Directivos de Anthropic y OpenAI han sostenido desde hace tiempo que la llegada de la tecnología traerá muchos beneficios para la gente común, y han prometido que eso incluirá una parte de las ganancias. Las empresas han comenzado a delinear una serie de propuestas para distribuir las fortunas de la IA, pero hasta ahora no han resuelto preguntas clave sobre cómo funcionarían, cuánta transparencia habrá y quién determinará a los beneficiarios.
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Antes de entrar en el mercado bursátil, empresas de IA trazan planes para compartir su riqueza
NUEVA YORK (AP) — Mientras avanzan a toda máquina para lanzar enormes ofertas públicas en Wall Street, las empresas más vanguardistas de la inteligencia artificial han empezado a esbozar planes para compartir su riqueza con el público, un compromiso que, según afirman, es imperativo para abordar las disrupciones que la tecnología podría provocar en la fuerza laboral y en los medios de vida de las personas.
Anthropic informó el domingo que se comprometería a destinar el 5% de sus acciones al Anthropic Public Benefit Fund, una nueva entidad dentro de la empresa, una medida que está a la espera de la aprobación de los accionistas. La participación podría aumentar “a medida que la empresa crezca” en el futuro. El fabricante del asistente de IA Claude indicó que el fondo “podría explorar” donaciones mayores a organizaciones sin fines de lucro tradicionales o, potencialmente, distribuir dinero a “poblaciones específicas”.
La empresa, con sede en San Francisco, compartió poca información sobre los tipos de organizaciones a las que apoyará el fondo y los temas que abordará. Un área que no respaldará, señaló Anthropic, es el cabildeo y las donaciones políticas.
Phil Buchanan, presidente de The Center for Effective Philanthropy, manifestó que recibía con agrado el compromiso de Anthropic, especialmente en un momento en que, según dijo, algunos multimillonarios “restan importancia a la filantropía”. Pero advirtió que Anthropic debería evitar la “arrogancia” de anteriores magnates tecnológicos que asumieron que su pericia profesional se traduciría en sabiduría filantrópica.
Buchanan recomendó que el fondo apoye a organizaciones sin fines de lucro existentes y altamente eficaces, pero comentó que es “difícil hablar de todo esto porque es muy abstracto”.
“Supongo que tengo esperanza”, expresó Buchanan, “pero no me voy a entusiasmar demasiado hasta que vea alguna evidencia de lo que realmente está ocurriendo”.
Anthropic, que fue valorada en cerca de 1 billón de dólares a principios de este año, se prepara para lanzar una oferta pública inicial ya el próximo mes; dicha oferta se perfila como una de las más grandes de la historia.
Una vez que una empresa cotiza en bolsa, las donaciones podrían hacerse mediante la venta de acciones futuras o, potencialmente, recurriendo a dividendos en efectivo en el futuro, explicó Jay R. Ritter, director de The IPO Initiative de la Facultad de Negocios Warrington de la Universidad de Florida. Aún no están claros los detalles sobre cómo se realizarán las donaciones benéficas a través del fondo de Anthropic.
En cualquier caso, señaló Ritter, el anuncio es útil para que los posibles inversionistas “sepan qué están comprando”.
Anthropic se comprometió a aportar 200 millones de dólares para estudiar de manera más amplia los efectos económicos de la IA. Combinado con el anuncio del domingo, la empresa indicó que aproximadamente el 20% de sus acciones se dedicará al “bien público”, además de cualquier porcentaje adicional que podría sumarse si la valoración de la empresa alcanza ciertos hitos.
Al anunciar el fondo de beneficio, Anthropic mencionó los impactos en el mercado laboral como un ejemplo de su enfoque filantrópico.
“La IA puede generar un enorme valor económico, pero también podría causar inestabilidad para muchos trabajadores”, escribió la empresa el domingo en una publicación de blog. Añadió que el fondo tendrá la “versatilidad” para impulsar “enfoques más audaces” que podrían ser necesarios para compensar eso. La empresa dijo que compartirá más detalles sobre la estructura y la gobernanza del fondo en los próximos meses.
