Después de haber hecho una campaña en la que se mostró como el paladín que salvará al país del coronavirus, ahora resulta que los estadounidenses no son su prioridad.

Al menos, así piensa uno de los más prominentes miembros de la junta asesora que Biden nombró para enfrentar la pandemia.

El doctor Zeke Emanuel, el principal arquitecto de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, conocida como Obamacare, aseguró en un reciente artículo en la revista Scientific American que una eventual vacuna contra el Covid-19 debe distribuirse internacionalmente de manera equitativa y no priorizar a la población de Estados Unidos.

Se trata de lo que llamó un modelo de prioridad justa, que permitiría que el país que produce la vacuna retenga sólo las dosis suficientes para alcanzar un umbral de inmunidad colectiva (Rt por debajo de 1).

Más allá de eso, el modelo apoya la distribución de la vacuna a nivel internacional, lo que significa regalar o vender dosis antes de que esté disponible para todos los ciudadanos del país productor.

En meses recientes, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, dijo: “Nuestra primera prioridad, por supuesto, es desarrollar y producir una cantidad suficiente de vacunas y terapias seguras y eficaces aprobadas por la FDA para su uso en los Estados Unidos, pero anticipamos tener la capacidad de que, una vez que se satisfagan esas necesidades, esos productos estén disponibles de acuerdo con distribuciones justas y equitativas que consultaríamos en la comunidad internacional”.

El artículo del doctor Emanuel, titulado “Un marco ético para la asignación global de vacunas”, elabora una tesis diametralmente opuesta a la política de la actual administración Trump, dispuesta a compartir la vacuna contra el coronavirus después de que se satisfagan las necesidades estadounidenses y sin coordinar su distribución con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

O sea, que EE.UU. financia las investigaciones, consigue crear la vacuna y finalmente la produce, pero sus ciudadanos no son priorizados.

Arrancada en falso para un proyecto de gobierno que intentará borrar en sus primeros 100 días, a golpe de órdenes ejecutivas, la mayoría de lo conseguido en estos cuatro años por una administración que basó su política en la premisa de “América First”.

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