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En universidades de EEUU, auge de la IA hace que todos quieran incursionar en ciencias de cómputo

Sin experiencia previa en programación, Faith Maeba, estudiante de psicología, se mostró reticente la primera vez que su madre le sugirió que se inscribiera en clases de inteligencia artificial.

No obstante, la estudiante de último año de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia cambió gradualmente de opinión al revisar programas de posgrado en psicología que exploran el comportamiento humano en el entorno laboral, un ámbito que está siendo transformado rápidamente por el aprendizaje automático. Maeba, de 21 años, cursa ahora una subespecialización en IA.

“Me está dando una ventaja competitiva y me ayuda a destacar”, dijo.

La contratación de desarrolladores de software de nivel inicial —una labor realizada cada vez más por agentes de IA— ha disminuido, y las matriculaciones universitarias en programas de ciencias de la computación y tecnologías de la información también se ha reducido. Sin embargo, en campus de todo Estados Unidos, muchos profesores tienen más trabajo que nunca para enseñar inteligencia artificial a estudiantes de un amplio rango de carreras.

Las universidades responden a los cambios en la demanda estudiantil, pero también reconocen que los recién graduados —independientemente de su especialidad— se enfrentan a preguntas de empleadores potenciales sobre sus competencias en torno a la IA.

“Tenemos que democratizarla”, expuso Peter Stone, director del departamento de ciencias de la computación de la Universidad de Texas, campus de Austin, quien recientemente desarrolló un curso introductorio sobre fundamentos de IA dirigido a estudiantes de carreras no directamente relacionadas con las ciencias de la computación ni las tecnologías de la información.

“Del mismo modo que todo el mundo necesita cierto nivel de conocimientos en matemáticas, lectura y escritura, creo que todos necesitan cierto grado de alfabetización en IA”, opinó.

Escuelas de educación superior como la Universidad de la Mancomunidad de Virginia están desarrollando especializaciones secundarias en IA dirigidas a estudiantes que no cursan ciencias de la computación ni informática. En la Universidad de Purdue existe un nuevo requisito de graduación relacionado con la IA. En las clases de redacción para alumnos de primer año, la Universidad de Harvard enseña a sus estudiantes cómo funcionan los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), además de cubrir temas relacionados con la IA como los derechos de autor y la desinformación. Y la Universidad Estatal de Ohio exige un nivel de competencia en inteligencia artificial que incluye talleres prácticos. A la vez, proliferan los títulos de grado e incluso de posgrado centrados en la IA.

En la Universidad Northwestern, los estudiantes de carreras que no pertenecen al ámbito de la computación y la informática mostraban interés por cursar asignaturas en el departamento incluso antes del lanzamiento de ChatGPT en 2022, aunque a veces no había plazas suficientes, explicó Samir Khuller, director del departamento de ciencias de la computación. Eso se debía al enorme auge en popularidad que experimentaba esta carrera, considerada en ese momento una vía segura hacia empleos bien remunerados.

Sin embargo, recientemente, el número de estudiantes que eligen ciencias de la computación y tecnologías de la información como carreras principales ha comenzado a disminuir. Ahora, el personal de computación e informática de Northwestern —que había duplicado su tamaño para satisfacer la demanda— imparte clases a más estudiantes de otras carreras. La institución, que ya cuenta con una popular especialización secundaria en IA, ha añadido la carrera de inteligencia artificial. También simplifica los requisitos previos para facilitar que estudiantes de otras disciplinas cursen asignaturas de IA o aprendizaje automático.

“En general, las clases serán mucho más accesibles de ahora en adelante”, informó Khuller. El departamento tiene tanta carga de trabajo que él ya busca contratar a tres profesores más de ciencias de la computación e informática.

Entre otros cambios en toda la universidad, la Escuela de Música Bienen, de Northwestern, ofrece un certificado en música e inteligencia artificial.

A nivel nacional, la matriculación en ciencias de la computación y tecnologías de la información continuó su declive esta primavera, con un descenso de más del 8% en instituciones con carreras de cuatro años respecto a la primavera de 2025, según los últimos datos del National Student Clearinghouse Research Center, un organismo sin fines de lucro que almacena información estudiantil. Esta baja coincidió con una disminución en las ofertas de empleo para desarrolladores de software.

El interés por adquirir cuando menos conocimientos básicos en computación e informática —y, en particular, de programación asistida por IA— se ha disparado entre estudiantes de diversas carreras. Los alumnos de música, por ejemplo, descubren herramientas capaces de realizar fácilmente ciertas tareas, tales como editar o generar pistas de batería.

