La columna de Jorge Morejón 02 diciembre 2021

OPINION | Grandes Ligas entran en cierre patronal

El futuro de las Grandes Ligas de béisbol es oscuro ahora mismo, a pesar de ser una industria con una salud financiera envidiable, capaz de generar 11 mil dólares anuales de ganancias.

A las 11.59 de la noche del miércoles expiró el Convenio Laboral Colectivo, sin que los dueños de equipos, representados por el comisionado Rob Manfred, ni el sindicato de peloteros, llegaran a acuerdo sobre el nuevo pacto.

Ello deja al béisbol en un impasse peligroso, cuando restan 118 para que comience la próxima temporada y poco más de dos meses apenas para que se abran los campos de entrenamientos primaverales.

El cierre patronal decretado por los propietarios pone fin a 26 años de paz laboral, tras la devastadora huelga de jugadores de 1994, que obligó a cancelar la parte final de la campaña, los playoffs y la Serie Mundial.

Mientras dure este cierre patronal, herramienta de la gerencia para evitar que los empleados trabajen hasta que se llegue a un acuerdo, los funcionarios de los equipos y los peloteros no pueden comunicarse de ninguna manera.

Las negociaciones en la agencia libre y los posibles intercambios de jugadores quedan automáticamente congelados.

Los representantes de MLB y de la Unión de Peloteros continuarán conversando para tratar de acercar sus respectivas posturas lo más posible y evitar una posposición o cancelación de la temporada, cuyos efectos tendrían consecuencias gravísimas –y quién sabe si irreparables- para la liga.

En las tres ocasiones que se reunieron las partes esta semana, las propuestas de cada una dejó sin respuestas a la otra, señal de que existe un abismo profundo entre ambas.

Es tal la diferencia y la aparente falta de voluntad conciliadora, que la última reunión, el miércoles, duró apenas siete minutos, antes de que los negociadores se levantaran de la mesa.

Esta es la novena vez que MLB enfrenta un paro laboral, cinco han sido por huelgas de jugadores y cuatro por cierres patronales, aunque estos últimos nunca costaron la pérdida de juegos.

Más le vale que esta vez tampoco ocurra eso, porque los fanáticos, que son quienes, a fin de cuentas, nutren de verdad la cadena alimenticia que los multimillonarios dueños de equipos y millonarios peloteros, se alejarán irremediablemente de los estadios y cambiarán los canales de televisión a otros canales.

Y esta vez no habrá un Mark Gwire y un Sammy Sosa que vengan en rescate, como hicieron en 1998 con su épica carrera en pos del récord de cuadrangulares.

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