Lo último: votantes decidirán control del Congreso en prueba clave para segundo mandato de Trump

WASHINGTON (AP) — Ha llegado el día de las elecciones. Los votantes de todo el país decidirán quién controlará la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños en el Senado y tres en la Cámara de Representantes para arrebatarles el control de ambas cámaras a los republicanos. El control del Congreso les daría a los demócratas la posibilidad de hacer frente a la agenda del presidente Donald Trump durante los dos últimos años de su mandato. La batalla por el control se libra, en gran medida, en estados y distritos donde Trump ganó anteriormente por amplios márgenes.

Todas las miradas están puestas en las contiendas para el Senado en Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Michigan, Ohio y Texas, mientras los escenarios clave para la Cámara de Representantes se encuentran repartidos por todo el país.

Los demócratas han centrado su atención en los bajos índices de aprobación de Trump, el descontento público respecto de la guerra en Irán y las preocupaciones sobre el poder adquisitivo. Por su parte, los republicanos se han enfocado en cuestiones sociales, mientras que Trump se ha convertido en la figura central de estas elecciones de mitad de mandato.

Lo último:

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Los latinos contribuyeron al regreso de Trump a la Casa Blanca en 2024. Ahora están llamados a desempeñar un papel de gran relevancia en las elecciones de mitad de mandato.

El camino hacia una mayoría en la Cámara de Representantes pasa por distritos con una alta población latina en estados como Arizona, California, Colorado, Florida y Texas. Asimismo, la contienda clave por el Senado en Texas podría depender del voto latino.

Según una encuesta realizada en octubre por Associated Press y el NORC Center for Public Affairs Research, cerca de 6 de cada 10 adultos hispanos desaprueban la gestión de Trump durante su presidencia. Aproximadamente 7 de cada 10 desaprueban su desempeño en materia económica.

Un factor determinante será la eficacia con la que los demócratas hayan logrado presentar sus argumentos ante el electorado. ¿Votarán por los demócratas aquellos partidarios de Trump que se sienten desencantados o simplemente optarán por abstenerse en estas elecciones de mitad de mandato?

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La redistribución de distritos a mitad de la década alteró el mapa de la Cámara de Representantes de cara a las elecciones de mitad de mandato, modificando los límites de aproximadamente un tercio de los distritos.

La agencia AP analizó el margen de voto presidencial de 2024 en cada distrito, tanto antes como después de la redistribución, y descubrió que si bien muchos distritos experimentaron cambios drásticos en su inclinación partidista y composición demográfica, el mapa nacional de la Cámara de Representantes no se inclinó de manera significativa hacia ninguno de los dos partidos.

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Si su partido pierde al menos una de las cámaras en las elecciones de este martes, Trump se enfrentará a dos amenazas provenientes del Capitolio durante sus dos últimos años como presidente: investigaciones y un proceso de destitución.

Los legisladores demócratas están decididos a ejercer su función de supervisión; altos cargos han dejado claro desde hace tiempo que buscarán pedir cuentas a una administración que, a su juicio, ha evadido su responsabilidad por sus políticas, beneficios personales y abusos de poder.

El partido mayoritario controla la presidencia de las poderosas comisiones de la Cámara de Representantes, lo que conlleva mayores presupuestos para personal y recursos más amplios, incluida la facultad de emitir citaciones judiciales.

Es menos probable que se inicie un proceso de destitución contra Trump, aunque los líderes demócratas de la Cámara de Representantes casi con seguridad recibirán presiones desde su ala más izquierdista para que lo hagan. En lugar de ir contra Trump —quien fue sometido a dos procesos de destitución durante su primer mandato, siendo absuelto por el Senado en ambas ocasiones—, los demócratas podrían optar por intentar destituir a miembros de su gabinete.

Si los republicanos pierden el Senado, la capacidad de Trump para lograr la confirmación de sus candidatos para el Poder Judicial y el Ejecutivo también se verá considerablemente mermada.

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Un juez federal ha dictaminado que la administración Trump debe dejar de enviar a las autoridades electorales listas de supuestos votantes que no son ciudadanos —tal como ha hecho en California y Washington—, al tiempo que instaba a dichos estados a anular las papeletas correspondientes.

La jueza del Tribunal de Distrito Tanya Chutkan, en Washington D. C., señaló en su fallo emitido el lunes por la noche que el envío de más listas de votantes probablemente causaría confusión tanto entre los electores como entre los funcionarios electorales, en un momento en que los recursos deben centrarse en la gestión de las elecciones.

