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“Matonismo” sacude la política de Kenia mientras crece el temor a una elección violenta

NAIROBI, Kenia (AP) — La palabra política del momento en Kenia es “matonismo”, que los líderes nacionales usan con frecuencia para expresar su molestia por las pandillas que intimidan a quienes realizan actividades políticas a las que se oponen.

Los partidarios del presidente William Ruto, que busca un segundo mandato en las elecciones del próximo año, usan la expresión para describir la violencia política que las autoridades no tolerarán. Figuras de la oposición la emplean para condenar lo que consideran tácticas de campaña agresivas —y arteras— de Ruto.

A veces puede parecer como si el matonismo se enfrentara al matonismo, un giro indeseado en esta nación de África Oriental, donde la disputa por el poder político se vuelve cada vez más enérgica y teñida de una sensación de peligro.

Muchos kenianos dudan del compromiso de Ruto con los valores religiosos que defendía antes de llegar al poder en 2022.

El mandatario prometió impulsar una especie de nación cristiana renacida, temerosa de Dios y en paz consigo misma.

Pero, como presidente, parece haberse beneficiado de la anarquía que ahora es un azote nacional, mientras líderes religiosos y políticos advierten que la violencia política amenaza los avances democráticos. Sus críticos sostienen que ese caos se debe en parte al estilo de liderazgo inflexible de Ruto.

“Matones, matones, matones”, gritó el predicador Wilfred Lai en un reciente sermón dominical en el que lamentó lo que le había ocurrido a Kenia. “A todo el que quiera gobernar este país con ese tipo de cosas, le digo como profeta de Dios: caerá”.

“No puedes usar matones y decirnos que nos estás llevando a un lugar mejor. Eres un mentiroso y la verdad no está en ti”, añadió.

Aunque Lai, pastor de una megasiglesia en la ciudad costera de Mombasa, no mencionó a Ruto por su nombre, muchos kenianos sospechan que pensaba en el presidente cuando pronunció ese sermón, partes del cual se compartieron en internet.

Lai es uno de los predicadores evangélicos que respaldaron a Ruto cuando era vicepresidente y buscaba reemplazar al presidente Uhuru Kenyatta, cuyo apoyo no tenía. En ese momento, Ruto era visto por muchas personas como un político piadoso.

Ruto afirmaba que luchaba por los desfavorecidos, por quienes con su trabajo manual ponían comida en la mesa. El líder, apodado “Nabii”, que en kiswahili significa “profeta de Dios”, decía que había llegado tan alto en la política por la gracia de Dios, a diferencia de rivales a los que retrataba como los hijos privilegiados de dinastías políticas. Ruto ganó en una contienda reñida.

Para muchos de sus partidarios, sin embargo, Ruto cambió en cuanto ganó la presidencia.

Aunque siguió yendo a la iglesia los domingos, algunos notaron que dejó de llevar la Biblia y ya no la citaba con regularidad. Su decisión de demoler una capilla dentro del complejo de la casa de gobierno para reemplazarla por una instalación moderna fue criticada por algunos como un acto de autoengrandecimiento. Otros vieron una traición en sus agresivas medidas del impuesto sobre la renta, adoptadas meses después de su investidura.

Miles de jóvenes salieron a las calles de Nairobi, la capital, obligando a las autoridades a retirar algunas propuestas tributarias, aunque sin enfriar del todo la ira popular. Más tarde, Ruto enfrentó más protestas, desencadenadas por la muerte bajo custodia policial de un bloguero.

Aunque las protestas no lograron sacar a Ruto del poder, sí lo perjudicaron, por lo que se mostró decidido a mostrar fortaleza. Si bien su posición sigue siendo precaria de cara a la votación del próximo año, algunos de sus adversarios admiten que es astuto y aún difícil de derrotar.

Después de que un grupo de manifestantes irrumpiera en el edificio del Parlamento en 2024, Ruto prometió que algo así no volvería a ocurrir. El año pasado, ante manifestantes que sostenían pancartas con la frase “Ruto debe irse”, el presidente instó a la policía a “romper” las extremidades de los manifestantes y afirmó que no se iría a ninguna parte.

“Si seguimos este camino, no tendremos país”, declaró Ruto en un mensaje televisado. “El país nos pertenece a todos. Y si no hay país para William Ruto, no hay país para ustedes”.

Algunos interpretaron eso como una amenaza velada, y algunas figuras de la oposición sospechan que las pandillas que aparecen en actos opositores están patrocinadas por el Estado.

