La batalla jurídica determinará si las elefantas asiáticas Mari y Vaigai, quienes han vivido en ese recinto de aproximadamente 0,6 hectáreas (1,5 acres) durante más de 30 años, permanecen allí o son trasladadas a un santuario grande.
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¿Deberían los animales tener derechos humanos? La Corte Suprema de Hawai fallará al respecto
Kelden y Kalehua Lee, residentes de la isla Grande, paseaban cerca del recinto de elefantes del Zoológico de Honolulu con su hija pequeña el lunes cuando se enteraron que el caso de las elefantas se presentará próximamente ante la Corte Suprema de Hawai.
Su reacción inmediata fue simple: los elefantes, al igual que muchos animales en los zoológicos, deberían ser libres.
“Están sufriendo”, lamentó Kalehua Lee. “Son hermosas, pero se ven tristes”.
“Simplemente es un lugar demasiado pequeño”, agregó Kelden Lee.
Las condiciones de vida de las elefantas nacidas en India son el punto central de una demanda que la Corte Suprema de Hawai ha accedido a considerar, una con la que se pretende liberarlas y reubicarlas en un santuario para elefantes. El caso intenta otorgar a las elefantas los mismos derechos constitucionales que protegen a las personas. Argumenta que Honolulu viola los derechos de estos animales que residen en el zoológico hace tanto tiempo al exhibirlas en recintos, lo que vulnera su derecho a la autodeterminación como seres autónomos que sienten.
La cuestión de si los animales tienen personalidad jurídica se ha litigado —sin éxito— en otros estados, pero un equipo jurídico nacional de defensa de los derechos de los animales cree que podrían tener más suerte en el marco legal de Hawai y, en particular, en el Zoológico de Honolulu, cuyo recinto para elefantes ha sido objeto de críticas constantes.
Una decisión de la Corte Suprema probablemente sólo sería legalmente vinculante para Mari y Vaigai. No obstante, de tener éxito, los abogados de derechos de los animales creen que también podría tener implicaciones para muchos otros animales en cautiverio en el archipiélago —desde tigres y leones hasta pingüinos y delfines—, los cuales viven en parques marinos, hoteles, complejos turísticos y santuarios en todo el estado. Y las batallas jurídicas pueden influir en la opinión pública.
“El impacto persuasivo de este caso podría ser trascendental”, expresó Jake Davis, abogado del Nonhuman Rights Project, una organización estadounidense sin fines de lucro que defiende los derechos de los animales.
Las audiencias orales no se han programado aún, pero podrían tener lugar este otoño.
Un portavoz de la ciudad, que es la propietaria del zoológico, rechazó la solicitud de entrevista que le hizo Honolulu Civil Beat, medio digital de noticias sin fines de lucro.
En un comunicado enviado por correo electrónico, John Berry, director del zoológico de Honolulu, dijo que el parque y su personal están comprometidos con el cuidado de los animales, a la vez que “les brindan un enriquecimiento significativo que fomenta comportamientos naturales, estimula la curiosidad y apoya su bienestar general”.
“Estamos plenamente comprometidos a garantizar que continúen recibiendo una atención y un apoyo excepcionales”, añadió Berry en el comunicado, “lo cual incluye nuestro proyecto más reciente, destinado a renovar y ampliar su recinto”.
En un correo electrónico posterior, el condado se retractó de la mención que hizo Berry sobre la mejora del recinto.
La petición del Nonhuman Rights Project ante la Corte Suprema de Hawai califica el trato a las elefantas como una “injusticia profunda”.
El argumento de la organización en favor de las elefantas se basa en el habeas corpus, una garantía constitucional que protege a los ciudadanos de detenciones arbitrarias o ilegales. Puede utilizarse para obligar al gobierno a justificar por qué encarceló a una persona.
Mari, de 51 años, y Vaigai, de 41, fueron capturadas en su ámbito natural. Mari, la elefanta de mayor edad, fue importada a Estados Unidos en 1982, y Vaigai en 1992. Han vivido juntas en el zoológico de Honolulu durante 34 años.
Las dos elefantas residen en un recinto de 0,6 hectáreas (1,5 acres) con dos estanques de 208.000 litros (55.000 galones) de agua.
