La columna de Jorge Morejón 03 noviembre 2021

 OPINION | La venganza de Atlanta

Si un equipo merecía ganar la Serie Mundial en el 2021 era el de los Bravos de Atlanta y no precisamente por cuestiones deportivas.

Cuando el estado de Georgia aprobó una legislación que garantiza la transparencia y limpieza en los procesos electorales, a la extrema izquierda del Partido Demócrata le dio una perreta e inició una campaña para descalificar la medida, acusándola de limitar el derecho al voto de las minorías.

El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, se sumó al ala más radical de los demócratas y de manera arbitraria decidió, en castigo, retirarle a Atlanta la sede del Juego de las Estrellas, que debió celebrarse en el Truist Park en julio pasado.

Manfred, tan inepto como siempre, mezcló peras con manzanas y culpó al equipo de algo en lo cual los Bravos no tuvieron ningún poder de decisión.

Al montarse en la ola liberal, Manfred no tuvo en cuenta los gastos en los que la franquicia y la ciudad ya habían incurrido en preparación para el evento cuya sede se les concedió un año antes.

Ignoró olímpicamente a los negocios locales que se beneficiarían de las actividades que durante toda una semana se realizan en torno al Juego de las Estrellas.

Manfred cayó en las redes de la maldita corrección política y se llevó el AllStar Game a Denver, la casa de los Rockies de Colorado.

Es el mismo comisionado que presionó para que los Indios de Cleveland cambiaran su nombre a partir del 2022, para complacer no a los nativos americanos, sino a un grupo de rubios de ojos azules a quienes le ofende toda la historia humana y tratan de reescribirla de la peor manera.

Es el mismo Manfred bajo cuyo mandato se eliminaron los tomahawks de poliespuma con que los fanáticos de Atlanta animaban a su equipo.

Pero las tradiciones son parte del show y los seguidores de los Bravos siguen haciendo con su mano el mismo gesto como si tuvieran el hacha de guerra de los nativos, aunque los blanditos ofendidos quieran prohibirlo.

En el cuarto juego de la Serie Mundial, disputado en Atlanta, los Bravos tuvieron un inesperado visitante que llegó a apoyarlos: el ex presidente Donald Trump, quien se sumó a la entusiasta fanaticada con el movimiento de la mano, cual tomahawk.

Y mientras los Bravos coronaban su victoria con una paliza de 7-0 en el Minute Maid Park de Houston, a unas 1,260 millas de distancia, en Virginia, el candidato republicano Glenn Youngkin desbancaba al gobernador demócrata Terry McAuliffe, que buscaba la reelección.

Los triunfos de los Bravos y de Youngkin encierran un simbolismo esperanzador: a los demócratas se les viene la noche, mientras que para América empieza a amanecer de nuevo.

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