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Miles huyen de la sequía prolongada en Somalia mientras el hambre se agrava y la ayuda se reduce

BAIDOA, Somalia (AP) — Tras casi dos semanas en la carretera con sus cinco hijos, Luul Mohamed llegó a la ciudad de Baidoa, en el suroeste de Somalia, sin comida y sin saber muy bien qué ocurriría después.

La sequía había obligado a Mohamed y a su familia a abandonar Saakoow, una localidad de la región de Medio Juba a más de 300 kilómetros (186 millas) de distancia. Se desplazaron de pueblo en pueblo antes de llegar, el 3 de agosto, a Baidoa, que se ha convertido en un importante punto de concentración para quienes huyen de la sequía, la inseguridad y la escasez de alimentos.

“Tenemos mucha hambre y estamos en una situación desesperada", afirmó Mohamed. "No tenemos nada para comer y solo podemos poner nuestra esperanza en Dios, ya que Él es quien nos sostiene a través de esta dura prueba que culminó en nuestro viaje”.

El viaje de esta familia es un ejemplo de una emergencia humanitaria cada vez más grave en Somalia, donde años de sequía, conflicto y presiones económicas están empujando a más familias de comunidades rurales hacia campamentos de desplazados a medida que aumenta el hambre y se reduce el financiamiento humanitario.

Unos dos millones de personas enfrentan niveles de inseguridad alimentaria de emergencia, más del doble de la cifra registrada el año pasado, según Plan International, que ha brindado asistencia a más de 200.000 personas en en el país este año. La organización humanitaria y la Agencia de Gestión de Desastres de Somalia piden un aumento de la ayuda internacional, ante la preocupación de que la crisis pueda agravarse por otro fenómeno climático más adelante.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura proyectó para Somalia una probabilidad superior al 90% de que se desarrollen condiciones de El Niño a partir de mediados de 2026 y se intensifiquen durante la temporada de lluvias —que va de octubre a diciembre—, lo que conllevaría un grave riesgo de inundaciones.

Somalia es altamente vulnerable a los fenómenos meteorológicos extremos y ha sufrido ciclos repetidos de sequías prolongadas seguidas de inundaciones destructivas. Estas crisis han erosionado el medio de vida de la población, desplazado comunidades, contribuido a brotes de enfermedades y empeorado la inseguridad alimentaria.

En Baidoa, cientos de miles de personas que huyen de la prolongada sequía se han congregado en extensos asentamientos de desplazados en las afueras de la ciudad.

Una de ellas, Habiba Adan, huyó de su hogar en Awdiinle, en la región de Bay, después de que cuatro años consecutivos de sequía destruyeran los cultivos y mataran al ganado. Con el tiempo se trasladó a Baidoa con sus dos hijas mayores y ahora vive en un campamento para desplazados.

A Adan le gustaría regresar a casa, pero explicó que la sequía persistente y las cosechas fallidas allí han dejado a las familias con pocas perspectivas de reconstruir sus vidas.

“La sequía que estamos viviendo se ha prolongado durante cuatro años consecutivos y este, la mayoría de los cultivos han vuelto a quedar diezmados", aseguró Adan. "Los agricultores solo pudieron cosechar lo suficiente para sembrar sus campos para la próxima temporada, lo que deja nuestro futuro sombrío. Aquí, en estos campamentos, nos falta comida y ayuda básica. No tenemos alimentos, agua ni dinero, y nos quedamos sin hacer nada”.

Según Plan International, la ciudad alberga a unos 1,6 millones de personas, casi la mitad de ellas desplazadas. Una de cada cinco familias carece de acceso fiable al agua, que es uno de los desafíos más inmediatos que enfrentan los desplazados, apuntó. Cada vez más, se ven obligados a comprar agua transportada en camiones a precios elevados que muchos simplemente no pueden permitirse.

Reena Ghelani, directora ejecutiva global de Plan International, visitó Baidoa la semana pasada, se reunió con familias desplazadas por la sequía y visitó una sala de desnutrición en la región de Bay.

Según Ghelani, muchas de las familias con las que estuvo intentaron quedarse en sus comunidades durante años sucesivos de sequía, y que solo se marcharon cuando se les agotaron los recursos.

Muchas huyeron “después de esperar y esperar año tras año de sequía, limitándose a sobrevivir”, comentó. “Y ahora dicen que no les queda nada. No tienen agua. No tienen reservas. Los animales han muerto. Literalmente, ya no les queda nada”.

El aumento de los precios está ejerciendo una presión adicional sobre familias que ya tienen dificultades para encontrar comida suficiente, agregó Ghelani.

Datos publicados en mayo por la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria, un sistema mundial de monitoreo del hambre, mostraron que aproximadamente la mitad de los menores de 5 años en Somalia enfrentaban desnutrición aguda.

Plan International, citando a Save the Children, indicó que el número de niños que reciben tratamiento por la forma más peligrosa de desnutrición en Baidoa casi se triplicó en seis meses.

El doctor Omar Abdikarin, nutricionista en la ciudad, explicó que los pacientes llegan para recibir tratamiento desde Bay, así como desde las regiones vecinas de Bakool y Gedo.

“La desnutrición es frecuente en esta región, y la mayoría de los pacientes atendidos en este hospital padecen desnutrición”, aseveró.

Los riesgos para la salud van más allá de la desnutrición. Ghelani dijo que encontró niños afectados por brotes de difteria, sarampión, malaria, cólera y diarrea aguda.

La posibilidad de fuertes lluvias más adelante este año supone una nueva amenaza para comunidades que ya enfrentan múltiples crisis. Las intensas precipitaciones y las inundaciones podrían arrasar viviendas y tierras de cultivo, contaminar el agua potable y obligar a las familias a un nuevo traslado. Las agencias de ayuda advierten que las condiciones previstas de El Niño agravarán la crisis para incontables familias antes de que hayan tenido tiempo de recuperarse de la sequía prolongada.

Para las familias que llegan a Baidoa, como la de Mohamed, la cuestión más urgente es dónde encontrar agua potable y comida.

Mohamed contó que su esposo se había ido a granjas en las afueras de la ciudad, en busca de trabajo o de algo para que sus hijos comieran. Un día después de llegar a la ciudad, todavía esperaba saber si su esposo regresaría con buenas noticias.

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Faruk informó desde Mogadiscio, Somalia.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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