En una entrevista realizada en mayo con The Associated Press, la presidenta de Anthropic, Daniela Amodei, dijo que esperaba que el éxito de la empresa, en general, derivara en un mayor apoyo filantrópico para la investigación de enfermedades y “garantizara que todos en el mundo puedan compartir la prosperidad que esperamos que la IA produzca”.
Las promesas de las empresas han sido recibidas con escepticismo por algunos críticos.
“Anthropic está jugando”, escribió el domingo en redes sociales Gary Marcus, experto veterano en IA y profesor emérito de la Universidad de Nueva York. “Intentar ganarse el favor del público mientras aún mantiene el control y se resiste a revelar información es irritante”.
Anthropic y OpenAI están estructuradas cada una como una corporación de beneficio público, una designación que exige que las empresas persigan no solo ganancias, sino también un bien social.
OpenAI Foundation, la organización sin fines de lucro que controla OpenAI, prometió ampliar su capacidad de otorgar subvenciones a principios de este año con un compromiso de 1.000 millones de dólares.
Por otra parte, OpenAI propuso en abril la creación de un “fondo soberano de inversión” con una participación en el “crecimiento económico impulsado por la IA” en empresas de manera más amplia. Ese fondo podría invertirse en unos pocos activos, señaló OpenAI, y los rendimientos se distribuirían directamente a las personas, independientemente de si invierten o no en los mercados financieros. OpenAI planea lanzar su propia oferta pública inicial el próximo año.
El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, también ha hablado con legisladores de ambos partidos sobre compartir con el público la participación accionaria en empresas de IA.
El director ejecutivo de SpaceX, Elon Musk, quien ha tendido a evitar la filantropía tradicional, prometió apenas el lunes donar algunas acciones de su propia empresa.
Durante el auge de las computadoras personales, figuras como Michael Dell y el cofundador de Microsoft, Bill Gates, establecieron fundaciones privadas para gestionar su filantropía. Hoy, los líderes de Silicon Valley, como el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, han optado en cambio por sociedades de responsabilidad limitada, la opción que sigue Anthropic para su fondo de beneficio público.
Esa estructura ofrece más control a sus propietarios, según los expertos. Una sociedad de responsabilidad limitada no está sujeta a las mismas reglas de gasto que una fundación, que está obligada a distribuir al menos el 5% del valor de su dotación.
“Tienen mucha más flexibilidad y margen de maniobra sobre cómo usar los recursos que ponen en el fondo”, dijo Katherina Rosqueta, directora ejecutiva fundadora del Center for High Impact Philanthropy de la Universidad de Pensilvania.
Brian Mittendorf, titular de la cátedra de contabilidad en la Universidad Estatal de Ohio, dijo que las sociedades de responsabilidad limitada permiten realizar actividades fuera de la “filantropía tradicional”, como pagos a individuos que no serían posibles a través de una organización benéfica de tipo 501(c)3, exenta del impuesto a la renta en Estados Unidos. Pero si no hacen donaciones benéficas tradicionales, eso coloca a las empresas en una “zona gris” al plantear la pregunta de cómo se beneficia el público, indicó.
Los propietarios de sociedades de responsabilidad limitada tampoco obtienen los mismos beneficios fiscales, según Rosqueta y Mittendorf. La promesa de Anthropic no activa de inmediato una deducción fiscal, y la empresa solo puede reclamar una deducción una vez que las acciones donadas se transfieran a una organización benéfica pública. Además, se exige menos transparencia ese tipo de sociedades.
En general, el anuncio de Anthropic equivale a un compromiso con “objetivos más amplios aún por especificar”, dijo Mittendorf. La medida “refleja más una intención de hacer cosas en el futuro que un acto ahora”, agregó Mittendorf.
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El periodista de la AP especializado en filantropía, Glenn Gamboa, contribuyó desde Cleveland y Grantham-Philips contribuyó desde Chicago.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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