Políticamente incorrecto 20 octubre 2020

La fatalidad del establishment

Días atrás, al calor de las elecciones locales, la congresista demócrata Debbie Mucarsel-Powell, dijo que ya era hora de derrotar el establishment republicano cubano.

Uno piensa que los demócratas, guardianes de la corrección política, debían inhibirse de semejantes comentarios. Pero no. La corrección política es una norma de los liberales que sólo aplica a los que no son liberales. Si usted es conservador, olvídese de las atenuantes de origen étnico, identidad sexual y estatus social. Un gordo republicano es un demócrata con sobrepeso. Una bizca republicana es una demócrata con dificultades de enfoque visual.

Mucarsel-Powell, que defiende su representación por el Distrito 26 frente al cubanoamericano Carlos Giménez, pudo haber mencionado el establishment republicano. A secas. El gentilicio agrega ofensa allí donde no resta confusión. No sabemos si la intención es contaminar lo republicano con el estigma de lo cubano, o viceversa. Considerando que el Condado Miami-Dade vota mayoritariamente demócrata, no cabe tomarlo como un desesperado grito de opresión política. ¿Cómo tomarlo considerando que aproximadamente el 54 por ciento de la población condal es cubano?

No hay que dramatizar. Estas cosas pasan. La preponderancia de los cubanos en el condado puede resultar sofocante a muchos otros. Incluso a todos los otros. A veces, en esa preponderancia, habrá quien encuentre prepotencia. ¿Qué quieren que les diga? Los cubanos somos como somos. Pero los demás también son lo que son. Veo las mismas corrupciones, la misma prepotencia, la misma resistencia a la inclusión en los respectivos establishments demócratas de los mexicanos en California y los puertorriqueños de Connecticut y Nueva York, para dejar las menciones en un familiar aunque distante ámbito hispano.

Por suerte, a Mucarsel-Powell no le molesta el establishment demócrata cubano. Así que esto no parece ir por el lado de la limpieza étnica sino por el lado de la limpieza ideológica. No está de más advertir que, a lo largo de la historia, lo uno ha llevado a lo otro. Mucarsel-Powell se apresuró a pedir disculpas. Eso basta para satisfacer la medida de la civilidad. No así la medida de la curiosidad. Me pregunto si en esa trucada escala liberal debo ser demócrata para que me acepten como cubano o no debo ser cubano para que me acepten como conservador.

En política no son aconsejables los adjetivos étnicos. Menos si provoca el conflicto con una mayoría. Cierto, los cubanos tienen las llaves del poder en estas tierras. Tal poder sería menor si la izquierda castrista (¿cuál izquierda latinoamericana no lo es?) no hubiera desatado una sucesiva ola de exilio entre nicaragüenses, venezolanos, argentinos, bolivianos y otros que por ahí vienen y vendrán. Sobra explicar por qué esas multitudes se sienten mejor representadas por cubanos y republicanos lo mismo aquí que en Washington. Esa es una asignatura que Mucarsel-Powell puede aprender de veteranos demócratas como el senador cubanoamericano Bob Menéndez.

La ampliación de la diversidad política en el sur de la Florida no pasa por la desaparición del poder cubanoamericano. Lo mismo entre demócratas que republicanos. Mucarsel-Powell puede verlo como una fatalidad demográfica. Pero las urnas le dirán, gane o pierda, que no puede verlo con malos ojos.

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