El vicepresidente estadounidense, JD Vance, estaba preparado para tomar un vuelo nocturno el viernes para reunirse con sus homólogos iraníes en un complejo turístico de montaña en el pequeño pueblo suizo de Obbürgen, e iniciar las conversaciones técnicas.
Impulso de Vance para iniciar diálogo con Irán tropieza al aplazarse negociaciones de fin de semana
ZÚRICH (AP) — El esfuerzo de Estados Unidos para iniciar rápidamente conversaciones de alto riesgo con Irán tropezó con un obstáculo apenas dos días después de la firma de un acuerdo que abre una ventana de 60 días para negociar un entendimiento permanente sobre el programa nuclear de la República Islámica, al tiempo que se restablece el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz a niveles previos a la guerra.
Su equipo y un pequeño grupo de reporteros se habían reunido incluso en la Base Conjunta Andrews, a las afueras de Washington, a la espera del viaje. Mientras tanto, decenas de funcionarios de la Casa Blanca, personal de avanzada y medios de comunicación se congregaron en Suiza para preparar la esperada llegada de Vance.
Pero entonces, de forma repentina, el viaje se canceló el jueves por la noche —al menos por el momento.
La Casa Blanca explicó en un comunicado que Vance —a quien el presidente, Donald Trump, había designado para encabezar las negociaciones— y su delegación estaban listos para las conversaciones pero, como no se habían podido ultimar los planes, el vicepresidente permanecería en Washington.
“La logística de estas negociaciones nunca ha sido simple ni predecible”, indicó la nota.
El anuncio se produjo después de un reporte de Al-Mayadeen, un canal satelital panárabe aliado políticamente con el grupo político-paramilitar libanés Hezbollah, que cuenta con el respaldo de Teherán, según el cual Irán estaba retrasaba el envío de su delegación a Suiza debido a la campaña militar israelí en curso en Líbano.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, afirmó el jueves que su ejército permanecerá en una “zona de seguridad” del sur de Líbano mientras “las necesidades de seguridad de Israel lo requieran”.
Israel y Hezbollah no son partes del acuerdo. Irán insiste en que Israel debe retirarse de la amplia franja del sur de Líbano que ocupa, pero la redacción del acuerdo provisional no lo exige de forma explícita y solo garantiza la “integridad territorial” de Líbano.
Horas antes de posponer su viaje, Vance dio algunas pistas sobre la incertidumbre del momento cuando comentó a los reporteros en conferencia de prensa en la Casa Blanca que no estaba seguro de si las conversaciones se celebrarían este fin de semana.
“Nuestro plan es ir a Suiza, no sé exactamente cuándo”, declaró Vance. “Creemos que estas negociaciones técnicas comenzarán en algún momento de este fin de semana. Ese sigue siendo el plan. Pero podría cambiar”.
Poco después de la comparecencia de Vance, el líder supremo de Irán, el ayatolá Moytabá Jamenei, respaldó las negociaciones directas con Estados Unidos en una escueta declaración leída por la prensa estatal, que pareció indicar a los dirigentes de la República Islámica que podían avanzar con una primera ronda de conversaciones.
“Es evidente que las negociaciones cara a cara que se celebrarán en el futuro no significarán aceptar la opinión del enemigo”, afirmó Jamenei en su comunicado.
El mensaje parecía dar cierto margen de maniobra a Jamenei, quien resultó gravemente herido en el ataque de Estados Unidos del 28 de febrero en el que falleció su padre y predecesor, Ali Jamenei. Durante mucho tiempo, los sectores conservadores del gobierno iraní —incluido el padre de Jamenei— se han opuesto a un diálogo directo con la Casa Blanca, especialmente después de que Trump, durante su primer mandato, retiró a Washington del acuerdo nuclear de 2015 negociado por el gobierno del expresidente demócrata Barack Obama.
Y lo más importante para la Casa Blanca, pareció dar luz verde para que comenzaran las conversaciones.
En un primer momento se esperaba que Vance viajara a Suiza para firmar el acuerdo en una ceremonia formal. En su lugar, Trump rubricó el documento el miércoles durante una fastuosa cena en el Palacio de Versalles con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, lo firmó por separado.
