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Wyndham Clark demuestra en el Abierto de Estados Unidos que no necesita ser perfecto para ganar

SOUTHAMPTON, Nueva York, EE.UU. (AP) — Mucho antes de destrozar una taquilla, ganar un solo trofeo o tener siquiera la menor idea de que algún día jugaría el Abierto de Estados Unidos, el golf era una prueba de paciencia, voluntad y temperamento para Wyndham Clark.

Así que, quizá fue justo que aseguró su triunfo más reciente y más dulce sobreponiéndose a un derrumbe potencialmente histórico —y frente a un público de Nueva York que, en su mayoría, fue a Long Island para verlo fracasar.

La segunda victoria de Clark en el Abierto de Estados Unidos será recordada como aquella en la que dominó Shinnecock Hills y, de algún modo, salvó una ronda final en el que su ventaja de seis golpes se redujo a uno y pegó un valioso golpe al final.

También será recordada por las ovaciones cuando falló, y por un putt ganador de trámite en el green del 18 que fue recibido con aplausos incómodos.

“Hemos lidiado con sus problemas de ira desde que tenía esta estatura”, explicó Randall, padre de Clark, sobre el recorrido de su hijo mientras sostenía la mano a la altura de la cadera. “Es porque el golf no es un juego de perfección. Y él quiere ser perfecto”.

Clark, de 32 años, habló con franqueza de sus dificultades en su última victoria en el Abierto de Estados Unidos en 2023, al explicar que la muerte de su madre 10 años antes le había dejado una cicatriz y que la rabia afloraba con mayor intensidad tras fallar golpes de golf.

Parecía un relato sencillo sobre superar obstáculos y crecimiento personal.

Pero ese camino nunca termina del todo.

Sus demonios volvieron a quedar plenamente a la vista hace un año, cuando destrozó una taquilla en Oakmont tras no superar el corte en el Abierto de Estados Unidos. Desde entonces se ha disculpado y los directivos de Oakmont, horrorizados al principio, también han pasado página.

Los aficionados en Nueva York claramente no y el paseo por el campo el domingo fue incómodo, pues Clark fue emparejado con el número uno del mundo, Scottie Scheffler.

Scheffler, que intentaba completar el Grand Slam de su carrera, probablemente habría sido el favorito del público contra cualquiera. Él lo entiende, pero incluso se sintió incómodo con las ovaciones cuando Clark fallaba golpes, algo que ocurrió mucho en los primeros nueve hoyos, en los que firmó 38 y vio cómo su ventaja se redujo a uno.

“Te gusta ver que los aficionados te animen. Creo que a veces puede pasarse un poco cuando, ya sabes, las bolas se están yendo de los greens y empiezas a oír vítores. Eso me pareció demasiado”, afirmó Scheffler.

El momento decisivo de Clark llegó en el hoyo 16. Defendiendo una ventaja de un golpe, sacó hacia el pasto fino profundo —una posición horrible, según el caddie convertido en analista de televisión Jim “Bones” Mackay. Clark hizo que pareciera mejor de lo que era, azotando la bola hacia el fairway y luego pegando un hierro 8 que se enderezó por la parte trasera del green.

Embocó el putt de birdie de 30 pies —el más largo que metió en todo el día— para colocarse con dos golpes de ventaja sobre Sam Burns con dos hoyos por jugar.

Aproximadamente media hora después, Clark hizo dos putts desde 50 pies en el 18 para convertirse en doble ganador en lugar de ser el jugador que desperdició la mayor ventaja tras 54 hoyos en la historia del Abierto de Estados Unidos. Ese doble putt recordó la manera en que cerró su victoria hace tres años en Los Angeles Country Club.

Desde entonces, mucho ha cambiado.

Como respuesta a lo ocurrido en Oakmont, Clark pagó las reparaciones de la taquilla. Ha donado dinero a organizaciones benéficas y participó en cursos de control de la ira.

No sintió mucho cariño en Long Island.

Clark admitió que lo escuchó todo y concluyó: “Hombre, definitivamente no quieren que gane”.

“Es bastante raro en un campeonato abierto, o en un major, que los aficionados abucheen tus golpes o celebren los malos golpes”, añadió.

Lo único que pudo hacer, sin embargo, fue volverse hacia su caddie y reírse, especialmente cuando escucharon a uno de esos pocos aficionados que en realidad estaban apoyándolo.

Ahora, la pregunta es: ¿esta muestra de entereza frente a la adversidad le dará a Clark un nuevo comienzo? ¿O siempre se tratará de la taquilla y de algún colapso acechando a la vuelta de la esquina?

“De verdad espero que esto le ponga punto final”, indicó. “Me imaginé que quizá esta sería la última vez, simplemente porque ya pasó un año. Probablemente siempre me harán (esas preguntas). Pero espero no convertirme en el villano del PGA”.

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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes

FUENTE: AP

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