Legisladores del propio partido gobernante obligaron al primer ministro Malcolm Turnbull a renunciar porque, dijeron, la mayoría le había perdido la confianza. Turnbull es el cuarto mandatario destituido por su partido desde 2010, en un período de inestabilidad política que enfurece a la mayoría de los australianos.
Morrison tomó distancia del alboroto al asegurar que no fue parte de la campaña encabezada por su correligionario Peter Dutton para destituir a Turnbull a lo largo de cuatro caóticas jornadas, provocada por un enfrentamiento entre la ultraderecha y los moderados del partido.
“Proporcionaremos la estabilidad y la unidad y el liderazgo y la resolución que el pueblo australiano espera de nosotros”, dijo Morrison a la prensa.
“La tarea de gobierno continúa. Quiero asegurar a todos los australianos que las ruedas normales están girando”, añadió.
La guerra civil política provocó consternación en un empresariado e industria que aguardan cruciales reformas energéticas e impositivas. Además, avergüenza a una nación que siempre ha presumido de ser una democracia estable y segura en la que es bueno invertir.
No estaba claro si alguien reemplazará a Turnbull en un viaje importante que había previsto la semana próxima a los vecinos regionales Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam y que debía culminar en un foro anual de 18 naciones del Pacífico el 5 de septiembre en Nauru.
FUENTE: Associated Press