Otros adolescentes también han sufrido lesiones que les han cambiado la vida, atribuidas al armamento policial, durante las protestas a nivel nacional de estudiantes de secundaria que exigen más financiamiento para las deterioradas escuelas públicas. En la antigua ciudad minera de Lens, un joven de 15 años perdió una mano en un incidente relacionado con una granada aturdidora de la policía. En Tours, en la región vinícola del Loira, la fiscalía afirma que se sospecha que un proyectil policial de control de disturbios causó ceguera parcial a un chico de 16 años.
Espantosas lesiones ponen el foco en la actuación policial en protestas estudiantiles en Francia
PARÍS (AP) — La granada de gas lacrimógeno de la policía le destrozó la mandíbula y muchos de los dientes al adolescente de 14 años. El agente que la disparó fue detenido una semana después y acusado de mutilación violenta, un delito castigado con hasta 15 años de prisión. Tras la cirugía, el chico no puede hablar y solo puede comer con una pajita, según cuenta su madre.
Más allá de las lesiones físicas, el uso masivo de detenciones y tácticas policiales que críticos del gobierno y defensores de los derechos humanos denuncian como innecesariamente violentas, está dando a una generación de estudiantes franceses —y futuros votantes— una lección práctica sobre el poder del Estado y sus derechos como ciudadanos, y sobre cómo, a veces, ambos entran en conflicto.
“Te politiza a una velocidad increíble”, manifestó Alexis Baudelin, abogado parisino de más de una docena de jóvenes detenidos.
“Para muchos de ellos —para todos— esta fue una de las primeras veces que participaban en una manifestación, reuniéndose en un espacio público para expresar reivindicaciones que consideraban legítimas”, agregó.
Según el Ministerio del Interior, la policía ha realizado más de 6.500 detenciones, en su mayoría de jóvenes, desde que las protestas empezaron a intensificarse la semana pasada, incluyendo los 488 arrestos de la jornada nacional de movilizaciones del martes. El movimiento, que exige más fondos y más profesores sustitutos para las escuelas, comenzó en un instituto de la región de París a mediados de septiembre.
Abogados e investigadores que estudian la actuación de la policía francesa advierten que esta contundente respuesta podría generar adultos jóvenes desilusionados, desencantados con la República y sus promesas de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. La policía ha sido menos indulgente con los adolescentes que con otras movilizaciones, como cuando agricultores —un poderoso grupo de presión en Francia— rociaron edificios gubernamentales con estiércol, cortaron carreteras y provocaron incendios.
Baudelin, el abogado, señaló que sus jóvenes clientes han recibido un curso acelerado de “violencia policial sin freno”.
“Estar encerrados durante horas y horas sin nada, en celdas que en su mayoría son extremadamente insalubres, en comisarías que huelen fatal, donde no se puede dormir, con agentes diciendo que si no hablas, si no dices la verdad, te amenazan diciéndote que tu vida va a quedar arruinada”, contó.
“Es una experiencia que puede ser profundamente traumática y que es completamente desproporcionada”, añadió.
En medio de una creciente indignación, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció el miércoles que el modelo de granada aturdidora sospechoso de haber mutilado al adolescente en Lens ya no se utilizará contra los estudiantes de secundaria, dado que, según dijo, existe una “gran probabilidad" de que ese tipo de arma estuviera implicada en la amputación de la mano del joven.
“Tenemos que entender exactamente qué ocurrió”, declaró Nuñez.
Sin embargo, defendió que las actuaciones policiales fueron proporcionadas en “casi todos los casos”. Afirmó que las autoridades se ha visto obligada a intervenir cuando las protestas derivaron en disturbios, vandalismo y otros actos violentos, y que lo han hecho teniendo presente que, en gran medida, se trata de menores.
“No se gestiona un movimiento de estudiantes de secundaria de la misma manera que uno de adultos”, dijo el ministro a la emisora RTL.
En el caso del adolescente de 14 años con la mandíbula y los dientes destrozados, el agente que disparó su lanzagranadas directamente contra él durante una movilización en Saint-Ouen l’Aumone, al noroeste de París, declaró durante su interrogatorio que actuó “en una fracción de segundo” para proteger a una compañera que había intercambiado golpes con el chico, de acuerdo con un comunicado de la fiscalía que dirige la investigación.
La nota calificó la actuación del policía como desproporcionada, lo que derivó en una acusación preliminar por violencia cometida por un funcionario público que causa mutilación o incapacidad permanente. Suspendido de sus funciones y con prohibición de portar arma, es el primer agente que se enfrenta a una posible imputación en 18 investigaciones abiertas hasta la fecha por presunta mala conducta policial durante las protestas.
El joven, Eden, envió a su madre un video desde el exterior de su escuela en el que se veía a la policía y a algunos manifestantes, apenas unos instantes antes de que el agente le disparara la granada de gas, contó la mujer, que habló con The Associated Press y otros medios con la condición de no ser identificada para preservar el anonimato de su hijo.
Pero cuando lo llamó después, fue uno de sus compañeros de clase quien contestó, gritando que su hijo había recibido un golpe en la cara y estaba en el suelo, sangrando, con la mandíbula y los dientes superiores rotos y los dientes inferiores “completamente arrancados”, relató.
“Es vergonzoso, es espantoso, es violento, es asqueroso, es despreciable; podría darte una lista entera de palabras”, manifestó. “Están tratando con niños. ¿Y niños que piden qué? Simplemente mejores condiciones para estudiar”.
Entre las multitudes que se manifestaron en París el martes, marchando ruidosamente de una plaza a otra, la AP encontró a tres adolescentes de la región de París que dijeron que la semana pasada habían sido detenidos, esposados, registrados y puestos bajo custodia, antes de quedar libres sin cargos penales.
Samy y Warkya, ambos de 17 años, contaron que fueron retenidos junto con otro amigo. Creen que la policía se ensañó con ellos por su color de piel. Warkya y el otro amigo son negros y Samy se describió como árabe. Las autoridades francesas han negado repetidamente que exista racismo en las filas policiales. El primer ministro, Sébastien Lecornu, sostuvo en el parlamento esta semana que esas acusaciones son “mentira”.
Samy contó que los agentes que los detuvieron les dijeron “‘Tú, tú y tú, venís con nosotros’”. No había un motivo aparente, porque “no llevábamos sudaderas con capucha, no teníamos nada encima, se nos veía la cara”, explicó.
“Aquí en Francia no nos escuchan. Prefieren mandar a la policía antes que escucharnos y poner medidas para mejorar nuestra vida cotidiana", afirmó.
Warkya apuntó que su primera experiencia bajo custodia policial solo reforzó su determinación para protestar, sino que también le enseñó a correr cuando aparecen los agentes.
“La policía es más poderosa que nosotros”, dijo. “No hay nada que podamos hacer”.
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El periodista de The Associated Press Sam McNeil en Bruselas contribuyó a este despacho.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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