OPINION | Rob Manfred, estúpidamente incorrecto

Rob Manfred sigue acumulando méritos para pasar a la posteridad como el peor comisionado de las Grandes Ligas de todos los tiempos

Desde su llegada al puesto, en sustitución de Bud Selig en el 2015, su mandato ha sido un cumulo de despropósitos que han dañado considerablemente la credibilidad del béisbol entre sus fanáticos, quienes son, a fin de cuentas, la razón de ser de esta industria.

La imposición de cuestionables reglas que sólo han conseguido la indiferencia, cuando no el rechazo del público, con la consiguiente baja en la asistencia a los estadios, es parte del legado que ha ido forjando Manfred, quien en más de una ocasión ha puesto al béisbol al borde un conflicto laboral con el sindicato de peloteros.

Ahora cayó en la moda de la corrección política impulsada por los sectores más radicales de la ultraizquierda estadounidense, la que, con la cancelación cultural, impulsa la reescritura de la historia a su conveniencia.

Luego de que la legislatura estatal de Georgia aprobara cambios a su ley electoral para garantizar mayor transparencia y claridad a los procesos de votación y evitar situaciones confusas como las de los comicios de noviembre del 2020, el comisionado decidió retirarle al estadio Truist Park, la casa de los Bravos de Atlanta, la sede del Juego de las Estrellas del 2021.

Manfred le siguió la corriente a quienes han armado una pataleta infantil, al asegurar que la nueva ley electoral limita el derecho al voto de muchas personas, principalmente aquellas de la raza negra. Es la maldita moda de la generación de los ofendidos, que por cualquier cosa se autovictimizan y juegan la carta racial.

La nueva legislación, básicamente, lo que dice es, número uno, que cada persona para votar debe mostrar una identificación.

Y número dos, que las boletas ausentes y votos emitidos por correo sólo pueden recibirse hasta la hora del cierre de las urnas, usualmente las siete de la noche del día de las elecciones.

O sea, que no puede, cuando empiece el conteo de los sufragios, aparecer de la nada un camión lleno de votos por correo a destiempo.

¿En qué limita eso el derecho al voto de los ciudadanos y específicamente a aquellos cuya piel es más oscura?

Me atrevo a asegurar que Manfred ni siquiera leyó el texto de la ley electoral de Georgia y simplemente repitió como papagayo las palabras de estos antisistema que suenan una perreta ante cualquier intento de mantener la ley y el orden en la sociedad americana.

El exigir un ID para votar y establecer un límite para el envío y recibo de las boletas por correo no coarta de manera alguna los derechos electorales de los ciudadanos. Todo lo contrario, los defiende de cualquier posible fraude u otra situación irregular.

Los Bravos ya retiraron de sus uniformes el logo del Juego de las Estrellas y en un comunicado lamentaron la decisión del comisionado, pues el equipo no tiene nada que ver con la aprobación de la legislación, ni sus fanáticos deberían por esa razón, ser privados del espectáculo que reúne cada año en un mismo sitio a los mejores jugadores de ambas ligas.

“Esta no fue nuestra decisión, ni nuestra recomendación y nos entristece que los fanáticos no puedan ver este evento en nuestra ciudad. Desafortunadamente, las empresas, los empleados y los fanáticos de Georgia son víctimas de esta decisión”, dijeron los Bravos.

En lugar del papel de unidad que debe jugar el pasatiempo nacional de Estados Unidos, Manfred convierte de esta manera a la MLB en un brazo deportivo más del Partido Demócrata, secuestrado, por cierto, por lo más radical de la ultraizquierda norteamericana, alejado cada vez más de los valores que hicieron grande a esta nación.

Debería tomar nota el comisionado de MLB sobre lo que le ha ocurrido a la NFL y la NBA, por sumarse a la polarización política del país.

Tanto la liga de football, como la de baloncesto, han visto resentirse tanto sus ingresos, como sus ratings televisivos, luego de que muchos fanáticos decidieran darle la espalda, al sentirse ofendidos con razón por lo que consideran actitudes antiamericanas de esas instituciones deportivas.

No se trata de ser políticamente correcto. Manfred ha demostrado ser estúpidamente incorrecto.

Su infantilismo político puede provocar incluso la fragmentación de la liga, pues ya se han alzado voces para pedir el fin de la exención antimonopolio de la cual disfruta desde tiempos inmemoriales la MLB.

Legisladores republicanos, incluidos los senadores Ted Cruz, de Texas, y Mike Lee, de Utah, son apenas algunos que lo han hecho y el pedido empieza a crecer como una avalancha de nieve.

Por ahora no creo que vaya a pasar, porque los demócratas tienen mayoría en el congreso, pero crea un procedente y basta con que la tendencia política cambie en el 2022, para que esto pueda hacerse realidad.

Manfred todavía está a tiempo de revertir este disparate y poner al juego y a sus fanáticos por encima de sus creencias políticas personales.

Pero para cambiar semejante decisión estúpidamente incorrecta hace falta coraje, se necesita valor, así que, tratándose de Manfred, no apostaría a ello.

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