“Los médicos me dijeron que si sobrevivía los primeros tres días, todo estaría bien", cuenta Nekhoroshyva, con lágrimas en los ojos. "No creo en Dios, pero estaba rezando”.
Al tiempo que Ucrania combate la invasión rusa, algunas regiones reportan más partos prematuros
ZAPORIYIA, Ucrania (AP) — Cuando Marharyta Nekhoroshyva vio por primera vez a su hijo recién nacido, el miedo se apoderó de ella. Nació tras apenas 26 semanas de embarazo, pesaba sólo 940 gramos (2 libras) y usaba pañales no más grandes que la palma de la mano de un adulto.
Ahora, con 9 meses, Mark es enérgico y vivaz, pero tiene problemas respiratorios crónicos y requiere hospitalizaciones frecuentes.
Nekhoroshyva debe lidiar con la enfermedad de su hijo al tiempo que vive bajo la amenaza constante de ataques en la ciudad ucraniana de Zaporiyia, donde los hospitales tapan sus ventanas con tablones porque las ondas expansivas de los ataques rusos suelen hacer añicos los cristales. Lo hace sola, pues su esposo combate en la guerra.
En Ucrania está aumentando el número de bebés que nacen prematuramente —antes de las 37 semanas de embarazo—, en particular en regiones cercanas a las líneas del frente, donde en algunas zonas las tasas casi se han duplicado desde que el conflicto comenzó con la invasión rusa en 2022.
Los expertos señalan que las razones de los partos prematuros son complejas, pero el profundo estrés psicológico y físico que la guerra está infligiendo a las madres embarazadas está contribuyendo. El delicado trabajo de mantener con vida a los recién nacidos frágiles se vuelve aún más difícil por el conflicto.
Cuando sus bebés están en el principal hospital infantil de Zaporiyia, Nekhoroshyva y otras madres bajan con sus hijos al refugio cada noche. En los pasillos estrechos y con poca luz, los mecen y los calman hasta que se duermen.
Aunque en Ucrania, en general, menos mujeres están dando a luz debido al desplazamiento, la emigración y otros factores durante la guerra, una proporción creciente de los nacimientos es prematura, según datos de Naciones Unidas y estudios científicos recientes.
En la región sureña de Jersón, la tasa de nacimientos prematuros casi se duplicó, al pasar de 5,4% en 2019 a 9,8% en 2025, según la ONU. En la región de Zaporiyia, también en el sur, subió de 5,7% en 2019 a 7,6% en 2025. En Poltava, una región del noreste de Ucrania, la tasa aumentó de 7,7% a 9,8% en el mismo periodo.
La línea del frente atraviesa tanto Jersón como Zaporiyia, donde son frecuentes los ataques contra zonas residenciales. Poltava está a cierta distancia del frente, pero a menudo es alcanzada por ataques aéreos.
Los expertos indican que el vínculo entre el estrés materno y el parto prematuro es complejo, pero un conjunto creciente de investigaciones sugiere que la tensión psicológica prolongada incrementa el riesgo de que los bebés nazcan antes de tiempo. Podría estar relacionado con un mayor riesgo de infección, un desencadenante conocido del trabajo de parto prematuro, explicó el médico Andrew Weeks, profesor de atención materna internacional en la Universidad de Liverpool.
“El parto prematuro está muy influido por las infecciones. Y si no puedes llegar a un lugar donde te hagan un diagnóstico y te den el tratamiento adecuado a tiempo, entonces en realidad la probabilidad de entrar en trabajo de parto prematuro es mayor”, explicó Weeks.
No sólo están aumentando los nacimientos prematuros en Ucrania; también lo hacen las cesáreas de emergencia y otras complicaciones, señaló Isaac Hurskin, portavoz del Fondo de Población de Naciones Unidas.
“Estamos viendo este vínculo real entre el estrés agudo y las complicaciones relacionadas con el parto y el embarazo”, comentó Hurskin.
Esas complicaciones podrían agravar una crisis demográfica. La tasa de fertilidad de Ucrania ha caído hasta situarse entre las más bajas del mundo, descendiendo a aproximadamente un hijo por mujer en los últimos tres años —muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1—, indicó Hurskin.
Dentro de una incubadora en la unidad de cuidados intensivos del hospital de maternidad de la ciudad de Zaporiyia yace un bebé nacido a las 30 semanas y que pesa solo 700 gramos (1 libra, 9 onzas), muy por debajo del umbral de 2.500 gramos (5 libras, 8 onzas) que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica como bajo peso al nacer.
