El atentado terrorista con más víctimas que sufre Túnez en más de una década arrancó a los vecinos de su rutina y se cobró las vidas de visitantes que suponen una parte importante de los ingresos en el país norteafricano de 11 millones, que trabaja en su transición democrática. Testigos, víctimas y un agente policía narraban después el repentino ataque.
El ataque del miércoles en el Museo Nacional Bardo, reivindicado por el grupo Estado Islámico que ansía llevar más allá de Siria e Irak su sanguinaria influencia, recibió la condena inmediata de muchos líderes mundiales, así como promesas de los líderes y ciudadanos tunecinos de que no cederán al terror.
Para Mohamed Ali, un padre de 42 años, desempleado y con dos hijos que vive en el barrio de Bardo, el episodio puso fin a un paseo familiar al zoológico. Mirando a través de una alta cerca que rodea la finca del museo junto al Parlamento, vio a dos hombres que sacaron armas automáticas de bolsas y caminaron tranquilamente al interior, abriendo fuego sobre los turistas que estaban en un autobús o bajaban del vehículo.
"Había policía en un lado del autobús, y los terroristas se escondían al otro lado", dijo a Associated Press en una entrevista en el popular café de La Gazelle, al otro lado de la calle, un día después del suceso. "Hubo un intercambio de fuego, y los hombres armados se refugiaron en el museo".
Un capitán de policía recordó hablando con AP cómo a las 12:17 oyó el sonido de los disparos y acudió a la entrada del museo, donde una mujer yacía herida en el suelo empedrado y otras dos personas habían caído sobre un jardín cercano. Una visitante francesa con la rodilla vendada dijo después a France 2 Television que sólo había sobrevivido porque una persona que tenía delante había recibido un balazo en la cabeza.
El capitán de 50 años, con tres brillantes estrellas en el pecho de su chaleco anti balas, dijo que al menos un agresor se abrió paso hasta el tejado. El capitán y al menos uno de sus colegas dispararon hacia arriba para cubrir a un auto de policía que se llevó a toda prisa a un visitante herido en la cadera.
El jueves, el oficial volvía a estar de guardia en el lugar mientras cientos de personas se manifestaban ante el museo para condenar y desafiar el terrorismo en Túnez. El agente declinó dar su nombre, insistiendo en que sólo había cumplido con su deber no quería que se lo asociara públicamente con el ataque.
Tras los primeros disparos, autos de policía y ambulancias acudieron al lugar y un helicóptero sobrevolaba la zona. Las fuerzas especiales llegaron después. Aparte de los agresores, el único tunecino que murió fue un agente de las fuerzas especiales que, indicó el capitán, había sido padre poco antes.
Según varios testimonios, el fin del asedio no duró más de una hora y las fuerzas especiales abatieron a los atacantes en el interior. Decenas de turistas —algunos de ellos padres con niños pequeños en carros— huyeron corriendo por las escaleras a un edificio cercano para buscar refugio.
Una pareja española, Juan Carlos Sánchez y Cristina Rubio, se habían escondido en un pequeño cuarto en el museo tras ver a un hombre que huía y pasaron allí la noche, pensando que podría haber agresores aún en el lugar. Rubio, que está embarazada, resultó ilesa y dijo después al ministro tunecino de Sanidad en el ala de maternidad de un hospital que las pruebas indicaban que la niña que espera se encontraba bien.
De los 20 extranjeros fallecidos, 17 eran pasajeros de cruceros. Entre los muertos había ciudadanos japoneses, franceses, italianos, británicos, polacos, españoles, australianos, polacos y belgas, según el Ministerio de Sanidad, y varios seguían sin identificar.
Se trata del atentado con más víctimas que sufre Túnez desde que un miliciano de al-Qaida detonó un camión bomba ante una histórica sinagoga en la isla turística de Djerba en 2002, matando a 21 personas, la mayoría turistas alemanes.
Mohamed Aziz Smiri, que vive en Túnez, dijo que vio la evacuación del museo y oyó a la policía asegurando que la situación estaba bajo control. Los extremistas, señaló, solían atacar a las fuerzas de seguridad en el rural oeste del país cerca de Argelia.
"Cada vez que matan a fuerzas de seguridad tunecinas, y ahora turistas", dijo. "Es haram (un pecado), vinieron como invitados a nuestro país. Yo no quería eso para ellos, me apena, estamos tristes (...) ¿Qué nos habían hecho?".
FUENTE: Associated Press