En estado salvaje, recorrerían hasta 16 kilómetros (10 millas) diarios, con un territorio total de casi 800 kilómetros (500 millas), según una investigación del Zoológico Nacional del Smithsonian.
Su recinto en el zoológico es demasiado pequeño, expuso Davis. El suelo es muy duro para las almohadillas de sus patas, el recinto carece de sombra y está demasiado cerca de calles ruidosas y transitadas, lo que hace que el Zoológico de Honolulu sea “especialmente insidioso”, agregó.
El recinto de las elefantas contribuyó a que el zoológico de 17 hectáreas (42,5 acres) fuera nombrado cuatro veces entre los 10 peores del país por la organización activista nacional In Defense of Animals. Y eso a pesar de mejoras de millones de dólares realizadas en el recinto de los grandes mamíferos.
Hace una década, el Zoológico de Honolulu se encontraba en una situación financiera tan precaria que perdió su acreditación ante la Asociación de Zoológicos y Acuarios en 2016, lo que limitó su capacidad para adquirir animales nuevos. Recuperó su acreditación apenas este año.
El Nonhuman Rights Project, que ha defendido los derechos de los animales desde hace más de dos décadas, eligió presentar su caso en Hawai tanto por las condiciones de vida de las elefantas como por el marco legal, que considera más propicio para un caso como este.
Stein Posner, abogado de la organización, explicó que el éxito del caso depende en gran medida de la interpretación judicial de que una persona puede ser un ser vivo no humano. El grupo ha presentado este argumento ante tribunales de Nueva York, California y Colorado, pero no ha logrado convencerlos del derecho de los animales a la personalidad jurídica y, por ende, a la libertad.
Y hasta el momento, el Nonhuman Rights Project tampoco ha conseguido persuadir a los tribunales inferiores de Hawai.
Gary Chang, juez del Tribunal de Circuito, dictaminó que los elefantes, a pesar de ser “seres magníficos y muy inteligentes”, no cumplían con la definición legal de “persona” según la ley estatal, ya que el Congreso limita dicha clasificación a los individuos humanos. Los jueces del tribunal de apelaciones coincidieron con Chang, y sugirieron que los abogados de las elefantas presionaran a los legisladores para que modificaran la ley.
A dos jueces de Nueva York les convenció el caso del Nonhuman Rights Project en favor de Happy, una elefanta del Zoológico del Bronx, pero se encontraban entre la minoría. El cautiverio de Happy era “intrínsecamente injusto e inhumano”, escribió el juez Rowan Wilson en su opinión disidente.
“Es una afrenta a una sociedad civilizada, y cada día que permanece cautiva —un espectáculo para los humanos—, nosotros también nos vemos menoscabados”, escribió.
A esa elefanta de 55 años se le practicó la eutanasia este año.
Berry, el director del Zoológico de Honolulu, dice que los elefantes han prosperado en Honolulu, cuyas condiciones son similares a las de su hábitat natural en Asia.
Pero Stein Posner destaca que la ciencia es clara: los elefantes son más autónomos, emocionales y complejos de lo que muchas personas creen. Y la base científica para argumentar lo mismo en otras especies animales aún está en proceso.
Por ahora, la atención jurídica se centra en “los grandes simios, los elefantes y, con suerte, en algún momento, los cetáceos”, tales como los delfines, especificó Posner.
“Son las especies”, agregó, “para las que tenemos evidencia científica que respalda lo que decimos”.
Hawai alberga muchos animales exóticos no nativos en dos zoológicos, un parque marino, acuarios, recintos para pingüinos y delfines en hoteles y varios santuarios de animales. Para muchos grupos defensores de los derechos de los animales, ninguna de esas instalaciones debería existir. Los activistas refieren que no proporcionan las condiciones de vida adecuadas para las especies salvajes y exóticas.
Pero los animales también se han convertido en mascotas queridas de la comunidad. El zoológico recibe regularmente a multitudes de niños de edad escolar, celebra sus propias elecciones para alcalde —Makami, un pueo (búho campestre) nativo, es actualmente el “alcalde” del zoológico—, y recurre a los animales para predecir los resultados de eventos deportivos importantes. Esto incluye a las elefantas Mari y Vaigai, quienes han predicho correctamente a los campeones del Super Bowl cuatro años consecutivos.