Varios estados y organizaciones en defensa del derecho al voto han refutado las afirmaciones de la administración, señalando que sus listas están plagadas de errores.

Esta decisión se suma a una serie de reveses judiciales sufridos por la administración Trump en sus intentos por ampliar la autoridad federal sobre los procesos electorales, los cuales son gestionados por los estados.

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La Administración Electoral Navajo informa que ha cambiado la ubicación de cinco centros de votación: dos en Arizona y tres en Nuevo México.

La reserva de la tribu rodea el Monumento de los Cuatro Puntos (Four Corners), el lugar donde convergen Arizona, Nuevo México, Utah y Colorado. La zona ha sufrido importantes inundaciones desde octubre; los ríos se han desbordado y algunos residentes han tenido que ser evacuados.

La tribu cuenta con más de 298.000 miembros.

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Trump regresó al poder con fuerza gracias a los problemas fronterizos de la administración Biden. Logró reducir a casi cero los cruces fronterizos ilegales, los cuales, por cierto, ya venían cayendo en picada.

Fue entonces cuando surgieron los problemas.

El presidente se volcó hacia una tarea más compleja: la deportación de inmigrantes indocumentados desde el interior de Estados Unidos. Pronto, la imagen predominante de la inmigración ilegal dejó de ser la de personas desesperadas cruzando la frontera, para convertirse en la de madres gritando mientras eran separadas de sus hijos o agentes federales enmascarados persiguiendo a personas —a veces, incluso ciudadanos— por las calles.

Trump lamentó abiertamente que Estados Unidos no recibiera suficientes migrantes de países escandinavos y que, en cuanto a refugiados, solo aceptara a sudafricanos blancos. Además, dos ciudadanos que participaban en una protesta murieron por disparos de agentes de inmigración durante las redadas llevadas a cabo por la administración en Minneapolis.

Ahora, el Partido Republicano teme perder terreno, especialmente en zonas con una alta población inmigrante, que se extienden desde Nueva Jersey hasta Florida y Texas. Asimismo, las encuestas indican que hay más votantes que rechazan la postura de Trump sobre la inmigración que aquellos que la apoyan.

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La repentina muerte de Lindsey Graham obligó a los republicanos de Carolina del Sur a buscar a toda prisa un nuevo candidato mediante unas primarias especiales, en las que su hermana, Darline Graham, resultó ganadora.

Este cambio inesperado devolvió a los demócratas del estado la esperanza de que podían poner fin a una sequía de 20 años sin ganar una elección a nivel estatal.

Pero incluso algunos de los partidarios de Annie Andrews, la candidata demócrata, reconocen que es posible que su estado aún no esté listo para inclinarse hacia el bando demócrata, a pesar de los avances logrados por dicho partido en los estados vecinos de Carolina del Norte y Georgia. Carolina del Sur ha respaldado sistemáticamente a Trump, quien apoyó a Graham, la instó a contender y ha participado en dos actos de campaña a su favor en el estado.

Graham y Andrews se han acusado mutuamente de no estar preparadas para el cargo.

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Puede que Trump no esté en la boleta electoral, pero los estadounidenses están muy descontentos con su desempeño en lo que va de su segundo mandato.

Solo alrededor de un tercio de los adultos estadounidenses, el 35%, aprueba la forma en que Trump está manejando la presidencia, según las encuestas de AP-NORC de octubre.

La aprobación de Trump tiende a mantenerse dentro de un rango bastante estrecho, pero la medición más reciente está por debajo de donde se situaba su aprobación general poco después de comenzar su segundo mandato, cuando el 42% de los adultos estadounidenses respaldaba su gestión presidencial.

Ha registrado ligeros descensos en su aprobación entre los republicanos e independientes. Alrededor del 70% de los republicanos aprueba cómo Trump está manejando la presidencia, una cifra menor al 82% registrado al inicio de su mandato.

El índice de apoyo actual a Trump está ligeramente por debajo del nivel en el que se encontraba en octubre de 2018.

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En las dos últimas elecciones, los votantes se volvieron contra los demócratas debido a la elevada inflación.

No obstante, la promesa de Trump de reducir los precios no ha sido cumplida. La inflación se sitúa en una tasa anual del 3,7%, un aumento respecto al 3% registrado al comienzo del segundo mandato del presidente.

