OPINION | Viengsay se olvidó de bailar

Tardó poco en que la bailarina se convirtiera en una vulgar burócrata.

Acomodada en una poltrona tras su escritorio de directora general del Ballet Nacional de Cuba, Viengsay Valdés se olvidó de bailar.

La heredera designada por la propia Alicia Alonso se puso del lado equivocado de la historia, al justificar la represión desatada por el régimen contra los jóvenes artistas que el pasado 27 de enero se concentraron frente alMinisterio de Cultura.

“Claramente una provocación y una afrenta a nuestras instituciones y a Martí, un ser extraordinario que supo alertarnos de las peligrosas intenciones de Estados Unidos hacia Cuba y Nuestra América. Quienes sirven a esos intereses, lejos de honrarlo, lo mancillan. Para mí, está claro que no existía intención de diálogo, solo de crear disturbios contra el escudo de nuestra Revolución: la Cultura”, señaló en sus redes sociales Valdés, en un alarde de abyección aprendida de su vieja mentora.

Pero son otros tiempos y Viengsay no es Alicia, a la que no se le podía tocar ni con el pétalo de una rosa.

Las críticas le cayeron como aguacero de mayo, merecidas para quien cambió el escenario por la oficina, se olvidó de sus orígenes artísticos y decidió apostar por la incultura de la represión.

“A mí no me sorprende que Viengsay Valdés defienda la canallada del Ministro de Cultura Alpidio Alonso y sus viceministros Fernando León Jacomino y Fernando Rojas. Valdés ya no es solamente una prima ballerina, es ahora funcionaria, dirigente”, dijo la actriz Lynn Cruz.

“Ahora bien, no sé si será consciente de apoyar la actitud corrupta que aparece en las imágenes. Un funcionario público no es eso que yo vi en la calle 2 entre 11 y 13 en la localidad del Vedado. La actitud de Alonso, de León y de Rojas dejó clara su defensa a un pequeño grupo en el poder, visto que esas personas que se encontraban afuera, artistas, periodistas e intelectuales representan el sentimiento de los cientos que estuvimos el pasado 27 de noviembre de 2020”, añadió Cruz.

“No se dialoga con adoctrinados que apoyan dictaduras ni con indiferentes que se creen inteligentes. No digo que no se deba, es que no se puede”, expresó por su parte el ilustrador Alex Lauzán.

Asimismo, la curadora y crítica de arte Elvia Rosa Castro manifestó que “como mismo las bailarinas del ballet cubano están entrenadas para la disciplina del cuerpo y la repetición acrítica y autómata de movimientos, gestos y coreografías, años tras años, de igual modo su directora repite como papagayo lo que lee o le dictan. Ni siquiera el hecho de que haya mujeres jóvenes, más talentosas que ella, puesto que piensan de manera autónoma, en ese grupo la detiene en su desatino”.

Nada que hacer. Alicia moldeó a Viengsay a su imagen y semejanza, talento artístico plegado a la maldad del poder desde Batista a Castro, con ceguera incluida, aunque mientras la de la prima ballerina absoluta era literal, la de su heredera es de un cinismo voluntario de quien prefirió mirar hacia otro lado.

Sólo queda la esperanza de que, por no mirar de frente el camino, se desparrame de un tropezón. Y a diferencia de Alicia, no habrá quien trate de ayudarla a detener su caída.

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