La columna de Jorge Morejón 10 diciembre 2020

OPINION | Las luces fundidas del arbolito de Biden

El gabinete que está preparado Joe Biden para cuando eventualmente asuma la presidencia en enero parece un arbolito de Navidad.

La prensa liberal destaca la variedad del equipo de Biden como su principal virtud: que si Fulano y Mengano son negros (o afroamericanos, como dictan las normas de la corrección política), que si Zutano es hispano, Ciclana será la primera mujer en tal o más cual cargo y los padres de Esperancejo emigraron desde Cuba.

Apenas de soslayo se mencionan las capacidades profesionales e intelectuales de los nominados, vaya, como si eso fuera lo de menos. Algo así como lo que importa es sólo el envase, no el contenido.

Pero ese arbolito de Navidad multicolor tiene luces fundidas, nominados que enfrentarán un duro, durísimo escrutinio en el Senado, donde posiblemente de queden como la novia de Pacheco, “vestidos y sin ir a la boda”.

Uno de ellos es el general retirado Lloyd Austin, escogido por Biden como futuro secretario de Defensa, quien enfrenta la oposición incluso de legisladores demócratas.

Los medios enseguida aplaudieron la posibilidad de que por primera vez un afroamericano llegue a ser el jefe del Pentágono, sin ver más allá de sus narices.

El asunto es que ese cargo debe ocuparlo un funcionario civil, como establece la ley, según la cual, los ex militares que sean designados para el puesto deben tener al menos siete años retirados de las Fuerzas Armadas.

Y Austin se retiró en el 2016. Ooops, pequeño error de cálculo.

Austin solo lleva cuatro años como civil, por lo que necesitaría no solo el visto bueno del Senado, sino la aprobación de una excepción por parte de ambas cámaras del Congreso.

El problema es que muy recientemente se concedió esa excepción para James Mattis, el primer secretario de Defensa de la administración Trump, en el 2017.

Para muchos legisladores, hacer el proceso dos veces en cuatro años le resta ese carácter de excepcionalidad.

Hasta Elizabeth Warren, una de las senadoras demócratas más radicales, junto a sus colegal Richard Blumenthal y Jon Tester, han expresado su negativa a confirmar a Austin.

La otra es Marcia Fudge, congresista de Ohio a quien Biden nominó para secretaria de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD).

Mujer, negra y sexualmente ambigua, sólo le falta tener una abuela mexicana o gustarle las croquetas del Versailles para establecer la conexión latina y ser el paquete completo del ideario liberal, pero…

Los trapos sucios de Marcia están demasiado a la vista y podrían hacerla saltar por los aires durante su audiencia de nominación ante el Senado.

Resulta ser que hace cinco años se rasgó las vestiduras a favor de Lance Mason, un colega del Partido Demócrata, ex legislador estatal y en ese momento juez del condado Cuyahoga, acusado de apalear a su esposa en frente de sus hijas.

En una apasionada carta a la fiscalía, Fudge escribió: “Mason es un buen hombre que cometió un error muy grave. Felicito a Lance por reconocer de inmediato que necesitaba ayuda y comenzar a recibir asesoramiento”, en tanto aseguró que “algo como esto nunca volverá a suceder”.

Y sí volvió a suceder, pero peor. En noviembre del 2018, Mason asesinó a su esposa a puñaladas delante de sus hijas, por lo que fue sentenciado a cadena perpetua, mientras la congresista Fudge deberá cargar sobre su conciencia el fantasma de la víctima.

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