Este auge global ha traído nuevas oportunidades a las zonas rurales, pero también ha impulsado la producción hacia una escala más industrial aumentando la presión sobre los bosques, el agua y los métodos tradicionales.
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Productores de mezcal en Oaxaca hablan del auge de esta bebida
SOLEDAD SALINAS, México (AP) — En los Valles Centrales de Oaxaca los productores indígenas de mezcal ven cómo un destilado que antiguamente se consideraba la bebida de los pobres está llegando mucho más allá de sus comunidades.
Durante la última década la demanda de mezcal ha crecido rápidamente a medida que marcas internacionales han promovido su imagen artesanal. La producción ha pasado de un millón de litros en 2010 a más de 11 millones en 2024, impulsada en gran medida por la demanda de Estados Unidos, su mayor mercado en el extranjero.
El mezcal proviene de la planta de agave, conocida también como maguey en México. La especie más utilizada para el mezcal comercial es el agave espadín debido a su relativa rapidez de maduración de unos seis años, aunque las botellas más exclusivas se elaboran con variedades silvestres más difíciles de encontrar como cuish y tobalá.
Gran parte de esta bebida sale ahora de Oaxaca, que produce cerca del 90% del mezcal de México, para servirse en bares desde Nueva York hasta Tokio.
Siete personas que trabajan en la industria del mezcal explican cómo esta rápida transformación ha cambiado sus vidas, sus comunidades y su relación con la tierra.
Luis Cruz Ruiz, 62 años, productor en San Luis del Río
“Antes la gente de este pueblo vivía en casitas de pasto. Luego pudieron construir con lámina y ahora están hechas de cemento. Sobrevivimos gracias al maguey. Mis hijos han podido ir a la universidad gracias al maguey”.
Félix San Germán, 58 años, granjero de agave en Nejapa de Madero
“Hubo un tiempo en el que vendíamos muchas piñas de maguey a Jalisco. Venían aquí y se llevaban camiones enteros. Ahora ya no han venido hace tiempo pero se las vendemos a las marcas grandes que nos pueden pedir hasta 50 toneladas de piña a la semana”.
Félix Monterrosa Hernández, 37 años, productor en Santiago Matalán
“El mezcal no es un negocio para nosotros, pero es una forma de supervivencia. Nos pasamos tantos años plantando maguey, cuidándolo, cultivándolo, para al final vender un litro por 150 pesos (8 dólares). Eso no es negocio”.
Luis Cruz Velasco, 32 años, productor en San Luis del Río
“Hay mucha gente que nos critica y pregunta qué hacemos para reforestar el bosque y pues si sabemos que afecta, pero tenemos que buscar el sustento y la comida. Si el gobierno nos diera más apoyo después de todos los impuestos que pagamos, pues no tendríamos que depender sólo del maguey”.
Armando Martínez Ruiz, 52 años, productor en Soledad Salinas
“En mi caso yo he tenido una marca desde hace seis años, pero es muy difícil exportarla o tener un distribuidor. Por eso las marcas grandes vienen y básicamente nos pisan muy fácil, porque ellos ya tienen todo el mercado”.
Edgardo Martínez Santiago, trabajador en Las Ánimas
“He estado trabajando en el maguey unos cinco años ahorita. Cortamos unas ocho toneladas, pero a veces hasta 20. Casi todos vivimos de esto y es beneficioso para todo el pueblo porque tenemos más economía que cuando yo era chamaco (niño)”.
Gladys Sánchez Garnica, 33 años, productora en San Pedro Totolápam
“De un dia para otro talaron montañas enteras para plantar el espadín. Aquí en nuestra comunidad eso no pasa porque estamos trabajando en tener un área protegida”.
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FUENTE: AP
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