OPINION: En medio de la tragedia del Saratoga, Díaz Canel baila danzón con AMLO

Mientras La Habana estaba en vilo el fin de semana, a la espera de noticias de sobrevivientes entre las ruinas del hotel Saratoga, el dictador Miguel Díaz Canel bailaba danzón con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador

La prensa mexicana reveló detalles del banquete y fiestón con que Díaz Canel despidió a AMLO, a pesar de los insistentes reclamos de la población para que declare duelo oficial por la tragedia del Saratoga, que ha dejado ya 41 fallecidos y varios desaparecidos entre los escombros del hotel y otros edificios aledaños.

De lo poco que se filtró del festejo por los medios oficiales del régimen es que el gobernante designado le dio un jalón de orejas al maestro de ceremonia, Froilán Arencibia, y de paso le quitó el título de Primera Dama a su esposa, Lis Cuesta, la Machi, de cariño, Lis Pata´e Puerco, para el cubano de a pie.

Al parecer, hay problemas de alcoba en Palacio, pero eso sólo le importa a los memeros, que alegran las redes sociales con sus ocurrencias.

Pero los periodistas mexicanos de El Universal sí contaron con lujo de detalles la pachanga que se tiraron DC y AMLO, al ritmo de la orquesta Faílde, cuyo fundador desciende del creador de “Las Alturas de Simpson”, el primer danzón de la historia.

¿Qué más se le puede pedir al Diazka, que al aparecer por el lugar del desastre el viernes, sólo mostró interés en lo que perdió el régimen en términos económicos con la explosión de un lujoso hotel que reiniciaría sus operaciones esta semana?

Ni los vecinos de la zona, ni los familiares de los fallecidos, ni nada terrenal le importa al aprendiz de dictador, más allá del otrora lujoso hotel que por obra y gracia de un accidente o una negligencia, pasó de golpe a engrosar la larga lista de edificios ruinosos de La Habana.

Díaz Canel tiró la casa por la ventana para agasajar a su huésped, a quien le sacó buenos acuerdos para seguir explotando al personal médico cubano allende los mares, a cambio de un buen dinero que los doctores no verán pasar.

En el banquete, los comensales no deben haberse preguntado si los rescatistas que llevaban entonces 72 horas de búsqueda incansable entre los escombros habían al menos merendado para seguir su faena.

Y AMLO, impresentable como siempre, perdió una buena oportunidad de darse un baño de pueblo, populista como es.

Porque si visitas un país justo en medio de un desastre que tiene el foco de atención de la opinión pública, lo más sensato y humano, aunque sea para la foto, es pedir a tu anfitrión un pase por la zona de la tragedia.

No es que su presencia hubiera resuelto nada, pero en estas horas, cualquier gesto de aliento es bienvenido por las víctimas y los damnificados.

Y al regresar a su México lindo y querido…y convulso…y corrupto…y etc, etc, etc…se deshizo en elogios para Díaz Canel, a quien calificó de “hombre honesto, trabajador, humano, una muy buena persona, un buen servidor público y un buen ser humano”.

Ah, pero eso sí, antes de partir, AMLO tuvo tiempo para reunirse con el anciano dictador en retiro (o en las sombras), Raúl Castro.

De milagro no fue hasta el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, a rendirle honores a La Piedra. Ya eso hubiera sido como un viaje al Parque Jurásico.

Fuente:

Notas Relacionadas

Deja tu comentario