El documento establece que la reserva de uranio altamente enriquecido de Irán —que se cree que está enterrada bajo los escombros de los ataques militares estadounidenses del año pasado contra los principales sitios nucleares de Teherán—, debe, como mínimo, diluirse bajo supervisión internacional.
También establece que Irán no deberá adquirir ni desarrollar armas nucleares, un compromiso que ya había asumido anteriormente. Pero aún quedan por definir otros compromisos.
Los iraníes llegarían al diálogo con cierta confianza después de cerrar de facto el estrecho de Ormuz, lo que causó repercusiones económicas globales, dijo Rosemary Kelanic, directora del Programa de Oriente Medio en Defense Priorities, en Washington.
Kelanic sostuvo que Estados Unidos está “esencialmente tratando de negociar para volver al statu quo previo a la guerra”.
Neil Quilliam, investigador asociado del Programa de Oriente Medio y Norte de África del centro de estudios Chatham House, dijo que los “exultantes” dirigentes iraníes sienten que tienen la ventaja. El respaldo a las conversaciones por parte del líder supremo del país “envía una señal muy fuerte a nivel interno: ‘Ahora estamos en pie de igualdad con Estados Unidos’”.
“‘Trump pasó de pedir un cambio de régimen el 28 de febrero a esto: ahora van a sentarse directamente con nosotros y hablar de estos grandes temas’”, señaló Quilliam refiriéndose al razonamiento de los iraníes. “Así que se dirige más al público interno y les dice ‘Tenemos esto firmemente bajo control. No puede haber protestas, no puede haber revolución. Somos un nuevo régimen y vamos a quedarnos’”.
El tono del presidente también ha dado un giro notable.
Durante semanas, ha insistido en que las consecuencias financieras para los estadounidenses le importaban menos que erradicar el programa nuclear iraní. Irritó a algunos de sus compañeros republicanos cuando indicó que el posible impacto en las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre no le preocupaba.
Pero esta semana, en la cumbre del G7 en Evian-Les-Bains, Francia, reconoció por primera vez que continuar la guerra podría haber conducido a una “catástrofe económica” y que las reservas de petróleo iban camino de agotarse en unas cuatro semanas.
“Y el único presidente que yo no quería ser era el difunto y gran Herbert Hoover”, apuntó Trump refiriéndose al 31er presidente, cuyo mandato estuvo definido por la Gran Depresión.
Para Vance, posible aspirante a la presidencia en 2028, la forma en que se desarrollen las negociaciones podría tener enormes repercusiones en su futuro político.
Su escepticismo respecto de las guerras en el extranjero fue una parte central de su identidad política durante su ascenso político. Pero ahora se encuentra como principal defensor de negociar un desenlace para el conflicto de Trump, que los demócratas han ridiculizado en gran medida como una maniobra insensata. Algunos republicanos conservadores están consternados con el hecho de que el presidente respalde un acuerdo que podría dejar miles de millones de dólares en las arcas de la República Islámica.
El senador republicano Roger Wicker, presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, dijo el jueves que le preocupa que el pacto “negocie la renuncia a las victorias” de la campaña aérea estadounidense contra Irán y afirmó que algunos aspectos del documento están “completamente fuera de sintonía” con los objetivos de Trump.
Trump había criticado con dureza a Obama por el acuerdo nuclear de 2015, que, según él, no logró impedir que Teherán avanzara hacia un arma y canalizó miles de millones de dólares hacia la República Islámica.
En 2018, Trump se retiró del acuerdo conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés). Reino Unido, China, Francia, Alemania, Rusia y la Unión Europea también firmaron ese pacto.
Trump ha rechazado las comparaciones con el JCPOA y afirmó que él había “negociado desde una posición de fuerza” tras una enorme campaña militar, mientras sostenía que Obama estaba pagando a los iraníes y no obtenía aquiescencia.
A Wicker le preocupaba especialmente el fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán mencionado en el acuerdo de 14 puntos. Dijo que “haría que el pago a Irán bajo el acuerdo de 2015 de Obama pareciera una miseria en comparación”. Trump y Vance han manifestado que no se destinará dinero de los contribuyentes estadounidenses a ese fondo y que no se otorgaría sin concesiones y reformas por parte de Teherán.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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