Su diminuto cuerpo se mantiene con vida dentro de la incubadora con temperatura controlada. Vías intravenosas le suministran nutrientes y medicación, mientras un ventilador la ayuda a respirar. La incubadora está cubierta con una manta para proteger sus ojos frágiles, en desarrollo, de las duras luces fluorescentes de la sala.
El tratamiento se centra en ayudar a los bebés prematuros a ganar peso y, con el tiempo, a respirar por sí solos, pero las complicaciones pueden ser numerosas, explicó el médico Andrii Lobanov, jefe de cuidados intensivos neonatales del hospital infantil de Zaporiyia. Los niveles de oxígeno, por ejemplo, deben controlarse con precisión debido al riesgo de crecimiento anormal de vasos sanguíneos en los ojos, lo que puede provocar ceguera en casos graves.
Incluso después de salir de cuidados intensivos, los niños nacidos prematuramente a menudo requieren atención a largo plazo —posiblemente de por vida— por afecciones respiratorias, neurológicas, del desarrollo o relacionadas con el sistema inmunitario.
Eso supone una carga para países con escasez de recursos como Ucrania.
“Es muy caro y, por supuesto, un país en situación de guerra tiene que decidir en qué va a gastar, así que los servicios hospitalarios inevitablemente se ven afectados. Tanto literal como metafóricamente”, indicó Weeks.
Las sirenas antiaéreas se han convertido en parte de la vida cotidiana dentro de las unidades de cuidados intensivos neonatales. Cuando suenan, los médicos se quedan junto a los bebés en lugar de llevarlos corriendo a los refugios, conscientes de que mover a los recién nacidos frágiles podría ser aún más peligroso. Además, las sirenas suenan con demasiada frecuencia como para detener el trabajo cada vez.
La doctora Nataliia Bohuslavska, jefa de la unidad neonatal del hospital de maternidad de Zaporiyia, comenzó un día el mes pasado con alertas antiaéreas que advertían de ataques con misiles entrantes. Por la tarde, una bomba planeadora rusa había impactado en una zona comercial de la ciudad, matando al menos a 12 personas.
La atención continuó en todo momento: los médicos realizaron dos cesáreas y asistieron un parto, al tiempo que atendían a una mujer de 42 años que sufrió un aborto espontáneo tras presenciar un ataque aéreo.
Al día siguiente, una bandera negra ondeaba junto a la entrada del hospital en señal de duelo por los fallecidos.
Bohuslavska conoce a cada madre de su sala por su nombre de pila: sus casos complicados, sus miedos y sus diminutos bebés que luchan por sobrevivir. Bohuslavska ha trabajado en el hospital durante 26 años y ella misma nació allí.
La guerra agrava las dificultades que experimenta cada mujer embarazada a la que atiende, explicó.
“Se pregunta en qué tipo de mundo nacerá su hijo, en qué condiciones ocurrirá el parto y si será un momento de alegría o uno dominado por el miedo, con proyectiles explotando cerca”, lamentó Bohuslavska.
Muchas madres soportan la experiencia solas cuando sus esposos combaten.
“Cuando una paciente llama para decir que su esposo ha muerto en la guerra, lo único que puedo decirle es: ‘Venga con nosotros. Nosotros la cuidaremos’”, relató Bohuslavska.
“Tenemos que apoyarla constantemente, para que incluso en medio de esta terrible pérdida pueda encontrar la fuerza para darle una oportunidad a una nueva vida y salvar a su bebé”, añadió.
Para Mariia Skladan, por fin había llegado el momento de volver a casa.
Su hija, Elina, nació en enero con apenas 26 semanas, y pesó 740 gramos (1 libra, 10 onzas). Cinco meses después, tras crecer hasta unos saludables 3,5 kilogramos (casi 8 libras), los médicos dijeron que estaba lo suficientemente fuerte como para recibir el alta.
Skladan padece una rara enfermedad hepática y los médicos le advirtieron que haría casi imposible que concibiera. Su embarazo fue considerado un milagro, dijo Bohuslavska.
“Si hay una guerra, ¿qué significa? ¿No vivir? Quieres seguir adelante”, preguntó Skladan.
Cuando ella y Elina salieron del hospital de maternidad, su familia las esperaba con flores. Skladan rompió a llorar de alegría.
Pero el alivio duró poco.
Al día siguiente, Elina volvió a cuidados intensivos tras contraer un virus durante la noche.
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El periodista de The Associated Press Volodymyr Yurchuk contribuyó a este despacho desde Kiev, Ucrania.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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