Los aranceles impuestos por Trump elevaron la inflación el año pasado, y su decisión de iniciar una guerra contra Irán ha provocado un aumento en los precios del petróleo, la gasolina y el diésel.

Como resultado, la confianza de los consumidores se encuentra en niveles inferiores a los observados durante recesiones recientes, mientras que la tasa de desempleo se mantiene en un robusto 4,2%.

El descontento de los votantes ante la inflación hace que sea más difícil para los republicanos —quienes basaron sus campañas en la promesa de reducir los precios— defender sus mayorías tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

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Los estadounidenses se muestran, en general, frustrados con Trump en lo que respecta a la economía y otras cuestiones que afectan a su bolsillo, según una encuesta de AP-NORC.

Alrededor de una cuarta parte de los adultos estadounidenses aprueba la forma en que Trump está gestionando la economía; una cifra inferior a la de hace unos meses, cuando cerca de 4 de cada 10 personas expresaban su aprobación tras el inicio de su segundo mandato. Este descenso es especialmente notable entre los republicanos: sólo alrededor de la mitad de ellos respalda actualmente el enfoque económico de Trump, frente al 78% registrado en marzo de 2025.

Trump obtiene niveles de aprobación igualmente bajos en cuanto a su gestión del costo de vida. Sólo cerca de 2 de cada 10 adultos estadounidenses aprueban su desempeño en este ámbito, mientras que alrededor de 8 de cada 10 lo desaprueban. Entre los republicanos, aproximadamente 6 de cada 10 expresan su desaprobación respecto de cómo Trump aborda el costo de vida.

La encuesta reveló que cerca de 8 de cada 10 votantes consideran que la economía o el costo de vida figuran entre sus principales preocupaciones.

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Esos congresistas intentan conservar sus escaños en distritos que ganó la demócrata Kamala Harris en 2024.

Solo había tres republicanos en dicha situación hasta que la redistribución de distritos electorales complicó el panorama: Don Bacon, quien se retira en el 2do Distrito de Nebraska; y Mike Lawler, en el 17mo Distrito de Nueva York, y Brian Fitzpatrick, en el 1er Distrito de Pensilvania —y ambos enfrentan contiendas muy disputadas este año—.

Tras las batallas por el nuevo trazado de distritos electorales impulsadas por Trump, quien buscaba obtener más escaños para su partido, el número de republicanos que ocupan escaños en distritos con tendencia demócrata aumentó.

Cuatro contiendas en California, en distritos representados por republicanos, se volvieron más favorables para los demócratas. En uno de ellos, el congresista Kevin Kiley anunció que abandonaba al Partido Republicano para ejercer como independiente.

Y otro escaño ocupado actualmente por un republicano en Utah pasó a tener una tendencia demócrata tras una serie de disputas legales derivadas de la redistribución de distritos electorales allí.

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Los votantes, que enfrentan precios elevados y están indignados por una impopular guerra con Irán, decidirán este martes —en unas elecciones de mitad de mandato que servirán como referéndum sobre el segundo tramo del mandato del presidente Donald Trump— si provocan un cambio drástico en la distribución del poder en Washington.

Los demócratas se mostraban cautelosamente optimistas respecto de sus perspectivas al observar cómo los republicanos dedicaban la recta final de la campaña a inyectar decenas de millones de dólares en estados y distritos que Trump ganó con facilidad hace apenas dos años. Su apuesta es que el descontento por el incumplimiento de la promesa de Trump de frenar el aumento de los costos —sumado a la percepción de que el presidente ha estado más preocupado por embellecer la capital del país que por aliviar la carga económica de los ciudadanos al repostar combustible— desincentive la participación republicana y, al mismo tiempo, movilice a sus propios votantes hacia las urnas.

Los republicanos confiaban en que su abrumadora ventaja financiera les ayudaría a contener la tendencia, pero se preparaban para la posibilidad de perder el control de la Cámara de Representantes y luchaban por retener el Senado; un escenario que, a principios de año, parecía poco probable, dado que el mapa electoral se consideraba mayoritariamente favorable a su partido.

No obstante, los márgenes son estrechos en ambas cámaras y basta con uno o dos escaños para inclinar la balanza. Los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños en el Senado para alcanzar la mayoría, un objetivo difícil de lograr ya que muchas de las contiendas más reñidas tienen lugar en estados históricamente republicanos. En la Cámara de Representante, sólo necesitan tres.

FUENTE: AP

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