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Cubanos recurren a las farmacias comunitarias y gratuitas para sobrellevar la escasez de medicinas

LA HABANA (AP) — Todos los jueves y domingos al mediodía, decenas de personas se arremolinan ante la entrada de un edificio situado en el barrio del Vedado, en La Habana. Laura Mendoza baja de su apartamento, abre la puerta principal y comienza a verificar sus nombres en una lista para entregarles las medicinas que le encargaron por WhatsApp.

El antihistamínico cetirizina, el diurético furosemida, el oftálmico timolol y el antibiótico gentamicina integran el largo inventario. Mendoza no cobra por ellos un centavo.

Farmacias comunitarias como “La medicina no se vende”, que dirige Mendoza, son una de las soluciones que los cubanos han encontrado para conseguir fármacos, uno de los problemas más serios que trajo aparejada la actual crisis, agudizada por el cerco energético y financiero impuesto por Estados Unidos desde enero.

Ofertas en internet, grupos de WhatsApp o Telegram, plataformas de comercio y hasta puestos callejeros ocuparon el espacio de las farmacias estatales que, por décadas, fueron la única forma de adquirir los medicamentos a precios subsidiados.

La situación se ha tornado tan compleja que en julio las autoridades publicaron un decreto que autoriza el próximo funcionamiento de farmacias privadas, un cambio histórico en la salud pública en el marco de la política económica aperturista impulsada.

En el contexto actual de desabastecimiento, iniciativas como la de Mendoza son vitales. El proyecto recibe donaciones de grupos humanitarios de Canadá y de Estados Unidos —como Corazón For Cuba— al tiempo que coopera con Cáritas, de la Iglesia Católica.

“Tenemos cinco grupos (de WhatsApp) de La Habana y ahora, recientemente uno de Guanabo (en la periferia de la capital)”, explicó Mendoza a The Associated Press.

En los últimos meses hubo un incremento de estos proyectos comunitarios en la isla que se entrelazan. En La Habana suman un centenar, según Mendoza.

A esta voluntaria le llegan más de 13 kilos de medicinas a la semana mediante envíos aéreos, viajeros que las traen en sus equipajes y vecinos que las donan.

“Las personas... no solo se apoyan de la farmacia principal que es esta, sino (que) se ayudan entre ellas”, indicó Mendoza, mientras mostraba los anaqueles llenos de fármacos en su departamento.

Cuando un paciente no puede ir a recoger la medicina, algún voluntario se la acerca al hospital o a su casa, constató la AP.

Suelen faltar los necesarios para la diabetes —que demandan frío— o los anticancerígenos. Gasas, jeringas y anestesias son requeridos por los pacientes en los desabastecidos nosocomios, explicó Mendoza.

“Hace unos años, aproximadamente seis, siete, era relativamente fácil encontrar los medicamentos en el sistema de farmacias”, explicó Cristina Díaz, una profesora de física de 27 años que acudió al proyecto comunitario de Mendoza para conseguir clonazepam para un familiar.

“Después, en las subsiguientes crisis de medicamentos…empezó a fallar mucho la disponibilidad”, indicó Díaz.

Lo que busca podría conseguirlo en el mercado informal digital, pero reconoció que los precios son “altísimos” porque “se juega con la necesidad de la persona”.

El cuadro básico de medicamentos del Ministerio de Salud Pública de Cuba incluye 603 productos, de los cuales se cuenta aproximadamente con poco más de una tercera parte. De este esquema, unos 400 son fabricados por laboratorios cubanos que importan la materia prima.

Mayda Mauri Pérez, presidenta de BioCubafarma, el laboratorio más importante en Cuba, informó en junio que esa empresa no elaboró unos 300 medicamentos de los 395 comprometidos por la escasez de materias primas importadas. Todos los laboratorios son estatales en la isla.

El caso más dramático se reportó en la provincia oriental de Ciego de Ávila, donde las autoridades reconocieron semanas atrás que las farmacias estatales apenas contaban con el 10% del cuadro básico de fármacos por un problema de déficit o “limitaciones logísticas", como la falta de combustible, que impiden la distribución.

“Cuba cuenta con una industria médico-farmacéutica que calificamos de fuerte”, explicó María Fernández Martínez, directora general de la Empresa Provincial de Farmacias de Ciego de Ávila, al periódico oficial Granma. Pero sin insumos, “ni la fábrica más capaz puede completar el ciclo”, se lamentó.

El Estado tampoco puede adquirir los blísteres o frascos donde los medicamentos van empaquetados y sufre el bloqueo de cuentas bancarias para importar porque cualquier transferencia desde o hacia Cuba es perseguida.

Más aún, en meses anteriores contenedores con insumos médicos quedaron varados en terceros países luego de que Estados Unidos amenazara a las navieras si tocaban puerto en la isla.

La reglamentación de farmacias privadas forma parte de un paquete de 176 medidas aprobadas por el Parlamento en junio que fomentan la iniciativa de particulares para remontar la crisis.

La idea es que los emprendedores traigan medicinas que alivien el desabastecimiento, tal como han estado haciendo quienes importan alimentos o combustible, sobre quienes pesan solo algunas de las sanciones estadounidenses.

Las autoridades dijeron que estudian unas 36 propuestas de farmacias privadas. En tanto, las actuales boticas estatales seguirán funcionando.

La AP pidió comentarios o entrevistas al gobierno cubano, sin recibir respuesta.

Esas farmacias privadas serán controladas por el Estado, según la norma. No podrán comercializar productos de uso hospitalario o algunas sustancias específicas.

Las importaciones deberán realizarse a través de empresas estatales y los medicamentos tendrán que ser registrados por las entidades reguladoras. Además, habrá que cumplir requisitos para su almacenamiento.

Más allá del alivio de contar con los medicamentos ahora en falta, muchas personas con las cuales habló la AP se preguntaron cómo cubrirán su gasto con los magros salarios y jubilaciones que reciben.

Sara Márquez, de 69 años y quien requiere de hidroclorotiazida, para tratar la presión arterial alta, dijo que en las boticas estatales pagaba 0,30 pesos cubanos (menos de 10 centavos de dólar) por un blíster de este fármaco. Estos últimos meses en el mercado informal le pidieron hasta 1.000 pesos cubanos (1,5 dólares). Su pensión mensual es de 3.200 pesos cubanos (4,50 dólares).

Al opinar sobre si las farmacias privadas serían una solución, movió la cabeza de un lado a otro: “¿A cuánto van a vender el medicamento?… Estará en dependencia del poder adquisitivo que tengan las personas, yo no puedo”.

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FUENTE: AP

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