Para muchos habitantes de Banda, una ciudad del norte de India que ha registrado algunas de las temperaturas más altas del país, enfrentar cada día es todo un reto.
Cómo es vivir en la ciudad de Banda en India, una de las más calurosas del mundo
BANDA, India (AP) — Calor a todas horas, incluso durante la noche. Largos periodos sin electricidad, lo que impide que algunos hogares puedan utilizar aunque sea ventiladores básicos. Y una búsqueda constante de alivio, como ser rociado con agua de una manguera o dormir a la intemperie.
El calentamiento global, causado principalmente por la quema de combustibles como el gas, el petróleo y el carbón, provoca que las olas de calor en toda India sean más frecuentes e intensas. Uttar Pradesh, el estado donde se encuentra Banda, figura entre las zonas más vulnerables al calor extremo. En 2023, al menos 119 personas fallecieron en el transcurso de varios días durante una intensa ola de calor que afectó a partes del estado.
En mayo, las temperaturas alcanzaron 48,2 grados Celsius (118,8 grados Fahrenheit), una de varias ocasiones este año en que la ciudad registró la temperatura más alta del país en un día. Banda fue también el lugar más caluroso de la Tierra en siete ocasiones este año —la mayoría en abril—, según el climatólogo e historiador de la meteorología Maximiliano Herrera, quien monitorea fenómenos meteorológicos extremos a nivel mundial. Desde entonces, las temperaturas han descendido un poco, pero aún son sofocantes, particularmente porque las lluvias estacionales incrementan la humedad.
Hace algunas semanas, un equipo de The Associated Press viajó a Banda para informar sobre cómo la gente intenta sobrellevar el calor a lo largo del día.
Munni Devi y sus cuatro hijos comienzan su jornada de carga y descarga de verduras cuando la mayor parte de la ciudad aún duerme.
Son apenas las 4 de la madrugada, pero la temperatura ya marca 30 ºC (86 ºF). Los trabajadores del mercado de verduras de Banda están ocupados en descargar tomates, yacas y otras hortalizas, y las trasladan a vehículos más pequeños para distribuirlas a las tiendas de los barrios.
Devi, de 70 años, refiere que el calor es más intenso cada año y que este 2026 ha sido especialmente duro. Su trabajo es físicamente exigente en cualquier clima, pero durante una ola de calor puede resultar brutal. No obstante, Devi dice que ella y sus hijos no pueden permitirse faltar ni un solo día.
“Todos sentimos el calor, pero debido a nuestras circunstancias, tenemos que soportarlo”, agrega.
En el mercado, hombres jóvenes empujan carritos por pasillos estrechos y las mujeres clasifican verduras en plena calle. Devi comenta que muchos clientes llegan temprano, con la esperanza de terminar sus compras antes de que las temperaturas se disparen.
Devi y sus hijos trabajan desde muy temprano en la mañana hasta la hora del almuerzo, cuando regresan a casa para recuperarse.
Añade que, debido a la inestabilidad del suministro eléctrico en su hogar, apenas encuentran alivio allí. A sus nietos los rocían a diario con una manguera para refrescarlos un poco.
“Si no hay electricidad, ni los ventiladores de techo funcionan. A veces pasamos horas sin luz”, expresa.
Mientras el sol de la tarde abrasa las calles de Banda, los residentes que pueden permitírselo permanecen en interiores. Pero algunos vendedores de verduras y conductores de “tuk tuks” —mototaxis— se quedan al aire libre, esperanzados en conseguir algo más de clientela.
Por su parte, Shobharam Kashyap, un hombre de 70 años que ama los animales, fabrica casas de madera para aves en el taller de su casa.
Kashyap dice que él y otros voluntarios han instalado más de 15.000 casas por toda la ciudad para ofrecer a los pájaros un refugio frente a un entorno cada vez más hostil.
Sus casas, pintadas con colores vivos —muchas de ellas verdes, ya que reporta que las aves parecen preferir ese color—, han sido colocadas en árboles y muros de todo Banda. Además ha dispuesto recipientes de barro con agua, dentro y cerca de su vivienda, para que las aves puedan darse un baño o beber.
Kashyap expresa que él continúa la costumbre tradicional de preocupación y cuidado hacia otros animales.
“Nuestra cultura fomenta desde hace mucho tiempo el alimentar a las aves. Las mujeres que visitan los templos suelen llevar ofrendas de arroz. Ni el sacerdote ni la deidad lo consumen... son los pájaros quienes lo hacen”, agrega.
