En plena pandemia del nuevo coronavirus, el balón de fútbol ha vuelto a rodar en Argentina, aunque con reglas diferentes, y ha logrado unir de nuevo a los amigos en torno al deporte favorito.

No importaba si la cancha del complejo deportivo Play Fútbol 5 de la localidad de Pergamino mostraba el miércoles un aspecto algo inusual, con sus 12 rectángulos trazados con pintura blanca sobre el pasto sintético. Seguía siendo fútbol lo que jugaban los integrantes de los equipos amateur Vende Humo FC y Los Mismos de Siempre, que han vuelto a practicar el deporte rey en Argentina luego de haberlo añorado más de cien días a causa de la cuarentena que se decretó por la pandemia.

Los jugadores de ambos equipos de esta localidad, situada a unos 240 kilómetros al noroeste Buenos Aires, se las ingeniaron bastante bien para patear la pelota dentro de sus límites y garantizando el distanciamiento sanitario.

Las jugadas sufren ciertas limitaciones de movimiento. Así, el jugador emplazado en cada cuadrilátero no puede desplazarse hacia los cuadriláteros de adelante o atrás, pero sí hacerlo — en determinadas situaciones — a los que son contiguos.

“Ahora me siento libre y contento de juntarme de nuevo con amigos y jugar al fútbol. Si fuera por mi lo haría de lunes a lunes”, dijo Martín Rodríguez a The Associated Press.

Cuando se aproximan cuatro meses de suspensión de los torneos de fútbol en Argentina y sin certezas sobre su reanudación a causa del COVID-19, Pergamino se convirtió hace cinco días en el primer lugar del país donde se juega al metegol humano, una variante del clásico juego de mesa, pero en una cancha sintética en la que se enfrentan dos equipos de cinco jugadores y cada uno de ellos debe permanecer en una zona delimitada.

El fútbol profesional está suspendido en el país sudamericano en todas sus categorías y los jugadores ni siquiera pueden entrenar.

Para los grupos de amigos que usualmente alquilaban canchas o que seguían a sus equipos en televisión, el metegol humano es casi como volver a respirar.

Rodríguez, defensor en Vende Humo FC, se está adaptando a esta nueva relación con la pelota. “Es prestar atención y mantener la distancia que nos permite el juego, tenemos que saber hasta dónde llegar, no podemos pasarnos de la raya”, explicó.

Algo de la impronta argentina se pierde en este fútbol. Falta el roce, la gambeta, la chicana (trampa), la “patadita” o “decir algo al oído” y luego pedir disculpas. Pero hay que cumplir las reglas del juego, que es mantener la distancia, acotaron otros jugadores.

Gustavo Ciuffo, dueño del complejo Play Fútbol 5, ideó este esquema que ha comenzado a replicarse en los últimos días en otras localidades del país. Fue después de sufrir muchas noches de insomnio por la interrupción del alquiler de canchas.

Aprovechó que Pergamino — con un mínimo número de infectados — pasó a la fase 5 en el marco de la cuarentena vigente en Argentina desde el 20 de marzo, que permite las actividades al aire libre con hasta diez personas.

En otras zonas del país con escasa circulación del virus, algunas actividades deportivas también se han habilitado poco a poco. No es el caso de Buenos Aires, foco de infección.

Latinoamérica es el foco actualmente de la pandemia y en Argentina, desde que estalló en marzo, se han reportado más de 66.000 infectados y 1.363 los muertos.

Ciuffo, un exprofesor de educación física, se mostró “muy contento” de haber encontrado una solución “en un momento muy duro”, cuando la parálisis ha agudizado la crisis económica y desmoralizado a tantos argentinos.

Volver a poner a rodar la pelota es el mejor antídoto para la depresión.

“El fútbol para los argentinos es tan importante como (la infusión de) el mate, nos gusta mucho una o dos veces por semana estar con nuestros amigos... y el metegol humano además de darnos la posibilidad de trabajar viene a llenar un espacio tan importante como es el barbijo", apuntó Ciuffo. "La parte social, mental hace que nuestras defensas estén bien arriba”.

El viernes pasado, las autoridades de Pergamino accedieron a habilitar este metegol humano y un día después comenzó a funcionar.

Antes de cualquier partido, los jugadores deben limpiar su calzado, manos y firmar una declaración jurada donde informan sobre su estado de salud.

En la cancha cada participante puede jugar sin barbijo.

Ciuffo explicó que, si un equipo pone a un solo defensor, este puede desplazarse sobre dos rectángulos adyacentes y situados a la misma altura para defenderse ante los delanteros, pero si el equipo “es más conservador” y tiene dos defensores, “cada uno se queda en su espacio” o rectángulo.

Ante la falta de roce y el espacio acotado, el juego es más continuo, intenso y requiere de remate con precisión.

Leonardo Vanney, que juega de arquero, no le da tanta importancia a las limitaciones que impone el juego.

Lo importante, asevera, es la “gran alegría” de juntarse con sus compañeros y se imagina compitiendo bajo esta modalidad en un torneo.

Fuente: Associated Press

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