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Lydia Cacho hace un círculo soñado de mujeres en el 68 con “Un halcón bajo mi ventana”

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — La periodista mexicana Lydia Cacho comienza una nueva etapa en su carrera como autora de literatura con la novela “Un halcón bajo mi ventana”, protagonizada por una adolescente a partir del convulso año de 1968 en México, en medio de las protestas estudiantiles que llevaron a la represión del gobierno.

Cacho conversó sobre su interés por la literatura y su postura sobre las causas que ha defendido a lo largo de los años, como la lucha contra la pederastia y la trata de personas, que han cobrado mayor notoriedad a raíz de la publicación de los Epstein Files.

Más o menos desde que tenía la edad de su protagonista, soñaba con escribir algún día.

“Yo siempre creí que iba a ser poeta, eso decía cuando era adolescente y tengo todavía una fascinación con la poesía. Tenía una gran fascinación con la literatura y con la ficción y luego, claro, también con la realidad”, dijo Cacho en entrevista con The Associated Press en la Ciudad de México.

Su primer intento por escribir ficción surgió cuando tenía 25 años y trabajaba en la Agencia de las Naciones Unidas para la Mujer en Senegal. Al volver a México, escribió “Muérdele el Corazón” sobre una mujer con VIH. Cacho dice que no fue su novela ideal porque es más bien una “mezcla de ensayo periodístico”. Pero la semilla había quedado plantada, esperando el momento de brotar.

De hecho, escribió otra novela completa antes de “Un halcón bajo mi ventana”, pero la “tiró a la basura”.

“No funcionaba porque no estaba yo colocada en un lugar de honestidad absoluta para atreverme a hacer ficción. Y con este libro sí, en este libro dije ‘vamos, vamos a inventar un cuento’”, señaló.

Su editor en Penguin Random House, Andrés Ramírez, fue quien le dio el espolón al afirmarle que tenía suficientes anécdotas y experiencias propias de la literatura y no del periodismo, así como una sólida investigación sobre la época, realizada a lo largo de una década, incluyendo muchas de las mujeres reales que figuran en ella y los crímenes cometidos por el ejército. Fue necesario un año de concentración absoluta para la novela.

“Ir construyendo personajes y dándoles una biografía y haciendo todos estos árboles genealógicos”, dijo. “Sí necesitas mucha paciencia, mucha dedicación, una disciplina extraordinaria”.

Cacho, quien nació en la Ciudad de México en 1963, define esta novela como una autocrítica a la izquierda a la que pertenece, especialmente por el relato que se ha hecho del movimiento del 68 a lo largo de las décadas, a pesar de que las mujeres fueron cruciales para financiarlo y participaban activamente en él.

“Esa historia fue contada por los patriarcas, los dueños del 68, los grandes escritores que siempre hablaban de las mujeres como personajes accesorios y que van de paseo por sus vidas”, explicó.

“Nunca validaron y valoraron su fuerza y su poder y eso ellos lo hicieron desde el periodismo, que eso es lo más grave de todo. Casi todos sus libros son periodísticos. Yo necesitaba que, de esa verdad pequeña, pequeñísima verdad oculta, surgiera una verdad más auténtica, más poderosa, aun cuando para poder construirla tenía que recurrir a la ficción, porque las borraron”.

Además de toda esta ebullición política, al interior de la familia de Julieta, la protagonista, existe tensión, pues su lado paterno es cercano al ejército y a los represores del 68, lo que la hace estar caminando como en una cuerda floja. Para esta parte de la historia, además de los hechos históricos, Cacho hizo una investigación a nivel más íntimo sobre su propia familia, pues tuvo un abuelo coronel, un bisabuelo involucrado en la política y un tío abuelo militar.

Elegir que Julieta fuera su narradora en su adolescencia desde el 68 hasta entrada la década de 1970 fue una manera de abordar esta época desde una mirada muy particular para Cacho. También le permitía dar voz a un arquetipo que no encontraba en otros libros.

“Cuando somos adolescentes, todo… todo lo vivimos desde el asombro y el descubrimiento, porque no conocemos el mundo y no lo entendemos. Y es una edad en la que queremos entenderlo. Entonces, de pronto me hizo sentido que fuese Julieta, la voz de toda la novela”, dijo.

“La gran literatura siempre habla de las niñas, particularmente de las adolescentes, por el tema de la sexualidad y demás, como objetos de deseo, como seres silentes sin inteligencia, berrinchudas, dramáticas, etcétera, pero no tienen voz propia”, agregó.

Julieta tiene el gran apoyo de su madre, Clara, quien es psicóloga y la introduce a un círculo de mujeres activistas y pensadoras en el que se topan con Elena Garro y Alaíde Foppa. Cacho la definió como una mujer que quiere defender a su país y a su vez educar a su hija para que aprenda a hacerlo.

“Y creo que hay millones de mujeres así en México”, dijo Cacho, quien señaló que se inspiró en su propia madre, quien tuvo seis hijos y era trabajadora. “Nos acordamos todos de que mamá siempre estaba…. había comida siempre en la mesa. ¿Cómo diablos hacía mi mamá para hacerlo todo?”.

Cacho vive fuera de México tras sufrir amenazas y atentados. Hace más de veinte años libró una batalla al denunciar a un grupo de pederastas encabezados por el empresario Jean Succar Kuri que operaban en Cancún, México, el cual fue revelado a través de su libro “Los demonios del Edén: el poder que protege a la pornografía infantil”, por el cual fue detenida y torturada. Tras la revelación de los Epstein Files, muchos han vuelto a ese caso como referencia.

“Pienso que el caso Epstein no se solucionó porque no hubo buenas o buenos periodistas norteamericanos que se la jugaron como nos lo hemos jugado en México”, dijo. “La diferencia es que aquí no nos dejamos, hicimos una colectiva inmensa de activistas periodistas y no nos dejamos y no nos quedamos callados. Allá sí, dijeron ‘next’”.

Cacho lamentó que el gobierno de Estados Unidos haya hecho la publicación de los archivos sin que se haya proseguido con la investigación ni se hayan deslindado más responsables.

“Trump es brillante, porque lo que hizo con soltar todos los expedientes juntos es dinamitar la posibilidad de que la gente entienda y pueda hacer la línea de tiempo. Si yo no hubiera escrito ‘Los demonios del Edén’, imagínate todos los expedientes del caso Succar y de toda esa red, incluido, en mi caso, tortura, tenemos más de 70.000 páginas”, señaló.

“No funciona igual con inteligencia artificial como lo han hecho algunos medios”, agregó.

FUENTE: AP

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