Se trata del glufosinato de amonio, un herbicida utilizado para el control de malezas, altamente soluble y volátil, que será aplicado con ayuda de dos aeronaves de la policía sobre cultivos de hoja de coca en Putumayo, departamento fronterizo con Ecuador.
Colombia ensayará erradicar coca con nuevo herbicida, reabriendo debate sobre efectos negativos
BOGOTÁ (AP) — En medio de un giro en su política antinarcóticos, Colombia debate sobre los potenciales impactos negativos de un nuevo herbicida que entrará en fase experimental para fumigar desde el aire los miles de cultivos de hoja de coca con los que lidia.
Es parte del esfuerzo del presidente conservador Abelardo de la Espriella por reanudar la aspersión aérea con herbicidas, una promesa de campaña opuesta a la política antinarcóticos de su predecesor, el progresista Gustavo Petro (2022-2026), quien priorizó la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos.
Sin embargo, la Corte Constitucional suspendió desde 2015 la fumigación aérea con glifosato —un herbicida químico que elimina plantas inhibiendo su crecimiento— como precaución ante los posibles daños en la salud, incluyendo probable causa de cáncer, y el medioambiente.
De la Espriella primero derogó la resolución de 2015 que mantenía suspendida la aspersión aérea con glifosato, lo que significó un paso en su propósito, pero no la reanudó de inmediato. Faltan requisitos como una licencia ambiental, la consulta a comunidades étnicas y el concepto favorable del Instituto Nacional de Salud.
Sin embargo, el Consejo Nacional de Estupefacientes de Colombia le dio luz verde a un plan piloto “controlado y evaluable” con aspersión aérea con glufosinato de amonio.
El área sembrada con hoja de coca en Colombia en 2024 alcanzó las 261.000 hectáreas, según el último informe disponible de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
La aspersión aérea de los cultivos de hoja de coca con glifosato inició en Colombia en la década de 1990, adquiriendo especial énfasis a inicios de los 2000 durante el Plan Colombia, una iniciativa antinarcóticos apoyada por Estados Unidos.
Para María Alejandra Vélez, profesora e investigadora del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de Los Andes, en Colombia ya se demostró que la fumigación aérea no funciona como se promete.
“Tenemos mucha evidencia que sustenta que esta es una estrategia poco costoefectiva, independientemente de que ahora estén cambiando el químico. Entre 1999 y el 2015 se asperjaron más de 1.7 millones de hectáreas con glifosato y no logramos acabar con el problema”, aseguró Vélez a The Associated Press.
Además, Vélez advierte “efectos socioambientales nocivos”, como desplazar los cultivos ilícitos a otras zonas donde no los había, contaminar el agua, aumentar la violencia y generar una “pérdida de legitimidad del Estado en esos territorios” entre los campesinos cultivadores, que son el “eslabón más débil de la cadena”.
En Putumayo hay presencia de grupos ilegales como las disidencias de la extinta guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que no se acogieron al acuerdo de paz firmado hace una década, y la guerrilla Ejército de Liberación Nacional.
De la Espriella puso fin el viernes a todas las mesas de diálogo con grupos ilegales adelantadas por Petro, incluyendo el de la disidencia Comandos de la Frontera, que tenía un centenar de sus miembros en una zona de ubicación temporal en un tránsito a dejar las armas.
"Quienes expresen voluntad real de dejar las armas deberán someterse a la justicia”, indicó la Presidencia en un comunicado.
En la región de Putumayo, donde se realizará el piloto, se calculan más de 44.000 hectáreas sembradas de hoja de coca. Sin embargo, miles de familias se han unido al programa de sustitución de cultivos ilícitos.
La Asociación Campesina del Suroriente del Putumayo le respondió a la AP que están muy preocupados porque en el pasado la fumigación con glifosato dejó afectaciones en los suelos, a la vida humana y a los animales.
“Es una decisión nefasta para las comunidades porque prácticamente sería condenarlas a una crisis económica, social y humanitaria sin precedentes”, indicó la asociación. “Hay unas condiciones técnicas que no se van a poder controlar y de alguna manera los efectos de ese veneno van a traspasar a cultivos aledaños y llegar hasta las viviendas”, agregó.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud de 2019 sobre plaguicidas de alta peligrosidad, el glufosinato de amonio está clasificado entre los “moderadamente peligrosos”.
En Putumayo hay resguardos indígenas, comunidades afrodescendientes y firmantes del acuerdo de paz de las FARC que continúan en la legalidad.
La Policía Antinarcóticos aseguró la víspera en un comunicado que la fase experimental tendrá restringidas áreas en Putumayo donde existan sujetos a especial protección, como las comunidades afrodescendientes, las zonas de protección ambiental y los cuerpos de agua.
FUENTE: AP
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