En la Universidad Eastern Mennonite, campus de Harrisonburg, Virginia, el profesor adjunto de música Benjamin Guerrero impartirá una clase en colaboración con un profesional en ciencias de la computación el próximo año. Estudiantes de educación superior de música, arte, teatro y medios digitales aprenderán junto a alumnos de matemáticas, ciencias de la computación e ingeniería eléctrica. El objetivo, agregó, es formar personas capaces de trabajar en la intersección entre el arte y la tecnología.

“En mi opinión, la IA no es más revolucionaria que el tocadiscos, la radio, el metrónomo, el sintetizador o la computadora”, manifestó Guerrero, quien ha colaborado con organizaciones como la Asociación Nacional para la Educación Musical en el desarrollo de planes para incorporar IA.

Incluso antes de este reciente auge del interés, estudiantes de carreras STEM (siglas en inglés de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), tales como física y biología, solían cursar asignaturas de computación con el fin de aprender a programar para realizar labores de investigación intensiva en datos. Pero la curva de aprendizaje era muy pronunciada hasta que llegaron las nuevas herramientas de IA, dijo Murtaza Ali, quien estudia un doctorado en la Universidad de Washington y cuya investigación se centra en la enseñanza de ciencias de la computación.

No obstante, dijo, la IA también genera inquietud. La preocupación, explicó, es que, incluso si la IA se utiliza sólo para escribir código, su influencia será tan grande que, con el tiempo, algunos graduados universitarios no comprenderán los conceptos básicos de su propia disciplina.

“Cuando le pide a la IA que lo haga (el trabajo) por usted, a simple vista puede parecer que sólo escribe el código”, explicó. “Pero, en el fondo, también está realizando la comprensión de la tarea por usted”.

A pesar de estas preocupaciones, el ritmo del cambio resulta notable en un sector conocido por su lentitud, expuso Paul LeBlanc, investigador visitante de la Escuela de Posgrado en Educación de Harvard, quien estudia el impacto de la IA en la educación superior.

“Es imposible seguir el ritmo de la tecnología, pero eso es algo que afecta por igual a todas las organizaciones del mundo en la actualidad”, añadió LeBlanc, expresidente de la Universidad del Sur de Nueva Hampshire, una institución destacada en el ámbito de las carreras en línea.

Las universidades comunitarias que desean ofrecer cursos sin créditos pueden avanzar con especial rapidez, ya que sus procesos de aprobación son menos engorrosos. Una de ellas, ubicada en las afueras de Kansas City, impartió recientemente un curso sin créditos de “programación intuitiva" para enseñar a personas sin conocimientos técnicos a crear software funcional.

“Lo que hace la IA es acortar la brecha entre un principiante absoluto y un experto”, manifestó Grant Carlson, coordinador de programas de desarrollo laboral y educación continua en el Colegio Comunitario del Condado Johnson. Este centro, situado en el área de Kansas City, también ofrece un certificado en IA y planea adaptar sus cursos a profesiones específicas, tales como recursos humanos y carreras del ámbito de la salud.

En la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, diseñar un curso y obtener la aprobación para impartirlo solía llevar un año y medio, refirió Andrew Arroyo, vicerrector académico sénior.

“Ahora realizamos estas gestiones en cuestión de meses y, en algunos casos, semanas”, añadió Arroyo. Este año, incorporarán un programa de posgrado en línea de certificación en IA aplicada, dijo.

Más allá de simplemente crear programas, los profesores deben intentar preparar a los estudiantes para utilizar la IA con objetivos muy diversos en sus carreras profesionales. En los cursos de la subespecialización en IA de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, Althea Pappas contó que explora la inteligencia artificial no para aplicarla en su carrera, sino para ayudarla a encontrar respuestas a interrogantes filosóficas.

“¿Qué sucede cuando logremos crear vida, o cómo llegamos siquiera a establecer esa distinción?”, preguntó Pappas, estudiante de composición musical que comienza su segundo año de carrera.

Por su parte, lo que fascina a Makenzie Stovall, quien busca especializarse en neurología, es la idea de que la IA intenta emular el cerebro, un órgano cuyo funcionamiento interno todavía deja perplejos a los científicos.

“Si voy a intentar que el cerebro de las personas sea lo mejor posible… bueno, pues entonces, ¿por qué no estudiar IA?”, planteó la estudiante de biología de 20 años.

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FUENTE: AP

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