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Cambio de liderazgo en el Canal de Panamá: Ilya Espino, primera mujer que asume la administración

CIUDAD DE PANAMÁ (AP) — La ingeniera naval Ilya Espino de Marotta asume el lunes como la primera mujer al frente de la administración del Canal de Panamá en un momento lleno de desafíos para el futuro de la importante ruta marítima.

Impulsada por su liderazgo al frente del multimillonario proyecto de ampliación la década pasada, Espino deja la subadministración para tomar el mando pleno del canal, un rol que sólo ocuparon tres panameños desde el traspaso de la ruta interoceánica por parte de Estados Unidos a fines de 1999.

Para esta ingeniera de 64 años, casada y con tres hijos, su llegada al máximo cargo del canal —motor de la economía panameña y que mueve casi el 3% del comercio marítimo mundial— es una muestra de la capacidad de las mujeres para puestos de dirección en la industria.

A lo largo de más de 40 años ella llegó a ocupar posiciones de creciente responsabilidad en áreas técnicas, operativas y de liderazgo.

Poco antes de asumir, Espino dijo en una entrevista con The Associated Press que su “prioridad” será seguir avanzando en el proyecto para construir un embalse en río Indio en la cuenca hidrográfica del canal, que costará 1.500 millones de dólares y que busca asegurar agua para el consumo del 50% de la población del país centroamericano de más de cuatro millones de personas y ayudar en la futura operación de la ruta, abierta por Estados Unidos en 1914.

La Junta Directiva del canal la había asignado justo a ella para liderar ese plan por un costo de 1.500 millones de dólares, que entre otras cosas incluye el reasentamiento de comunidades y temas ambientales. Es el proyecto más grande desde la expansión de la vía, que abrió operaciones en junio de 2016 y superó los 5.250 millones de dólares. Las autoridades esperan tenerlo listo el embalse a fines de 2031 o 2032.

Para Espino, el objetivo es garantizar el consumo de agua futuro sin perder confiabilidad ante la industria naviera. Si los clientes perciben que el canal no está buscando una solución hídrica de largo plazo, advirtió, podrían trasladar sus cargas hacia otras rutas.

Ese proyecto, que ha generado protestas de ciertas comunidades, toma mayor relevancia en momentos en que el canal enfrenta otro episodio de escasas lluvias producto del fenómeno de El Niño, que llevó recientemente a las autoridades de la vía a restringir el número de barcos que cruzan diariamente por la ruta entre el Atlántico y el Pacífico y viceversa.

Como segunda en el escalafón del canal detrás del saliente administrador Ricaurte Vásquez, ella vivió la tensión generada por los reclamos y advertencias respecto al canal vertidas por el presidente Donald Trump antes y después de asumir su segunda mandato.

Trump llegó a amenazar con la posibilidad de retomar el control del canal argumentando la influencia china en la vía y el trato injusto que según él recibían las navieras de su país. La vía no ha escapado de las tensiones comerciales de Estados Unidos y China. La justicia del país declaró inconstitucional la concesión de los puertos en ambas entradas que tenía un consorcio de Hong Kong, posterior al anuncio de la adquisición de esos y otros puertos por parte de un fondo de inversión estadounidense que está estancada.

Espino dijo a la AP que su responsabilidad en los próximos siete años al frente del canal será mantener la operación “eficiente, neutral y transparente”. Aclaró que de las cuestiones diplomáticas se encarga el Estado panameño.

Liderar la ampliación de un tercer juego de esclusas para buques más grandes, marcó su carrera a futuro. En ese proyecto estuvo vinculada a áreas como seguridad, ambiente, documentación histórica y controles de proyectos, además enfrentó contratos complejos, arbitrajes, paralizaciones de obras y negociaciones con contratistas internacionales.

“Después que uno pasó un programa de ampliación, todo es posible”, rememoró en la entrevista. “El hecho de haber liderado la ampliación me abrió puertas a nivel internacional”, acotó. Refirió que fue invitada por la Real Academia de Ingeniería de Londres, participó en un panel junto al diseñador del Burj Khalifa y forma parte del jurado del Premio Reina Isabel de Ingeniería.

Ella recuerda que decidió utilizar un casco rosado durante los trabajos como un mensaje interno y en respuesta a quienes dudaban de su capacidad en el proyecto, lo que terminó convirtiéndose en un símbolo internacional de liderazgo femenino. “Eso mandó un mensaje al mundo”, destacó.

FUENTE: AP

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