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El voto por desacato contra Fauci refleja la política persistente sobre el COVID-19

NUEVA YORK (AP) — El doctor Anthony Fauci comparece ante el Congreso, Robert F. Kennedy Jr. aparece en televisión debatiendo los confinamientos por COVID y los estadounidenses no logran ponerse de acuerdo sobre en qué ciencia confiar.

Podría pensarse que es 2020 otra vez.

Seis años después de que el COVID-19 sumiera al mundo en el miedo y la incertidumbre de una pandemia global, los republicanos en el poder no lo han dejado en el pasado. En cambio, recientemente han vuelto a poner sus ya conocidos argumentos políticos en el centro del escenario para someterlos a un nuevo escrutinio, exigiendo rendición de cuentas a los científicos y figuras de los medios a quienes consideran que engañaron y maltrataron a los estadounidenses hace años.

Los esfuerzos se intensificaron la semana pasada, cuando un comité del Senado liderado por republicanos y presidido por el senador de Kentucky Rand Paul convocó mediante citación judicial a Fauci —ya retirado y de 85 años— para que testificara sobre su manejo de la pandemia de COVID-19.

El antiguo inmunólogo de los Institutos Nacionales de Salud invocó repetidamente la Quinta Enmienda de la Constitución estadounidense, después de acusar a los legisladores de intentar coaccionarlo para que cometiera perjurio con el fin de justificar cargos penales. Como respuesta a su decisión, el comité aprobó el jueves una votación para declarar a Fauci en desacato, una medida sorprendente que podría hacer que el Departamento de Justicia inicie una investigación.

Por separado, Kennedy, un exactivista antivacunas políticamente independiente que ahora se desempeña como secretario de Salud del presidente republicano Donald Trump, dedicó parte de su fin de semana a un combativo debate en vivo con la presentadora de CNN Dana Bash sobre cómo se gestionó la pandemia y el papel de los medios en ella.

Politólogos e historiadores señalan que el enfoque en los reclamos por el COVID, medio decenio después del pico del virus, demuestra cómo algunas heridas que abrió nunca se han cerrado. Los demócratas, por su parte, han criticado que el gobierno federal culpe a Fauci, al considerarlo una distracción performativa que no se basa en hechos.

Aunque Paul y Kennedy llevan años ventilando sus frustraciones sobre el COVID, la toma del control del Congreso y de la Casa Blanca por parte de los republicanos el año pasado les dio una nueva plataforma para orientar cómo Estados Unidos recuerda la pandemia y a quién se responsabiliza por ella, según Matt Dallek, politólogo de la Universidad George Washington.

También les ha permitido usar los recursos de la administración para sacar a la luz nueva información.

“La respuesta al COVID se ha convertido en un punto de referencia para el Partido Republicano de Trump”, afirmó Dallek. “Ahora usan su poder para sostener que tuvieron razón desde el principio”.

Cuando el coronavirus comenzó a propagarse ampliamente en 2020, durante la primera administración de Trump, grupos de estadounidenses se rebelaron contra los requisitos impuestos por autoridades locales y empresas que indicaban a la gente que usara mascarillas y se quedara en casa para controlar la propagación del virus.

Cuando se dispuso de una vacuna, esos sentimientos se intensificaron. Figuras como Kennedy, entonces un líder del movimiento antivacunas, acusaron al gobierno federal de pisotear las libertades personales al respaldar mandatos de vacunación y la eliminación en redes sociales de ideas disidentes.

Aunque Trump ha expresado durante mucho tiempo su orgullo por la Operación Warp Speed, el esfuerzo de su primer mandato para distribuir rápidamente vacunas contra el COVID-19, lo cual logró salvar millones de vidas, el enfoque de su segunda administración respecto a las vacunas ha adoptado un tono distinto.

Bajo el liderazgo de Kennedy, los organismos reguladores de Estados Unidos han limitado la disponibilidad de vacunas contra el COVID-19 para los estadounidenses. Kennedy cuestionó en CNN el domingo si la vacuna contra el COVID-19 protegía a los niños, aun cuando los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) señalan en su sitio web que “ayudan a evitar que los niños enfermen gravemente de COVID-19”.

Frances Lee, politóloga de la Universidad de Princeton, indicó que los debates sobre los orígenes del COVID-19 y el manejo del gobierno han estallado durante años en los márgenes. Ahora que algunos de los líderes de esos debates están en el poder, los están dirimiendo en el escenario nacional, algo que, según ella, tenía que ocurrir tarde o temprano.

