Siria 06 diciembre 2021

El régimen de Bashar al Assad produce una poderosa droga y convirtió a Siria en un narcoestado

Una unidad de élite liderada por el hermano menor del dictador está a cargo de fabricar, envasar y contrabandear el captagón, que se convirtió en la exportación que más dinero genera para el gobierno.

En medio de la devastación causada por más de una década de guerra civil, el dictador sirio Bashar al Assad, sus familiares y socios han convertido a Siria en un narcoestado a orillas del Mediterráneo, supervisando un tráfico de drogas multimillonario controlado por el Ejército.

La principal droga producida en el país es el captagón, que se ha convertido en “la exportación más valiosa del país, superando con creces sus productos legales”, según una investigación del diario New York Times.

Se trata de una droga sintética que contiene fenetilina, una anfetamina especialmente popular en Medio Oriente. Es barata de producir y su composición incluye sustancias legales ampliamente disponibles.

A cargo de fabricar, envasar y contrabandear las píldoras de captagón se encuentra la Cuarta División Blindada del Ejército Sirio, una unidad de élite bajo el mando del hermano menor de Bashar, el poderoso Maher al Assad.

Otros actores importantes del tráfico de drogas son empresarios con estrechas relaciones con el régimen, miembros de la familia presidencial y milicianos del grupo terrorista libanés-iraní Hezbollah.

La investigación del NYT se basó en información obtenida de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley en 10 países y entrevistas con expertos mundiales en drogas.

Guerra civil y droga

Siria comenzó a surgir como narcoestado tras una década de ruinosa guerra civil, que destrozó la economía del país, redujo a la mayoría de su población a la pobreza y dejó a los miembros de la élite militar, política y empresarial buscando nuevas formas de ganar divisas y eludir las sanciones económicas occidentales.

Durante estos años convulsionados, los contrabandistas aprovecharon el caos para vender droga a los combatientes de todos los bandos, quienes la usaban para reforzar su valor en la batalla. Luego comenzó la producción local de la mano de emprendedores sirios que ya trabajaban con farmacéuticos regionales y utilizaron maquinaria en desuso.

Siria contaba con el know how necesario para la producción: expertos para mezclar drogas, fábricas para fabricar productos para ocultar las píldoras, acceso a las rutas marítimas del Mediterráneo y rutas de contrabando establecidas a Jordania, Líbano e Irak.

A medida que avanzaba la guerra, la economía del país se derrumbó y un número creciente de socios de Al Assad fueron objeto de sanciones internacionales. Algunos de ellos invirtieron en captagón, y se desarrolló un cartel vinculado al estado, que reunió a oficiales militares, líderes de milicias, comerciantes cuyos negocios habían florecido durante la guerra y familiares de Assad.

En la actualidad, los laboratorios de captagón controlados por el gobierno están diseminados por todo el país: en territorio controlado por Hezbollah cerca de la frontera libanesa; en las afueras de la capital, Damasco; y alrededor de la ciudad portuaria de Latakia.

Según funcionarios de seguridad regional y un ex oficial militar sirio, el Ejército protege a muchas de las fábricas y facilita el movimiento de drogas hacia las fronteras y el puerto de Siria.

Dos figuras clave en el negocio son Amer Khiti y Khodr Taher, dos empresarios cercanos al régimen que comenzaron su ascenso con el contrabando durante la guerra. Ambos apoyaron la candidatura presidencial de Al Assad este año financiando mítines políticos, banquetes, vallas publicitarias y conciertos a favor del dictador.

Un negocio en auge

El captagón se convirtió en la exportación actualmente más valiosa del país, superando con creces otros productos legales, según una base de datos compilada por el New York Times.

La prueba es que en los últimos años, cientos de millones de píldoras provenientes de un puerto controlado por el régimen en Siria han sido incautadas en Turquía, Líbano y Jordania, en los puertos de Egipto, Grecia e Italia, en un aeropuerto de Francia y en lugares tan lejanos como Alemania, Rumania y Malasia. La mayoría de esos países no son mercados importantes para la droga, sino que son simplemente paradas intermedias en su ruta hacia el Golfo, según el diario neoyorquino.

Arabia Saudita es el principal mercado del captagón. Allí, la droga comenzó a popularizarse en los años 80. Sus píldoras blancas estaban estampadas con dos medias lunas, lo que le daba el sobrenombre árabe de “abu hilalain” o “la de las dos lunas”.

El año pasado, las autoridades italianas descubrieron 84 millones de píldoras escondidas en rollos de papel y engranajes de metal en la que fue la mayor incautación hasta la fecha, mientras que los funcionarios malasios encontraron 94 millones de píldoras dentro de ruedas de carritos de goma. Sin embargo, estas constituyen apenas una fracción de las drogas exportadas por Siria.

“Se han incautado más de 250 millones de píldoras de captagon en todo el mundo en lo que va de año, más de 18 veces la cantidad encontrada hace apenas cuatro años”, según el NYT.

El año pasado, las incautaciones a nivel mundial tuvieron un valor de alrededor de US$ 2.9 mil millones, más del triple de las exportaciones legales de Siria de US$ 860 millones.

Las versiones económicas se venden al por menor por menos de un dólar la pastilla en Siria, mientras que las pastillas de mayor calidad pueden venderse por 14 dólares o más cada una en Arabia Saudita.

Aún así, los ingresos obtenidos por el tráfico de esta droga no regresan a la devastada economía siria, según Jihad Yazigi, editor de The Syria Report, una publicación que rastrea la economía de Siria, sino que benefician al régimen y sus socios.

“En su mayoría, se invierten en cuentas bancarias de contrabandistas y señores de la guerra”, dijo Yazigi.

El hecho que el gobierno esté detrás del negocio hace además que la lucha contra el tráfico del captagón sea especialmente difícil, según los expertos en seguridad consultados por el NYT .

“La idea de ir al gobierno sirio para preguntarle sobre cooperación es simplemente absurda”, dijo al periódico Joel Rayburn, el enviado especial de Estados Unidos para Siria durante el gobierno del ex presidente Donald Trump.

“Es literalmente el gobierno sirio el que exporta las drogas”, dijo Rayburn. “No es que estén mirando para otro lado mientras los cárteles de la droga hacen lo suyo. Son el cartel de la droga“.

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