El pontífice polaco, que en aquel momento tenía 84 años, había regresado al hospital Gemelli para luchar contra una infección respiratoria aguda, problemas para respirar y el agravamiento de los efectos del Parkinson en su laringe, lo que había hecho que hablar fuera casi imposible y respirar, difícil.
León lleva un gobierno al estilo estadounidense en el Vaticano, incluso durante crisis de salud
CIUDAD DEL VATICANO (AP) — Hay una anécdota reveladora del pontificado de San Juan Pablo II que ilustra cómo León XIV y su estilo estadounidense de gobernar han cambiado el Vaticano y la manera en que maneja las crisis de salud papales.
Los médicos le practicaron una traqueotomía —una incisión en la tráquea— bajo anestesia para ayudarlo a respirar. Y, sin embargo, a la mañana siguiente su portavoz dio a los reporteros una actualización notablemente optimista y aparentemente inverosímil: Juan Pablo II había tomado su desayuno habitual de café con leche, diez galletas y un yogur.
“Algo que habría asfixiado a cualquiera”, recordó el viernes el historiador eclesiástico Alberto Melloni. “Pero entonces era normal que mintieran sobre el papa. Esas eran las reglas del juego”.
Dos pontificados y veinte años después, León XIV ha cambiado las reglas del juego.
El primer papa estadounidense de la historia no solo anunció él mismo que tenía un nódulo pulmonar que requería cirugía —en vivo, por televisión y durante la bendición del domingo a mediodía desde el Palacio Apostólico—, sino que sus médicos son los que proporcionan la información sobre su recuperación, no el Vaticano.
Cada día desde la intervención a la que se sometió el martes, su médico personal, el doctor Luigi Carbone, y el jefe de cirugía torácica del Gemelli, el doctor Stefano Margaritora, han firmado los partes que informan al mundo sobre su recuperación. El portavoz de la Santa Sede ha facilitado detalles no relacionados con los aspectos médicos: la misa que ofició, las autoridades vaticanas que lo visitaron.
Los reportes médicos por escrito son escuetos, pero ofrecen información autorizada con un grado de responsabilidad y transparencia que durante mucho tiempo ha sido tabú para el Vaticano.
La forma en la que León ha gestionado su cáncer es, en muchos sentidos, un ejemplo de manual de buen gobierno corporativo al estilo estadounidense aplicado a la Iglesia católica, afirmó Julie Rubio, profesora de ética social cristiana en la escuela jesuita de teología de la Universidad de Santa Clara.
“Aunque no parezca tan revolucionario, las ‘buenas prácticas’ de confiar en expertos, la transparencia, la evaluación —todo ese tipo de cosas— son prácticas que le hacen bien a una institución”, señaló.
Rubio indicó que el papa estadounidense, licenciado en matemáticas, ya había incorporado esas prácticas a su estilo de gobierno en la Santa Sede, sobre todo en la presentación oficial en mayo de su encíclica sobre inteligencia artificial.
En lugar de que un puñado de prelados hablara sobre la encíclica en una conferencia de prensa en el Vaticano, fue el propio pontífice quien presidió la presentación. Para ofrecer un abanico de voces, perspectivas y experiencias, León estuvo acompañado en el escenario por tres cardenales, dos teólogas laicas —de Reino Unido y República Democrática del Congo— y el cofundador de Anthropic, una empresa especializada en IA.
Rubio comentó que esa presentación inclusiva estaba en línea con el esfuerzo, iniciado por el papa Francisco, de hacer que la Iglesia sea menos clerical y más un reflejo del mundo real. Es una institución que se apoya en la experiencia de los laicos del mismo modo en que León se apoyó en el consejo médico para extirparse el nódulo, explicó.
“Ese tipo de prácticas, en realidad, pueden ser bastante transformadoras para un lugar”, sostuvo. “Aunque, obviamente, la transformación es un proceso”.
El proceso comenzó en cierta medida durante el pontificado de Francisco, cuando el argentino tomó las riendas del aparato de comunicaciones del Vaticano y concedió decenas de entrevistas en profundidad durante 12 años, a menudo sin informar a sus responsables de prensa. Ese nivel de control impidió que se difundieran relatos fantasiosos como ocurrió durante la época de Juan Pablo II.
Pero cuando se trataba de su propia salud y de su estilo de gobernanza, Francisco era opaco, terco y con frecuencia evitaba el consejo de los expertos. Su actitud de ir por libre, en todo, desde la diplomacia vaticana hasta las comunicaciones, se extendía a su visión de los médicos. Rechazó repetidamente sus recomendaciones, incluso cuando ya su frágil salud respiratoria y su movilidad se deterioraban.
Francisco tenía los ligamentos de la rodilla derecha distendidos, lo que le dificultaba caminar. Pero se negó a operarse alegando que no le gustaban los efectos de la anestesia. Con el tiempo, no pudo caminar y tuvo que recurrir a una silla de ruedas. Del mismo modo, se negó a ir al hospital cuando su neumonía empeoró hacia el final de su vida, a pesar de que los efectos de la cortisona y de otros tratamientos lo hinchaban.
Melloni recordó que Francisco era muy jesuita —una orden religiosa de estilo militante— y que era un combatiente “al estilo Rambo” que gobernaba solo. Era, apuntó Melloni, “un hombre que se cuida a sí mismo, un hombre que, si resulta herido, contraataca, un hombre que siempre tenía que dar esta prueba de valor al estilo militar”.
León, en cambio, es el paciente civil perfecto: escucha los consejos de expertos médicos y los sigue, como la mayoría de las personas cuando enferman, dijo Melloni. Actuó con rapidez para que se le retirara el nódulo, teniendo en cuenta otros casos de cáncer en su familia, con su hermano actualmente en tratamiento por un cáncer hematológico, agregó.
“Él sabe que esta enfermedad —como es obviamente el caso con todas las enfermedades de ese tipo— es impredecible”, expresó.
El papa está dejando su huella en la gobernanza, incluso desde el hospital, pero también demuestra quién está al mando de otras formas.
El viernes por la noche, el Vaticano anunció que León había hablado por teléfono con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y que “manifestó su profunda preocupación por la grave situación humanitaria en la ciudad de Oleshky, en la región de Jersón, y pidió un alto el fuego para permitir la entrega de alimentos y asistencia médica, y la evacuación voluntaria y segura de la población civil”.
El comunicado fue significativo: mostraba que estaba lo suficientemente bien como para abordar asuntos diplomáticos oficiales desde el hospital, que seguía al tanto de los acontecimientos mundiales y que continuaba promoviendo su mensaje de paz mientras se recupera de la cirugía. El resumen del Kremlin sobre la llamada sugirió que, de hecho, se habían logrado avances en el frente humanitario.
Pero la demostración del liderazgo de León también fue significativa porque se produjo mientras la intriga consume al Vaticano por el destino del secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin. El experimentado diplomático había dicho que el pontificado del estadounidense podría tener que “ajustarse” debido al diagnóstico, una afirmación audaz dado que todas las señales indicaban que se estaba recuperando bien.
Parolin, que había sido la mano derecha de Francisco pero sigue en el cargo, estaba considerado uno de los favoritos en el cónclave que eligió a León y recientemente fue descartado como decano del Colegio de Cardenales.
Quizás sea revelador que no estuviera entre los funcionarios vaticanos que visitaron al papa el viernes.
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La cobertura de religión de The Associated Press recibe apoyo mediante la colaboración de AP con The Conversation US, con financiación de Lilly Endowment Inc. AP es la única responsable de este contenido.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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