OPINION | Declaran al béisbol Patrimonio Cultural de Cuba...a destiempo

Cuando vive sus horas más bajas en toda la historia, el béisbol cubano fue proclamado por las autoridades de la isla como Patrimonio Cultural de la nación.

Nunca es tarde si la dicha es buena, dice un refrán, pero este reconocimiento llega demasiado a destiempo, cuando el béisbol, más que un deporte, parte integral de la nacionalidad cubana, se desmorona como la misma sociedad.

La ceremonia se llevó a cabo en el vetusto Palmar de Junco, el estadio de la ciudad de Matanzas donde el 27 de diciembre de 1874 se llevó a cabo el primer partido del que se tienen registros en Cuba.

Ojo, que ese juego ha servido para la manipulación que la dictadura ha hecho con cada capítulo de la historia insular, pues no fue, como aseguran los ideólogos del régimen, el primer partido oficial.

Fue simplemente el primero en el cual se llevó a cabo la hoja de anotación y las autoridades castristas sacaron provecho de que entre los participantes estuviera el patriota Emilio Sabourín, quien años después, en los finales de la Guerra de Independencia, muriera en la prisión española de Ceuta en 1897.

Es el único que siempre mencionan los propagandistas del régimen, quienes ignoran la presencia en ese juego de los hermanos Ernesto y Nemesio Guilló, introductores del béisbol en Cuba, o de Esteban Bellán, primer latinoamericano en Grandes Ligas.

Y no, el primer juego oficial fue cuatro años más tarde, el 29 de diciembre de 1878, con la inauguración de la primera temporada de la liga profesional, pero ya sabemos que, en 1962, el dictador Fidel Castro eliminó el béisbol rentado.

Pero de vuelta al tema de la proclamación de la pelota como Patrimonio Cultural de la nación cubana, si bien es cierto que era algo que debió haber pasado décadas atrás, la manera en que se hizo es una farsa teatral, cuando el nivel del juego está en sus mínimos históricos, ya no hay casi peloteros de calidad en la isla y los pocos que quedan, lo único que quieren es irse a buscar fortuna en mejores tierras.

Como prueba de tal farsa tragicómica está la atención que le brindó la televisión oficialista a un evento que requería de mayor realce.

Ni siquiera dispusieron de una unidad de control remoto para transmitir el vivo la opaca ceremonia que, para no variar, tuvo mucho de propaganda ideológica y poco de deporte y cultura.

Hace poco, un colega de la isla me preguntaba qué necesitaba el béisbol cubano para sobrevivir y la respuesta es muy simple, aunque sea complejo llevarla adelante: un cambio radical de régimen en el país.

No se trata de la supervivencia del béisbol, sino de la nación cubana.

Liberar las fuerzas productivas del yugo controlador del Estado y restaurar la democracia, desterrada desde hace casi siete décadas, donde cada cubano tenga plenos derechos, sin distinción de tendencia ideológica, es el primer y gigantesco paso.

Después de eso es que podremos cantar play ball y veremos florecer nuevamente el béisbol, que ha sido por más de un siglo un componente indispensable en el ADN nacional.

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