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Sospechoso comparece ante tribunal en Irlanda del Norte tras protestas antiinmigrantes

BELFAST, Irlanda del Norte (AP) — Un hombre sudanés compareció ante un tribunal de Belfast el miércoles, acusado de intento de asesinato por un ataque con arma blanca que dejó a un hombre gravemente herido y desencadenó violencia antiinmigrante en varias partes de Irlanda del Norte.

Las autoridades ordenaron mantener detenido a Hadi Alodid, de 30 años, quien compareció por video ante el Tribunal de Magistrados de Belfast, donde un detective afirmó que, durante el ataque con cuchillo, dejó ciego del ojo izquierdo a Stephen Ogilvie. También fue acusado de portar un cuchillo y de amenazar de muerte a un técnico radiólogo mientras recibía tratamiento por una lesión en la mano después de la agresión.

Cuando la policía llegó al lugar del crimen, encontró a Alodid encima del hombre, armado con un cuchillo de cocina, indicó el detective. Más tarde, Alodid le dijo al personal del hospital: “He matado a alguien, no sé si está muerto”, y añadió: “Te mataré”.

Rechazó la representación legal a través de un intérprete de árabe y no presentó declaración.

La policía se preparaba para protestas más violentas después de que hombres enmascarados prendieran fuego a varias viviendas que parecían albergar a inmigrantes, quemaran contenedores de basura, incendiaran un autobús en Belfast y arrojaran objetos contra la policía. Los bomberos rescataron a varias personas de casas en llamas.

Anselme Shima, un residente de Belfast originario del Congo, contó que vio humo de vehículos incendiados cerca de su casa.

“He vivido en mi calle casi 10 años, tengo una buena relación con mis vecinos, pero anoche fue una noche horrible”, manifestó. “No sabemos qué hacer. Tengo miedo. Al ver esto, me pregunto si yo seré el siguiente”.

Varias familias fueron rescatadas -- incluida una con un bebé -- y trasladadas a comisarías por seguridad, dijo a la BBC el jefe de policía de Irlanda del Norte, Jon Boutcher.

“Estas no eran solo familias de comunidades de minorías étnicas; eran familias de distintas comunidades que quedaron atrapadas en este comportamiento vil anoche”, señaló Boutcher. “No hay absolutamente ninguna excusa para ello”.

Boutcher indicó que el miércoles habría 200 agentes más en las calles y que la agencia estaba solicitando apoyo de otras fuerzas. Operadores de autobuses y trenes en Belfast dijeron que suspenderían los servicios antes de lo habitual debido a las protestas previstas.

La familia de Ogilvie pidió el fin de la violencia y afirmó que los migrantes “hacen una contribución profundamente valiosa a nuestro país”.

“No queremos que esta terrible tragedia se utilice para dividir a la gente o alimentar la hostilidad”, expresó la familia en un comunicado.

Políticos de ambas partes del gobierno de poder compartido de Irlanda del Norte condenaron la violencia. La primera ministra Michelle O’Neill, del partido nacionalista irlandés Sinn Fein, la calificó de “matonismo”.

“Grupos de hombres enmascarados que expulsan a familias de sus hogares incendiándolos no es menos que una cobardía repugnante”, declaró.

La viceprimera ministra Emma Little-Pengelly, del Partido Democrático Unionista, de tendencia pro-británica, afirmó que “descargar la frustración por las acciones malvadas de una persona sobre quienes no tuvieron nada que ver con ello es totalmente incorrecto”.

El ataque del lunes, captado en imágenes de video que se difundieron rápidamente en redes sociales, fue aprovechado por activistas antiinmigración. Ogilvie, un hombre de unos 40 años, fue hospitalizado con cortes profundos en la cabeza, el rostro y la espalda.

La policía informó que Alodid entró en Irlanda del Norte desde la vecina República de Irlanda en 2023, solicitó asilo y recibió un permiso de permanencia por cinco años.

El Servicio de Policía de Irlanda del Norte apuntó que no hay indicio de que se haya tratado de terrorismo.

Las protestas fueron alentadas en internet por activistas de extrema derecha, y la violencia callejera estalló pese a los llamados a la calma de los políticos.

El primer ministro Keir Starmer condenó el ataque como “repugnante”, pero dijo que no se toleraría la violencia contra personas por su origen.

“Las escenas en Belfast anoche fueron impactantes y completamente inaceptables”, escribió Starmer en X. “No hay justificación para la violencia y el desorden que vimos amenazando a nuestras comunidades, ni para quienes lo alentaron, en internet o en cualquier otro lugar”.

La ministra de Justicia de Irlanda del Norte, Naomi Long, sostuvo que agitadores en redes sociales que “ayer no podían ni encontrar a Belfast en un mapa” estaban manipulando los temores de la población local.

“Si están expulsando a la gente de sus hogares basándose en nada más que el color de su piel, no se puede llamar a eso de otra manera: es racismo, y esos actores de mala fe deben dar un paso atrás”, dijo a la BBC.

Algunos políticos dijeron que el apuñalamiento debería impulsar una revisión de la frontera abierta entre Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido, y la República de Irlanda.

La frontera es un asunto sumamente sensible. Permitir el libre flujo de personas es un pilar fundamental del proceso de paz que en gran medida puso fin a décadas de violencia conocidas como “The Troubles”. El conflicto, en el que participaron militantes republicanos irlandeses y lealistas británicos, así como fuerzas de seguridad del Reino Unido, dejó casi 3.600 muertos antes de un acuerdo de paz en 1998.

Gran parte de la violencia del martes tuvo lugar en zonas de clase trabajadora donde antiguos grupos paramilitares aún ejercen una influencia considerable en las calles.

La semana pasada, activistas y el vicepresidente estadounidense JD Vance se aferraron a un caso separado, el de un estudiante universitario que fue asesinado a puñaladas en Southampton, Inglaterra, en diciembre -- para despotricar contra la inmigración, una idea enfáticamente rechazada por Starmer y otros políticos británicos.

Henry Nowak, que era blanco, fue asesinado por Vickrum Digwa, un sij que afirmó falsamente ante la policía que él había sido víctima de una agresión racista por parte de Nowak. Cuando llegaron los agentes, inicialmente trataron al herido Nowak como sospechoso antes de notar su lesión e intentar reanimarlo.

Digwa fue declarado culpable de asesinato y la semana pasada fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 21 años. Una protesta por la muerte de Nowak se tornó violenta, y algunos atacaron a la policía con sillas y piedras. Varias personas fueron acusadas de alteración violenta del orden público.

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Lawless reportó desde Londres. Brian Melley contribuyó con esta nota.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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