“Hay partes agraviadas, personas que sienten que se les hizo daño durante la pandemia y que nunca ha habido una rendición de cuentas por eso”, manifestó Lee. “La mayoría de la gente no quiere pensar en este tema, pero aun así hay sectores, así que el Congreso les habla a esos sectores”.

Lee señaló que la decisión de Kennedy de sacar a la luz numerosas entradas de diario que Fauci había hecho en una computadora del gobierno —y la decisión de Paul de hacerlas públicas la semana pasada— crearon una apertura para “el primer enfrentamiento real” en años en torno al manejo de la pandemia.

Aunque algunas de las entradas —incluida la incertidumbre de Fauci en los primeros días de la pandemia sobre la mejor manera de frenar el virus— ya se reflejaban en unas memorias de 2024 y en entrevistas de la época, aun así, han atraído la atención de personas que culpan a Fauci por políticas que creen que vulneraron sus derechos mientras cientos de miles de personas morían.

En la audiencia de Fauci la semana pasada, también se discutió si investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) en China pudieron haber desempeñado un papel en la forma en que comenzó la pandemia. Durante la audiencia, la Casa Blanca de Trump también publicó en redes sociales un mensaje para dirigir la atención a un sitio web federal que antes presentaba información sobre vacunas, pruebas y tratamiento contra la COVID y que se ha transformado en una página que respalda la teoría de que la pandemia se originó por una fuga de laboratorio.

Muchos científicos creen que lo más probable es que el virus surgiera en la naturaleza y pasara de animales a personas, saliendo a la luz cuando se propagó en un mercado de vida silvestre en la ciudad china de Wuhan. No hay nueva evidencia científica que respalde la teoría de que el virus, en cambio, pudo haberse filtrado desde un laboratorio, una teoría que Paul promueve. Un subcomité liderado por republicanos que estudió la cuestión en 2024 no encontró evidencia que vinculara a Fauci con irregularidades.

Fauci ha dicho públicamente desde hace tiempo que estaba abierto a ambas teorías, pero que hay más evidencia que respalda los orígenes naturales del COVID-19.

Mientras los republicanos presentan la audiencia de Fauci y la votación de desacato como una importante rendición de cuentas, los demócratas califican el proceso de poco sincero. Paul comentó el jueves que había invitado a Fauci a comparecer para una entrevista privada, transcrita, pero los demócratas lo acusaron de no permitir que estuviera presente el comité bipartidista completo.

Paul también decidió remitir la votación de desacato del comité directamente al Departamento de Justicia, y no al pleno del Senado, como suele ocurrir con las resoluciones de desacato. Explicó que no “quería perder tiempo” con esa vía, mientras que los demócratas insistieron en que debía hacerse de esa manera.

La audiencia de la semana pasada, en la que Fauci se amparó en la Quinta Enmienda, se produjo después de que el inmunólogo compareciera repetidamente ante el Congreso a lo largo de los años y hablara sobre su razonamiento al inicio de la pandemia y cómo cambió con el tiempo. Los críticos han expresado su preocupación de que el calvario en torno a él disuada a científicos de aceptar empleos en el gobierno por temor a ser señalados de forma similar.

Paul ha sostenido durante mucho tiempo que Fauci debería ser investigado penalmente, basándose en su creencia de que el científico fue deshonesto ante el Congreso sobre investigaciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud y sobre los orígenes del COVID. El abogado de Fauci calificó la semana pasada las acusaciones de Paul contra el científico como “falsas y vergonzosas”. Más de 150 expertos en enfermedades infecciosas también salieron en defensa de Fauci, al escribir que “no se ha producido ninguna evidencia creíble que respalde estos cargos absurdos” y que instan a los funcionarios electos a “detener estas cacerías de brujas”.

Norm Ornstein, del American Enterprise Institute, dijo que la audiencia no representó una búsqueda legítima de la verdad.

“Buscaban una plataforma en la que pudieran atacarlo, y él no respondió, y dijo ‘me acojo a la Quinta Enmienda’ una y otra vez”, señaló Ornstein.

Añadió que, aunque algunos republicanos probablemente crean de verdad que Fauci cometió delitos, llevarlo al primer plano cumple un doble propósito en un año de elecciones de medio mandato: distraer a los votantes de titulares menos favorables, incluidos los relacionados con la economía y los conflictos en el extranjero.

“Le están predicando al coro de la derecha”, sostuvo.

Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota, dijo que hay lecciones reales que aprender de la pandemia, incluida una revisión más profunda de qué esfuerzos para contener el virus funcionaron y cuáles no. Pero señaló que ese no es el objetivo de los republicanos en el Congreso.

“Un análisis de la historia revisionista no logrará nada”, afirmó. “No estaremos mejor preparados para la próxima pandemia”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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