que en triunfo al aire su estandarte agita,

más sea bodegona o bodeguita

La Habana de ella con razón blasona

Hártase bien allí quien bien abona

plata, guano, parné, pastora, guita.

Mas si no tiene un kilo y de hambre grita.

No faltara cuidado a su persona.

La copa en alto, mientras Puebla entona

su canción, y Martínez precipita.

Marejadas de añejo, de otra zona.

Brindo porque la historia se repita,

y porque la que es ya la bodegona,

nunca deje de ser La Bodeguita”.

Una vez más, los versos de Nicolás Guillén se desmoronan como castillo de naipes.

Ya pasó antes con “Tengo”, aquel que hablaba de los cubanos que entraban a los hoteles de la isla como Pedro por su casa y ahora le tocó su turno a este soneto que dedicó Guillén a La Bodeguita del Medio, el sitio de reunión de bohemios noctámbulos que llegó a ser el restaurante cubano más conocido en todo el mundo.

Después de casi un mes que se mostraran las nuevas imágenes de La Bodeguita, con las paredes recién pintadas de azul, la televisión oficialista del régimen habló por primera vez de la decisión de hacer desaparecer, como en un truco de magia, los cientos de miles de firmas que adornaban sus muros desde tiempos inmemoriales y que era el sello distintivo por excelencia del local.

Según explicó José Pumarada, quien dirige el restaurante, en el lugar había un severo problema de humedad en las paredes, por lo que fue necesario emprender una restauración a fondo.

Las paredes estaban con bastante humedad, al extremo de que los cuadros se nos caían de la pared. Cada uno de estos cuadros están puestos en el lugar que estuvo anteriormente”, señaló Pumarada, quien no hizo la más mínima referencia a la avalancha de críticas que generó la desaparición de las firmas.

No quedó títere con cabeza, incluso se perdieron las rúbricas de personajes de fama mundial como Ernest Hemingway, Errol Flynn, Agustín Lara o el presidente chileno Salvador Allende, quien, por cierto, fue el responsable de la reapertura del lugar, luego de que el régimen le confiscara la bodega a su dueño, Angel Martínez, durante la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968, cuando se eliminaron todos los pequeños negocios de la isla.

Según el periodista oficialista Julio Acanda, los encargados de la reparación fotografiaron cada tramo de pared para que quedara la evidencia de las firmas y pudieran ser apreciadas por los nuevos visitantes.

¿Y? ¿En serio?

Claro, lo más fácil era repellar nuevamente los muros y pintar, así, con ese nivel de simplismo, chapucería e indolencia, que entró a La Habana montado en el mismo tanque de Fidel Castro el 8 de enero de 1959.

Eso que hicieron en La Bodeguita no es restaurar. Para eso, existen métodos para conservar y reponer lo que había sobre las nuevas paredes, como se ha hecho en lugares incluso mucho más antiguos.

Lo que hicieron en La Bodeguita del Medio fue asesinar otro trozo de lo que va quedando de patrimonio cultural del país.

La Bodeguita ya no es más la bodegona. La bodegona dejó de ser La Bodeguita.

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