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Los regresos a Pittsburgh de McCarthy y Heidenreich se vuelven reales al iniciar la pretemporada

PITTSBURGH (AP) — El ambiente en torno a Mike McCarthy y Eli Heidenreich durante los últimos meses ha sido inmejorable. ¿Cómo no iba a serlo?

La oportunidad de que McCarthy dirigiera al equipo de su ciudad natal hizo llorar al entrenador de primer año de los Pittsburgh Steelers cuando lo contrataron en enero. La imagen del pasado abril de Heidenreich caminando hacia el escenario del draft con el uniforme de gala completo de la Marina, afuera del Acrisure Stadium —a apenas unos kilómetros del vecindario de Mount Lebanon donde creció—, parecía sacada de una película.

Sus respectivos regresos a casa han alimentado de sobra relatos de “cuento de hadas” durante una agitada temporada baja para los Steelers, que por lo general mantienen un perfil bajo. Y aunque el jueves por la noche habrá un poco de “oye, ¿de verdad está pasando esto?” cuando pisen el campo por primera vez como Steelers, mientras Pittsburgh recibe a Green Bay en el debut de la pretemporada, ambos son conscientes del baño de realidad que los espera bajo las luces.

“Naturalmente, hay algunas personas que podrían asumir que fue como dijiste, como una selección por ser de la ciudad o lo que sea, lo que sea que alguien quiera decir. Pero yo estoy aquí para jugar fútbol americano, y eso es todo”, comentó Eli Heidenreich.

Mejor así, porque pasar de ser una apuesta de séptima ronda tras una carrera récord en Navy —donde estableció marcas del programa en yardas recibidas y touchdowns por recepción en su trayectoria— a ganarse un lugar en el roster de la NFL requerirá mucho trabajo. Nadie lo sabe mejor que Heidenreich, de 1,83 metros y 93 kilos, quien desestimó con cortesía las comparaciones entre él y el corredor de los San Francisco 49ers y Jugador Ofensivo del Año de la NFL en 2023, Christian McCaffrey.

Ambos son más bien de complexión pequeña, claro. Y sí, ambos son escurridizos. Pero uno llegó a la liga como finalista del Trofeo Heisman y selección de primera ronda. Y ese no fue Heidenreich.

“Es un jugador fantástico y uno de los mejores que lo han hecho. Y es alguien a quien admiro y realmente trato de hacer lo mejor posible por modelarme a partir de él en ciertos aspectos. Pero sí, veo (las comparaciones) y sé que la gente se enciende bastante, para un lado o para el otro, con ellas”, afirmó.

Heidenreich no quiere saber nada de esa discusión. Está demasiado concentrado en intentar hacerse un hueco en Pittsburgh, donde su mejor oportunidad de evitar que lo corten por primera vez en su vida será como colaborador en equipos especiales.

Aunque conseguir repeticiones como corredor podría ser difícil —si bien Heidenreich prácticamente se ha pegado al entrenador del backfield, Ramon Chinyoung, desde que empezó el campamento—, su capacidad para eludir rivales podría convertirlo en una opción interesante como regresador de patadas.

No está claro si Heidenreich tendrá oportunidades contra los Packers frente a decenas de amigos y familiares que harán el corto trayecto hasta el Acrisure Stadium. Recientemente se resintió del isquiotibial, lo que lo limitó durante un tramo, aunque su número 29 se notó durante una práctica ligera el martes.

De cualquier modo, todo apunta a que será un momento de esos de “pellízcame” cuando trote hacia el campo y mire hacia arriba, una perspectiva que será marcadamente distinta de la que disfrutaba como aficionado.

“Es un honor simplemente salir ahí y jugar en ese estadio. Creo que esa es la mejor manera de decirlo. Es algo con lo que he soñado durante mucho tiempo”, expresó.

Cuánto dure el sueño ahora que cambió su afición por un uniforme con su nombre en la espalda depende de él.

“La pretemporada es realmente importante. Así que tengo que dar lo mejor de mí y estar concentrado cuando llegue”, señaló.

Lo mismo aplica para McCarthy, aunque quizá por razones distintas. Ha pisado el césped un puñado de veces durante su carrera, pero nunca ha estado en la banda local. Calcula que la magnitud del momento empezará a caerle encima mientras hace el trayecto en auto.

El hecho de que pueda comenzar lo que probablemente sea el capítulo final de su carrera como entrenador en jefe contra el equipo donde todo empezó lo hace un poco más dulce.

“Obviamente, tener una conexión personal y profesional con Green Bay, eso es parte de mi vida”, manifestó.

Por supuesto, toda la nostalgia se desvanecerá una vez que se patee el balón. Entonces se impondrán las necesidades más urgentes del momento —como averiguar cuánto ha progresado su grupo durante su primer campamento y ver con qué cuenta en los jóvenes quarterbacks Will Howard y Drew Allar—.

Y, en cierto modo, será un alivio. Aunque ha asumido todos los elementos de ser el chico del lugar que triunfó, los Steelers no lo contrataron para congraciarse con la afición, sino para ganar partidos. El proceso empieza en serio el jueves.

“Solo quiero ver jugar a estos jóvenes. Quiero ver cómo juegan conectados entre sí. La operación antes del snap, tener una comprensión de lo que tienen enfrente... Para eso son estos partidos”, dijo.

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Deportes de AP: https://apnews.com/hub/deportes

FUENTE: AP

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