Para los ojos inexpertos de muchos de los más de 500.000 visitantes anuales del zoológico, las elefantas pueden parecer muy contentas, señaló Liddy Stein Posner, abogada del Nonhuman Rights Project. No obstante, el comportamiento que exhiben es un indicio claro de que no es así, añadió.
“El balanceo de un lado al otro y de adelante hacia atrás les parece casi divertido, como un perro que mueve la cola”, expresó sobre la percepción que tienen los visitantes del zoológico, pero los estudios dejan entrever que este comportamiento refleja angustia psicológica y neurológica.
El debate sobre si los animales deben mantenerse en cautiverio lleva ya mucho tiempo. El Nonhuman Rights Project ha representado a animales desde al menos 2015, cuando intentó liberar a Hércules y Leo, dos chimpancés retenidos en un laboratorio de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York. Los abogados de la organización no tuvieron éxito en los tribunales, pero la presión pública llevó a la universidad a liberar posteriormente a esos grandes simios y trasladarlos a un santuario en Georgia.
Los activistas por los derechos de los animales han logrado victorias importantes a nivel nacional y en Hawai durante la última década.
Luego de que el documental “Blackfish”, de 2013, criticara el trato que recibían las orcas obligadas a actuar ante las multitudes, SeaWorld suspendió sus espectáculos con orcas y su programa de cría de esos cetáceos. El circo Barnum & Bailey, de Ringling Bros., suspendió sus actos con elefantes en 2016, tras las campañas de defensa de los derechos de los animales en su contra. Por otro lado, según In Defense of Animals, más de 40 zoológicos en todo el país han cerrado sus recintos de elefantes desde 2004 debido a las preocupaciones sobre el bienestar animal.
En Hawai, el exgobernador David Ige prohibió en 2018 la importación de ciertas especies exóticas de animales para circos o carnavales. Las regulaciones se aprobaron principalmente por motivos de seguridad humana, dijo Ige, por lo que no se aplicaban a los zoológicos ni a las producciones cinematográficas.
No obstante, muchas personas en todo el país y en las islas consideran que las visitas a los lugares con animales en cautiverio son una oportunidad educativa y una preciada tradición familiar.
Los zoológicos dicen a menudo que al exhibir animales financian la conservación, la rehabilitación y la educación sobre la vida silvestre. De hecho, algunas especies en peligro de extinción sólo existen en zoológicos y santuarios de animales, incluido el ʻalalā, el cuervo hawaiano que se extinguió en estado salvaje en 2002.
Civil Beat entrevistó a más de una docena de visitantes en los zoológicos de Honolulu e Hilo, y en el Hotel Kahala & Resort, donde los huéspedes pueden pagar entre 195 y 1.800 dólares para tocar, alimentar y nadar con sus delfines nariz de botella del Atlántico. Muchos de quienes accedieron a compartir su opinión no tenían inconveniente con el cautiverio, siempre y cuando los animales parecieran estar contentos y recibir buen trato.
Amy y Michael Ghelardi, de Havertown, Pensilvania, manifestaron el lunes que eligieron el resort Kāhala específicamente por los delfines. Si bien Amy Ghelardi dijo que no le encantaba la idea de mantener animales en cautiverio, la experiencia en Kāhala parecía ser la mejor opción.
“Es complicado, porque, ¿dónde pinta uno la raya?”, añadió Michael Ghelardi. “Los cerdos son inteligentes. Los perros son inteligentes. Si los tratamos bien, ¿deberíamos liberarlos? ¿Podemos ser propietarios de perros? Es difícil”.
La ley federal prohíbe acercarse a menos de 15 metros (50 pies) de los delfines giradores de Hawai, aunque no existe tal protección para los delfines nariz de botella del Atlántico que se encuentran en Kāhala, los cuales viven en una laguna a no más de 60 metros (200 pies) del océano.
Dolphin Quest, la empresa que gestiona el programa, no respondió a la solicitud de comentarios de Civil Beat.
El Zoológico de Honolulu ha luchado por superar años de críticas, más recientemente con el nombramiento de Berry, cuyo currículum incluye dirigir el Zoológico Nacional del Smithsonian y el Instituto de Biología de la Conservación.
Berry hereda una institución que apenas logró recuperar su acreditación con la Asociación Estadounidense de Zoológicos, luego de que en 2016 se considerara que no contaba con los recursos suficientes por parte de la ciudad y el condado de Honolulu.
