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Doc Rivers reflexiona sobre su ingreso al Salón de la Fama del Baloncesto
Doc Rivers necesitó algo de tiempo para escribir el discurso que dará cuando sea incorporado formalmente al Salón de la Fama del Baloncesto Naismith Memorial.
Pero lo que Rivers terminó aprendiendo durante el proceso de prueba y error de escribir el discurso fue que las palabras que dirá desde un escenario en Springfield, Massachusetts, no van a tratar sobre él. Van a tratar sobre todos los demás que desempeñaron un papel para que él llegara a ese momento.
“Pasas por este viaje de escribirlo y te das cuenta de que no tiene nada que ver contigo, en un muy buen sentido. La gente se alegra por ti, y yo me alegro por ellos porque me llevaron hasta ahí. Escuchas toda tu vida: ‘No haces nada solo’. Cuando entras al Salón de la Fama, de verdad entiendes que no haces nada solo. Son todos los entrenadores en tu vida, tus padres, los jugadores. Es un viaje de gratitud y de eso debería tratarse el Salón de la Fama”, afirmó Rivers.
Ganador de 1.194 partidos de temporada regular como entrenador de la NBA —y eso será todo, insiste, al asegurar que su retiro es real—, Rivers ocupa el sexto lugar en la historia de la liga. Los únicos por delante de él: Gregg Popovich, Don Nelson, Lenny Wilkens, Jerry Sloan y Pat Riley, todos miembros del Salón de la Fama, así que era evidente que Rivers se uniría a ellos.
Ganó un campeonato con Boston en 2008, ganó 114 partidos de playoffs como entrenador, jugó 13 temporadas, fue All-Star una vez, ha sido comentarista y —si vuelve a trabajar, y su familia actualmente tiene la sensación de que lo hará— volverá a ser comentarista.
Pero ahora hay más en la vida. El oriundo de Illinois y leyenda de Marquette tiene siete nietos, una casa frente al agua y no puede jugar suficiente golf. De algún modo, seguirá vinculado al juego. Simplemente no será como entrenador. Será como miembro del Salón de la Fama.
“Doc es un líder y comunicador extraordinario y probado durante su reconocida carrera como entrenador en la NBA. Como entrenador campeón, es ampliamente respetado como un innovador consolidado y el entrenador indicado para liderar a nuestro equipo experimentado y talentoso”, manifestó el gerente general de Milwaukee, Jon Horst cuando los Bucks contrataron a Rivers en 2024.
Lo fue, hasta que dejó de serlo.
Las lesiones descarrilaron todas las posibilidades que tenían los Bucks de ser un equipo ganador esta temporada pasada, y cuando la campaña llegó a su desalentador final, Rivers estaba bastante seguro de que también era el final para él —después de 27 temporadas en la banda y de un montón de momentos perdidos en el camino.
“Lo único de lo que la gente no tiene idea es del desgaste que te provoca y del componente familiar. Es duro. Nunca estás en casa. Haces sacrificios y tu familia también tiene que hacerlos”, explicó Rivers.
Eso ya no será un problema.
Rivers ganó el premio a entrenador del año en su primera temporada, al tomar un equipo al que llamó “los 301” en Orlando y llevarlo a un récord de 41-41. En la superficie, no hay nada especial en terminar en .500. Pero se suponía que el Magic estaría en el fondo esa temporada y Rivers usó como inspiración un ranking de pretemporada de los 300 mejores jugadores de la liga, ya que ninguno de esos 300 jugaba para el Magic.
“Esa temporada me dio una gran confianza”, señaló Rivers.
Tiene algunos arrepentimientos, por supuesto. Los críticos han señalado durante mucho tiempo las 10 derrotas que los equipos dirigidos por Rivers sufrieron en séptimos partidos, por mucho la mayor cantidad para cualquier entrenador en la historia de la NBA. Y sus seguidores replicarán apuntando a sus 114 victorias en playoffs, la cuarta mayor cifra en la historia de la NBA. Pero el mayor “volver a hacerlo”, si Rivers tuviera esa opción, sería cambiar de opinión sobre dejar a los Celtics para irse a Los Angeles Clippers en 2013.
Rivers llegó a los Clippers no mucho antes del final de la propiedad del equipo por parte de Donald Sterling; Sterling hizo comentarios racistas y terminó siendo expulsado de la NBA por el comisionado Adam Silver.
“Subestimé lo buena que era la situación en la que estaba, y di eso por sentado, como si pudieras ir a cualquier lado y crear eso. La arruiné ahí. Pero luego, cuando voy a los Clippers, el equipo es bastante bueno. La organización era la peor organización en el deporte por el problema de la propiedad. En una semana allí, recuerdo haberle dicho a mi asistente: ‘Tenemos mucho por hacer aquí’”, contó Rivers.
El campeonato con los Celtics en 2008 —Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett, las estrellas de ese equipo, estarán juntos otra vez para presentar a su exentrenador en su ceremonia de exaltación al Salón— fue un punto alto evidente en la carrera de Rivers. También hubo otros momentos de los que se siente especialmente orgulloso, como cumplir una promesa que le hizo a alguien que casi no jugó para él.
Tyronn Lue sucedió a Rivers como entrenador de los Clippers. Lue jugó 11 partidos para Rivers en Orlando durante la temporada 2003-04; eso fue todo lo que Rivers necesitó para convencerse de que Lue algún día sería entrenador. Le dijo a Lue que lo llamara si alguna vez quería un trabajo y Lue aceptó la oferta. Rivers terminó llegando al Salón de la Fama, y pocos dentro del juego se sorprenderían si Lue se une a él allí algún día.
“Son historias como esa en las que piensas. Rajon Rondo jugó para mí en Boston. Tuvimos una relación muy tumultuosa cuando lo entrené y ahora, probablemente hablo con Rondo más que con cualquier jugador al que entrené”, comentó Rivers.
Eso es lo que hace el juego, dijo Rivers. A los afortunados los van guiando en el camino. Él cumplió ese papel con jugadores como Rondo —quien trabajó como entrenador con Rivers— y Lue, y en el caso del propio Rivers, fue Riley quien le dio el empujón que necesitaba.
Riley y Rivers chocaron a veces en su relación de jugador y entrenador, y sus peleas más grandes llegaron cuando Riley le decía a Rivers que él pertenecía al mundo del entrenamiento.
Riley tenía razón.
“Cuando yo estaba haciendo televisión, él seguía escribiéndome y enviándome estos malditos mensajes sobre meterme en la pelea. Él lo sabía. Y aquí estoy, entrando al Salón de la Fama”, recordó Rivers.
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FUENTE: AP
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