El verdadero peligro del siglo XXI es la alianza entre capitalismo y comunismo. Este último no murió con la caída del muro de Berlín, sino que se adaptó, renunció a su propósito de enterrar al primero e inició un proceso camaleónico. El comunismo es un éxito de control social y político, pero un fracaso económico, de modo que ha mutado para aliarse con la libre empresa. Es decir, con aquellos que una vez pretendieron borrar de la faz de la tierra.
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La gran alianza
Para los empresarios ha resultado, por el momento, un buen negocio, un mefistofélico trato que les libra de las incomodidades que acarrea la libertad: reclamos salariales, exigencias ambientales, o huelgas obreras. Para los comunistas resulta también un trato ventajoso: mantienen el control absoluto del poder político mientras garantizan a la masa ese mínimo de prosperidad que la economía centralizada es incapaz de proveer. Los principales socios de este experimento son esos millones de seres apolíticos a los que les da lo mismo quién gobierne a cambio de una vida elemental pero segura.
China y Vietnam son los principales ejemplos de esta nueva y peligrosa alianza. Es lo que quieren hacer en Cuba, pero con recelo norcoreano. Es lo que en el fondo propuso la estrategia de Obama. Y es una alianza peligrosa porque socaba la democracia occidental: de modo que podría ser Estados Unidos quien termine imitando a China y no la inversa. El crecimiento inflacionario del tamaño del Estado, el exceso de regulaciones y el aumento exponencial del gasto público se traducen en una reducción evidente de libertades.
Esperemos que mañana, cuando El presidente Trump llegue a Miami, se anuncie la reversión de este proceso. Ya no se trata de derrocar el castrismo, se trata de impedir que se nos cuelen aquí.
FUENTE: Juan Manuel Cao / Americateve.com
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