Los funcionarios dijeron que los estándares de bienestar animal del zoológico no influyeron en las decisiones de la asociación, aunque no se renovó la reacreditación después de años de incidentes, incluida la desaparición de aves exóticas, el ahogamiento de un lémur de cola anillada, chimpancés que peleaban y escaparon, y preocupaciones sobre las elefantas residentes.
A eso se suman los problemas crónicos de financiación y mantenimiento, a los cuales se atribuye la alta rotación de directores del zoológico, y una auditoría de 2019 que la institución aún aborda. Hasta el año pasado, el zoológico había emprendido cuatro de las seis recomendaciones, y dos estaban en proceso.
Según Debbie Metzler, directora de Vida Silvestre en Cautiverio de la PETA Foundation —un organismo sin fines de lucro que pugna por el trato ético a los animales—, las dificultades del zoológico son un reflejo de los tiempos que corren, ya que hacen lo mejor que pueden con escasos recursos.
“Incluso las instalaciones de cautiverio con las mejores intenciones suelen admitir que no pueden proporcionar lo que estos seres tan inteligentes, que resulta que no son humanos, tendrían si hubieran podido vivir en la naturaleza, como todos los seres merecen”, expuso Metzler en un correo electrónico.
Pero para Tasha Yong, que visitó el zoológico el lunes con su esposo e hijo, los cambios en la institución han ayudado.
“Al considerar cómo era antes y ver cómo es ahora”, dijo Yong, “está mucho mejor”.
Hawai cuenta únicamente con dos zoológicos tradicionales —uno en Oahu y el otro en la isla Grande—, aunque muchas otras instalaciones ofrecen a los residentes y los turistas la oportunidad de observar animales salvajes en cautiverio.
Hay flamencos y pingüinos africanos de patas negras en hoteles de Maui, delfines en los complejos turísticos de Oahu y la isla Grande, e innumerables especies en el Sealife Park de Oahu.
En entrevistas realizadas por Civil Beat, miembros del público expresaron opiniones diversas sobre lo positivo y negativo respecto a que estos animales residan en Hawai. Algunos argumentan que estas exhibiciones contribuyen y financian las labores de conservación, y ayudan a sobrevivir a especies en peligro de extinción; otros alegan que la vida salvaje debe permanecer en estado silvestre.
Para residentes de la isla Grande, como Miki’ala Taylor, visitar el zoológico Panae’wa Zoo and Gardens, de 4,8 hectáreas (12 acres), en Hilo, es una actividad familiar agradable.
El lunes, mientras ella empujaba un carrito de bebé, su hija Vylah —de 4 años— corría cerca de los recintos y señalaba los animales que veía. Para Taylor, educar a Vylah sobre el reino animal es más importante que cualquier argumento en contra de mantener animales en cautiverio, aunque opinó que el zoológico podría hacer más por ellos.
Algunos recintos están oxidados y cubiertos de musgo, y son más pequeños que los del zoológico de Honolulu. Hay poca sombra y poco lugar para que se resguarden de las multitudes. Penny Ant-E, la osa hormiguera residente, dormía en una cama improvisada en un pequeño refugio cercado, junto a un plato de metal y una casa para perros.
“Es triste. ¿Sabe? Podrían tener entornos (de vida) mucho mejores”, manifestó Taylor.
El zoológico de la isla Grande no está acreditado por la Asociación de Zoológicos y Acuarios ni por la Asociación Zoológica de Estados Unidos. El zoológico de Panae’wa no respondió a las solicitudes de comentarios.
Taylor dice que los beneficios de tener un zoológico van más allá del simple entretenimiento. Hace tres años, el zoológico acogió a Lilinoe, una pueo herida. Esta búho nativa, la cual no puede ser liberada en la naturaleza, ahora tiene su propio recinto.
“Aquí la ‘mālama’ (cuidan), pero creo que (el lugar de exhibición) podría ser un poco más grande”, observó. “Estoy segura de que tienen mucho ‘ʻāina’ (terreno) aquí; tal vez podrían expandirlos un poco, darles espacio”.
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Esta historia fue publicada originalmente por Honolulu Civil Beat y distribuida a través de una colaboración con The Associated Press.
FUENTE: AP
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