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Exclusiva AP: Niños soldados narran horrores en Sudán y presencia de mercenarios colombianos

JARTUM, Sudán (AP) — Las manos y piernas del adolescente permanecían sujetas con grilletes al cañón antiaéreo montado en una camioneta pickup mientras aviones de guerra sudaneses atacaban. Vio a otro niño que había sido encadenado al volante.

Mientras sus captores buscaban refugio, a los aterrorizados chicos se les ordenó quedarse y derribar a los aviones sobre la capital, Jartum. Si intentaban huir, sus captores los asesinarían... si es que los aviones no los alcanzaban antes.

El menor, ahora de 17 años, le dijo a The Associated Press que quienes ordenaron que lo ataran al cañón eran mercenarios colombianos que brindaban apoyo militar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) de Sudán contra el ejército en la guerra, que ya lleva cuatro años. Otro niño contó haber sido obligado a realizar ataques de artillería y golpeado por desobedecer.

Estos testimonios excepcionales y de primera mano revelan los peligros que enfrentan decenas de miles de niños que se cree han sido reclutados por parte de todos los bandos para la guerra. Seis niños exsoldados, quienes fueron secuestrados y obligados a luchar con las FAR, hablaron con la AP a condición de guardar el anonimato por temor a sufrir represalias. Dos de ellos manifestaron haber sido entrenados por colombianos.

Sus relatos apuntan a un despliegue más amplio de mercenarios colombianos, quienes, según grupos defensores de los derechos humanos, fueron reclutados por una empresa en Emiratos Árabes Unidos vinculada al Estado para luchar con las FAR. Organizaciones de derechos humanos y las fuerzas armadas de Sudán acusan a los EAU de armar a las FAR, y un panel de Naciones Unidas reportó haber rastreado envíos de armas a las FAR desde esa federación del golfo Pérsico, que incluye a Dubái.

En un comunicado enviado a la AP tras la publicación de este artículo, los EAU negaron haber proporcionado armas o apoyo militar a ninguna de las partes en conflicto en Sudán. También negaron haber facilitado el ingreso de mercenarios o combatientes extranjeros al país africano, así como tener vínculos con mercenarios.

Los EAU afirmaron que su investigación sobre la empresa en cuestión no halló vínculos con actividades mercenarias en Sudán. Condenaron las atrocidades cometidas por todas las partes y manifestaron su apoyo a las gestiones para poner fin al conflicto.

El niño que fue encadenado al arma antiaérea rompió a llorar al tocarse las cicatrices de los aproximadamente 18 meses en que se vio obligado a luchar.

“Tenía muchísimo miedo. Sólo quería escapar e irme a casa”, expresó.

Contó que los combatientes de las FAR lo detuvieron en un mercado de Omdurmán, ciudad vecina de Jartum, donde vendía cigarrillos. Los paramilitares buscaban a desertores y lo capturaron por error, explicó. En ese momento tenía 15 años.

Sin haber empuñado un arma jamás, lo enviaron al frente en Jartum. Las cicatrices en la cabeza y debajo de un ojo marcan los lugares donde, destacó, fue alcanzado por metralla.

Posteriormente lo llevaron a una base de las FAR en Omdurmán, conocida como Campamento de la Reserva Central, donde lo retuvieron con decenas de otros niños. Tenían las manos atadas todo el tiempo, incluso al comer.

“No se nos permitía bañarnos. En su lugar nos echaban agua encima mientras permanecíamos atados”, subrayó.

Indicó que en la base había decenas de mercenarios extranjeros, descritos como colombianos por los combatientes de las FAR. Mediante intérpretes, les enseñaron a los niños cómo utilizar los cañones antiaéreos. Sostuvo que ellos les decían a los combatientes de las FAR que ataran a los niños a las armas para que no pudieran escapar.

“Cuando los aviones sobrevolaban (la zona), los colombianos se replegaban a sus búnkeres, y nos dejaban afuera encadenados a los vehículos”, narró el adolescente. Se vio obligado a disparar, pero enfatizó que tenía demasiado miedo y nunca dio en el blanco.

El segundo chico describió cómo, a los 15 años, estuvo recluido en un campo de las FAR llamado al-Konan, donde expuso que los colombianos lo entrenaron a él y a otros chicos en el uso de artillería pesada y drones.

Añadió que lo mantenían encerrado y sólo lo sacaban para los ataques de artillería. Los colombianos y las FAR utilizaban drones para elegir blancos, y en ocasiones vio a civiles a través de la cámara. Cuando se negaba a disparar, lo golpeaban, a veces con una porra eléctrica. En una ocasión, contó, un colombiano lo golpeó hasta dejarlo inconsciente.

Un amigo de 18 años intentó huir y fue asesinado a tiros por las FAR. Él tuvo que retirar su cuerpo.

“Todavía tengo pesadillas cuando intento dormir”, señaló.

Ambos menores hablaron en un centro gestionado por el gobierno —encabezado por los militares— en las afueras de Jartum, donde más de 200 niños exsoldados son rehabilitados. Muchos cayeron en manos de los militares cuando estos recuperaron la capital de las FAR el año pasado.

Un miembro de la oficina de prensa militar acompañó a la AP durante la visita. El funcionario no eligió a quiénes entrevistó la AP. La agencia noticiosa mantiene el control editorial total de su contenido.

La AP no pudo verificar de forma independiente los relatos de los chicos, los cuales coinciden con otros informes sobre la guerra. Varios países están involucrados en el conflicto de Sudán, y otros extranjeros, incluidos rusos y ucranianos, han participado en las hostilidades.

