OPINIÓN | De cobardes y perdedores

Voy a violar una máxima de la sabiduría popular, según la cual, “de los cobardes no se ha escrito nada”.

Hoy voy a hablar de un cobarde que le costó a su equipo la Serie Mundial: Kevin Cash.

Lo hizo tan mal, fue tan pusilánime, tan mediocre, que hizo lucir a Dave Roberts, el manager de los Dodgers de Los Angeles, como la reencarnación del mismísimo Casey Stengel.

¡Y eso que Roberts es de los peores mentores de todo el béisbol!

Pero Cash lo superó, con su béisbol de PlayStation, carente del más mínimo instinto natural del juego, apegado sólo a las frías estadísticas de la pantalla de su iPad.

Cuando el director de los Tampa Bay Rays le pidió la pelota al zurdo Blake Snell en el sexto juego de la Serie Mundial, ya medio planeta sabía que acababa de entregarse en bandeja de plata.

A la altura del sexto episodio, Snell apenas llevaba 73 envíos, con nueve abanicados, cero boletos y sólo dos imparables.

Tenía a la poderosa artillería rival en un puño y al momento de su salida, con un hombre en primera y un out, venían en orden dos hombres que se habían tragado entre ambos cuatro ponches en igual cantidad de turnos.

Pero la maldita analítica moderna ha impuesto como un dogma eclesiático que a la tercera vuelta de la alineación los serpentineros pierden efectividad y es hora de sacarlos del montículo.

Como si cada pitcher fuera igual, como si cada juego fuera igual…

Lo último que querían los Dodgers era seguir viendo a su verdugo, al que los tenía sin oxígeno y estaba a punto de provocar un empate en la Serie Mundial, para enviarla al decisivo séptimo juego.

Y Cash los complació. Cuando Austin Barnes disparó un sencillo después de un out, entró en pánico y llamó al bullpen.

Para colmo, aferrado a su iPad y al plan preconcebido, trajo a Nick Anderson, su relevista más inefectivo a lo largo de toda la postemporada, a pesar de tener a muchos apagafuegos que habían sido herméticos en todos los playoffs.

Le costó. Y caro. Demoró menos que un merengue en la puerta de un colegio para que sus rivales le dieran la vuelta a la tortilla.

“Definitivamente estoy decepcionado y molesto", dijo Snell. “Sólo quería la pelota. Me sentía bien. Hice todo lo que pude para demostrar mi caso y quedarme ahí, y luego que perdamos, apesta. Quiero ganar, y quiero ganar la Serie Mundial, y para que perdamos, simplemente apesta”, reconoció el zurdo, que estaba lanzado el juego de su vida.

“Bueno, sí, lamento la decisión porque no funcionó, pero siento que el proceso de pensamiento fue correcto. Si tuviéramos que hacerlo de nuevo, tendría la mayor confianza en Nick Anderson para pasar esa entrada”, dijo al terminar el partido el manager, quien, evidentemente, no aprendió de su error.

La lista de barbaridades ilógicas que cometió a lo largo de la Serie es interminable, pero ya he escrito demasiado de un cobarde. En este caso, el Cash resultó ser dinero falso.

Fuente:

¿Qué te ha parecido esta noticia?

Notas Relacionadas

Deja tu comentario