En los días más calurosos ha sido mayor el flujo de pacientes que han tenido que acudir al hospital de Banda, uno de los centros médicos más grandes de la región. Las personas afectadas por dolencias relacionadas con el calor —que van desde desmayos hasta golpes de calor— suelen llegar por la tarde y al anochecer. Llenan pasillos y salas.
Los pacientes se sientan hombro con hombro en las bancas y sus familiares los abanican con hojas de papel. El personal sanitario circula con sueros intravenosos entre las camas.
El doctor Abhishek Pranayami, médico jefe del hospital, dice que el centro recibe una oleada de pacientes cada verano, “y el número de pacientes aumenta cada año”.
Reporta que atienden a un gran número de personas que sufren deshidratación, diarrea, vómitos y dolor abdominal, dolencias que se vuelven más frecuentes a medida que aumentan las temperaturas. Algunos pacientes se recuperan en unos días, pero otros tardan más.
“La presión sobre nosotros y sobre el personal es bastante alta”, añade.
Incluso después de la puesta del sol, el calor en Banda no cede.
Cuando los niños juegan un partido de críquet, envuelven sus botellas de agua en retazos de ropa para mantener fresco el líquido.
En la estación de tren de la ciudad, a veces las familias se reúnen hasta altas horas de la noche, con la esperanza de que los andenes abiertos y la brisa ocasional resulten más cómodos que sus viviendas abarrotadas, las cuales han absorbido calor a lo largo de todo el día.
En una de esas noches, decenas de personas duermen en la estación para escapar del calor. En un punto concreto, varios niños y adultos descansan sobre mantas extendidas en el andén de piedra, mientras vagones de tren yacen estacionados a pocos metros. Algunos usan bolsas como almohadas. Un montón de sandalias descansa a escasos centímetros de sus pies descalzos. Otro hombre se tumba en una banca, con la cabeza posada en una mochila.
Cerca de allí, varios hombres y mujeres intentan dormir sobre mantas junto a las taquillas, a pesar de la iluminación intensa. Algunos perros se tumban entre las personas que están en el suelo, también en busca de algo de alivio.
Trabajadores cuyas viviendas son demasiado pequeñas y calurosas para dormir en ellas pasan la noche sobre mantas en el exterior de la estación, y hacen todo lo posible por descansar en medio del calor nocturno. A pesar del ruido de los vehículos y de los pasajeros que entran y salen, trabajadores y residentes se tumban sobre toallas —y a veces directamente sobre la grava—, ya que las calles y aceras relativamente abiertas y ventiladas cercanas a la estación les ofrecen la mejor oportunidad para intentar conciliar el sueño.
Para los padres con niños pequeños, la noche calurosa es demasiado incómoda para dormir, por lo que aguardan en la estación, agrupados en torno a un celular.
La lucha por mitigar el calor y descansar se ha convertido en un rasgo característico del verano en ciudades como Banda.
“El cambio climático está alterando los promedios”, dice Abhiyant Tiwari, experto en clima y salud de la organización de defensa ambiental sin fines de lucro NRDC India (Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales – India), con sede en Nueva Delhi. “Si bien Banda siempre se ha caracterizado por sus veranos calurosos, lo que está cambiando ahora es la intensidad, la duración y el número de personas expuestas a condiciones de calor peligrosas”.
Las elevadas temperaturas nocturnas son especialmente preocupantes, ya que impiden que las personas se recuperen físicamente del calor del día, explica.
El máximo responsable gubernamental de Banda expone que las autoridades han respondido: han abierto centros de resguardo contra el calor, distribuido cientos de miles de kits de rehidratación oral, y supervisan los hospitales durante las alertas por calor.
Amit Aasery, magistrado del distrito de Banda, refiere que las autoridades analizan los niveles de agua subterránea, la humedad del suelo y la pérdida de vegetación, y a la vez trabajan para mejorar el suministro de agua y fomentar la concientización pública.
Pero sostiene que hay un límite a lo que pueden hacer.
“Lo que está ocurriendo aquí es un fenómeno global”, dice. “Se debe al cambio climático. Nosotros somos quienes sufrimos sus consecuencias”.
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Arasu informó desde Bengaluru, India. El periodista de The Associated Press Seth Borenstein contribuyó a este despacho desde Washington.
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FUENTE: AP
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