“Debemos decir no, colectivamente, al nuevo espectro, la nueva norma, del matonismo”, declaró a un medio local Kalonzo Musyoka, una destacada figura de la oposición. “Los matones son muy conocidos. Así que cualquiera que pretenda afirmar que esto es obra de una oposición unida, de verdad debería avergonzarse, incluso ante Dios, de que esto esté patrocinado por el Estado”.

Hombres armados con machetes y armas de fuego pueden disolver mítines políticos o impedir que comiencen. Mientras figuras de la oposición acusan a las autoridades de fomentar la violencia, el secretario del Interior, Kipchumba Murkomen, advirtió recientemente a los matones que “como el político no estará con ustedes cuando cometan el delito, iremos por ustedes”.

El presidente del Parlamento, Moses Wetang’ula, un aliado de Ruto, afirmó el mes pasado que “la cultura del matonismo no tiene cabida en una sociedad democrática”.

En un hecho notable ocurrido el mes pasado, un legislador opositor del oeste de Kenia fue agredido en un restaurante por hombres que cuestionaban sus posturas políticas. Las lesiones del senador Godfrey Osotsi requirieron hospitalización. El ataque provocó protestas en su zona de origen y fue condenado por líderes religiosos.

Ruto no ha dejado de recurrir a los líderes eclesiásticos —cuya influencia atraviesa las redes sociales— en su empeño por conservar el poder. Su decisión de dónde rezar un domingo determinado puede ser impredecible. A veces, líderes religiosos, desde metodistas hasta pastores pentecostales, se congregan cerca de él en la casa de gobierno.

Otros líderes religiosos se muestran críticos, una postura que se ha visto avivada más recientemente por el intercambio de insultos entre Ruto y su exvicepresidente, Rigathi Gachagua, quien se distanció del mandatario, fue destituido mediante juicio político y ahora lidera el movimiento Wantam para convertir a Ruto en un presidente de un solo mandato.

Sus diálogos pueden ser venenosos.

En marzo, después de que Gachagua dijera que Ruto es un ladrón que robaría una funeraria, el presidente lo calificó de “cerdo de sangre fría” que robó a su hermano.

Días después, el jefe de la conferencia local de primados católicos, el arzobispo Maurice Muhatia, reprendió a Ruto y a Gachagua en una reunión de obispos. “El desacuerdo está bien, pero insultarse en público es una vergüenza. Déjennos en paz”, señaló el prelado.

Las elecciones en Kenia suelen ser asuntos conflictivos. Hubo una pandilla violenta, conocida como Mungiki, que desempeñó un papel en la brutalidad mortal que se produjo tras las elecciones de 2007.

Esta vez existe una sensación generalizada de que hay más en juego, con un presidente que no dará marcha atrás. Algunos temen que Ruto esté rozando el autoritarismo, a diferencia de sus predecesores recientes.

Kenyatta, el cuarto presidente de Kenia, es un hombre jovial que toleró la oposición interna de Ruto mientras gobernaron juntos. Mwai Kibaki, a quien Kenyatta reemplazó, era un caballero que una vez convocó una conferencia de prensa para negar que tuviera una segunda esposa.

El actual presidente de Kenia es diferente, y el matonismo es “un producto de una teología de gánsteres” de la cual Ruto es el sumo sacerdote, dijo Christine Mungai, una escritora independiente radicada en Nairobi.

Ruto ha dominado “cómo representar la piedad en público” mientras que, al mismo tiempo, trabaja “para hacerle la vida más difícil a todo el mundo”, señaló.

No se sabe quién será el principal rival electoral de Ruto. Podría ser Musyoka o Fred Matiang’i, exsecretario de gabinete del Interior. Aunque es probable que Gachagua no sea elegible para postularse a la presidencia tras su destitución, su apoyo será crucial para la oposición.

Si Ruto y las figuras de la oposición no moderan su retórica, “la elección va a ser muy sangrienta”, advirtió Karuti Kanyinga, un académico keniano del desarrollo que es profesor visitante en el Stellenbosch Institute for Advanced Study en Sudáfrica. “Todos tendrán sus propias pandillas de protección”.

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La cobertura de temas religiosos de The Associated Press recibe apoyo mediante la colaboración de la AP con The Conversation US, con financiación de Lilly Endowment Inc. La AP es la única responsable de este contenido.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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