: ‘¡Hola! ¿Quién eres?’”.

“Te veías interesante y hermosa”, comenta McKellen, sonriendo. “Y lo eres”.

La química en pantalla puede ser esquiva, sobre todo cuando se pretende que dos personajes sean opuestos diametrales. En “The Christophers”, McKellen interpreta al artista Julian Sklar, una estrella al estilo David Hockney que no ha pintado en años y que ahora pasa gran parte de sus días refunfuñando en su desordenada casa adosada mientras filma videos personalizados que se apoyan en su celebridad. Coel, la fuerza creativa detrás de la serie “I May Destroy You”, encarna a Lori Butler, una restauradora de arte contratada para ser la asistente de Julian con la tarea tácita de falsificar pinturas adicionales de “The Christophers”, la serie más famosa y muy lucrativa de Julian.

La película, astuta y encantadora, es casi por completo un duelo interpretativo. Les pertenece a McKellen y a Coel y a la interacción cargada entre ambos. Son enemigos amargos, cómplices que conspiran y colegas artistas que sopesan el valor errático de su trabajo.

Como presencias en pantalla y figuras culturales, McKellen, de 86 años, y Coel, de 38, difícilmente podrían ser más distintos. McKellen, un titán de Shakespeare, el Gandalf de la gran pantalla, tiene más del doble de la edad de Coel, la artista multifacética cuyo trabajo con tintes autobiográficos la ha convertido en una voz de una generación muy diferente.

Sin embargo, en “The Christophers” forman una de las parejas en pantalla más memorables de los últimos años, equilibrando la cálida grandilocuencia de McKellen con la fría astucia de Coel. (La diferencia en los pómulos, por sí sola, es enorme). Y, como demostraron un día reciente en el centro de Nueva York, ahora también son grandes amigos. Si “The Christophers” trata sobre dos artistas de orígenes radicalmente distintos que logran un entendimiento, sus protagonistas han ido unos pasos más allá.

“Estamos un poco tontos el uno por el otro”, admite McKellen.

“Sí, lo estamos”, coincide Coel. “Son besos por la mañana. Son mimos. Es ‘Ay, ¿deberíamos echarnos una siesta?’. Nos hicimos muy compañeros”.

Steven Soderbergh, el inquieto y voluble director de “Out of Sight” ("Un romance peligroso"), “Ocean’s Eleven” ("La gran estafa") y “Black Bag” ("Código Negro"), se ha encontrado cada vez más enfocado, según cuenta, en destilar algo hasta su esencia absoluta. “The Christophers”, que Soderbergh puso en marcha lanzándole unas cuantas ideas a Solomon, fue concebida con una premisa a la antigua.

“Dos personas juntas en una habitación es donde empieza la vida”, afirma Soderbergh.

Su principio rector al filmar “The Christophers” fue no interferir con el magnetismo de sus intérpretes principales. Soderbergh hace de su propio director de fotografía, lo que lo convierte, en esencia, en el tercer jugador en cada escena.

“Hay algo en verlos a los dos juntos que suma más que ellos dos por separado”, señala el director. “Mi trabajo era asegurarme de estar siempre en el lugar correcto para capturarlo y no caer en ningún tipo de truco que distrajera o disminuyera lo que están haciendo. Así que hay que confiar en el material y en los intérpretes y no intentar adornarlo porque te preocupa aburrir a la gente”.

Aunque las diferencias entre McKellen y Coel podrían ser evidentes, ambos encontraron terreno común rápidamente.

“Adivina qué tenemos en común”, dice McKellen. “Somos vecinos”.

Tanto McKellen como Coel viven en el este de Londres, a unos 15 minutos a pie el uno del otro. McKellen recuerda haber sentido curiosidad por una escuela católica cercana a la que Coel asistió cuando era niña.

“Te prometo que desde hace mucho he querido mirar por dentro”, comenta McKellen. “¿Quiénes serán esos niños?”.

“Tal vez yo haya ido en el autobús mientras tú pasabas caminando”, dice Coel, sonriendo.

También son ambos, a su manera, novatos cuando se trata de actuar para el cine. Coel solo ha aparecido en un puñado de películas; la última fue “Black Panther: Wakanda Forever” ("Pantera Negra: Wakanda por siempre"), una experiencia de gran presupuesto para la que ha dicho que no estaba preparada. McKellen, por supuesto, ha actuado en muchas más películas, entre ellas “Gods and Monsters” ("Dioses y monstruos"), las cintas de “X-Men” y “Mr. Holmes”. Pero empieza cada película preguntándoles a sus directores cómo se actúa frente a una cámara.

“Y nunca me han dado una respuesta”, dice McKellen. “Martin Mann, John Schlesinger, Bill Condon, Peter Jackson, y ahora Soderbergh”.

Coel está confundida. “¿Los estás engañando con esa pregunta?”

“No, es una pregunta genuina”, responde McKellen. “Debe de haber una técnica para actuar frente a la cámara. Lo único que sé es lo que he oído decir a Michael Caine en entrevistas de programas de charla”.

El consejo de Caine era técnico: en un primer plano, habla al ojo más cercano a la cámara. Y Kenneth Branagh una vez le dio una indicación: “No muevas tanto la cabeza”. Pero para un actor que se siente más en casa en el escenario, la cámara sigue siendo un misterio para McKellen.

“Después de hacer tanto teatro, donde el público está presente, puedes oír al público. Puedes detectar cuándo se aburren, cuándo se emocionan”, explica McKellen. “En cierto sentido los estás controlando. Eres el maestro de ceremonias. Ellos están ahí. Al hacer una película, no están ahí. El público real no llega hasta que los actores ya pasaron al siguiente trabajo o murieron”.

Coel aporta que una vez le dijeron que no parpadeara.

“¿Por qué no me lo dijiste antes?”, replica McKellen con fingida ofensa.

La vida de un artista, el oficio, la compensación, el legado, está en primer plano en “The Christophers”. Julian, acercándose al final de su vida, reflexiona sobre lo que está dejando atrás. El tema de las pinturas de los Christophers tiene que ver con una relación de hace mucho tiempo que lleva a Julian a comentar: “Eso es lo que pasa, ¿no? Permanecer en la mente de los demás”. Para un intérprete cuya presencia ha sido tan grande para tantos, es una frase conmovedora.

“Ha sido el mayor deleite de mi vida saber que hay personas en cuya mente ha permanecido mi trabajo”, expresa McKellen. “A veces, en la puerta del teatro, conoces a una pareja de mi edad y te dicen: ‘Solo queríamos que supieras que tuvimos nuestra primera cita cuando te vimos interpretar a Romeo en Stratford en 1976’. Y yo digo: ‘¿Siguen juntos?’. ‘Sí’. (McKellen suspira con gran alivio). Pero ser parte de la vida de personas a las que nunca has conocido, es toda una sensación”.

Coel está en un punto distinto de su carrera, todavía despertando a la emoción de actuar. Le encanta, asegura. “Este es el arte más descarado”, dice Coel, sonriendo.

McKellen se recuesta y lo reconsidera.

“Se me acaba de ocurrir que tú serías muy buena interpretando a Julian Sklar, mi papel en la película. Y yo intentaría interpretar tu papel”.

Coel se ríe. “Me encanta eso. ¿Intercambiar? Bueno, en cierto modo pasa, ¿no?

“Sí, de hecho”, coincide McKellen. “Se superponen”.

“Qué fabuloso”, dice Coel.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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