Unos 10.000 colombianos se han ofrecido para participar en guerras extranjeras, incluidas las de países como Somalia, Ucrania y Sudán, según la ONU. Las décadas de conflicto interno en Colombia —con la participación de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes— han generado un gran número de veteranos, valorados por su entrenamiento militar con respaldo estadounidense, muchos de los cuales han emigrado debido a las escasas pensiones y las limitadas oportunidades laborales en el sector civil.

Una ley reciente les prohíbe a los colombianos participar en conflictos extranjeros, pero grupos de veteranos dicen que el reclutamiento ha continuado.

Human Rights Watch —una organización de investigación, defensa y promoción de los derechos humanos— y Conflict Insights Group —una empresa privada de investigación— han documentado la presencia de mercenarios colombianos junto a las FAR en la región occidental sudanesa de Darfur, incluso durante la toma de El Fasher en octubre, donde combatientes de las FAR fueron acusados de cometer asesinatos en masa.

En informes separados publicados este año, Human Rights Watch y Conflict Insights Group expusieron que los colombianos fueron contratados por una empresa emiratí y entrenados en bases militares emiratíes. Los EAU negaron esas acusaciones en su momento y reiteraron su postura después de que se publicara este artículo.

Un mercenario colombiano que combatió en Darfur durante seis meses en 2025 le dijo a la AP que cientos de colombianos estaban en el frente con las FAR en ese momento y participaban en el entrenamiento de reclutas. Dijo haber visto a niños de tan sólo 13 años combatir con las FAR. Habló a condición de guardar el anonimato, pues le preocupan las posibles consecuencias legales.

Se sabe menos sobre el papel de los colombianos en Jartum. Alí Qader, director del centro de rehabilitación, dijo que varios niños le contaron que colombianos los entrenaron en campamentos en los alrededores de la capital.

Un excombatiente de las FAR, quien desertó al bando del gobierno y habló a condición de guardar el anonimato por motivos de seguridad, manifestó haber visto a colombianos entrenar niños en Jartum en julio de 2024. Un oficial militar sudanés con conocimiento de la situación dijo que colombianos entrenaron a niños en Jartum y sus alrededores cuando las FAR controlaban la ciudad. El oficial no estaba autorizado a informar a la prensa y habló bajo condición de anonimato.

El gobierno colombiano notificó no tener información oficial que confirme las acusaciones de que colombianos reclutaron o entrenaron a niños soldados en Sudán. Condenó tales abusos.

Decenas de miles de niños, algunos de tan sólo 8 años, han sido reclutados durante la guerra de Sudán, según Abdelgadir Abdullah Abu, secretario general del Consejo Nacional para el Bienestar Infantil de Sudán, un organismo gubernamental.

La ONU dice que todas las partes en el conflicto han utilizado a niños soldados, incluidas milicias aliadas con el gobierno. Se cree que muchos aún se encuentran en el frente. Las FAR y el gobierno sudanés no respondieron a las solicitudes de comentarios.

Las FAR tienen sus raíces en las milicias yanyauid que asolaron Darfur en la década de 2000. La Corte Penal Internacional acusó a Omar al-Bashir —el entonces presidente de Sudán— de crímenes de guerra y genocidio por esa campaña.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos exponen que las FAR emplean tácticas similares en la actualidad, y que el presunto apoyo de los EAU podría implicar a ese país del golfo Pérsico.

“Las pruebas dejan entrever que los EAU podrían estar contribuyendo sustancialmente a los crímenes de lesa humanidad generalizados de las FAR”, apuntó Jean-Baptiste Gallopin, alto asesor de Human Rights Watch.

En el centro de rehabilitación, que incluye un campo de fútbol y una red de voleibol, niños vestidos con uniformes blancos mostraron sus heridas a un reportero de la AP. A uno le faltaba una mano; otro tenía cicatrices en la espalda donde, refirió, fue torturado; un tercero tenía un hueso que sobresalía de su costado.

El niño retenido en el Campamento de la Reserva Central dijo que, en una ocasión, atado a un cañón antiaéreo, se negó a disparar contra un avión de combate. En castigo, los combatientes de las FAR le dispararon en un pie.

Su herida se llenó de gusanos, agregó. A la larga, los milicianos lo abandonaron por eso, y posteriormente fue llevado al centro para menores.

Enjugándose las lágrimas, expresó su profundo deseo de volver a casa. Su madre murió de una enfermedad durante la guerra, y su padre le dijo que se avergonzaba de lo que su hijo había hecho y no quiere verlo.

Zeinab Mahjoub, psicóloga del centro, subrayó que intenta persuadir a los familiares para que no abandonen a los niños. Al mismo tiempo, los chicos luchan contra su propio trauma.

Sheldon Yett, director del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) en Sudán, refirió que trabajan con el gobierno y otras partes para acelerar el proceso de liberación de los menores, e intenta convencer a las autoridades de que traten “a los niños como niños”.

Desde que la AP visitó el centro en abril, los chicos fueron liberados.

El niño retenido en el campamento de al-Konan contó que, tras casi dos años, escapó una noche cuando un guardia dejó una puerta sin llave. Intentó regresar con su familia, pero alguien de la zona sabía que había combatido con las FAR y lo denunció a las autoridades, quienes lo remitieron al centro.

Intenta seguir adelante, pero lo atormenta la culpa.

“Hemos cometido errores”, expresó. “Queremos salir de aquí para reconstruir Sudán”.

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DeBre informó desde Buenos Aires y Suárez desde Bogotá.

FUENTE: AP

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