¿Abdala?¿Soberana? ¡Alabaoooo!

No habían pasado 24 horas desde que el régimen reconociera la mediocre efectividad de apenas 62 por ciento de su candidato vacunal Soberana 02, cuando el gobernante designado, Miguel Díaz Canel, salió a anunciar con bombos y platillos que la fórmula Abdala es 92 por ciento eficaz.

Abdala fue desarrollada por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana (CIGB) y se aplica no en una, ni en dos, sino en tres dosis, en tanto la comunidad científica de todo el planeta desconoce las evidencias clínicas que avalan el supuesto hito.

Cuba se negó desde un principio de la pandemia a buscar vacunas mediante el mecanismo Covax y apostó por sus fórmulas autóctonas, con sugerentes nombres como Soberana 01, Soberana 02, Soberana Plus, Abdala y Mambisa.

Según el diario oficialista Granma, más de cuatro millones de personas ya han sido vacunados con Soberana 02 y Abdala, lo que equivale a alrededor del 40 por ciento de la población.

Se supone que, ante tal grado de inmunización, la pandemia debería empezar a retroceder.

Sin embargo, los casos de Covid-19 en la isla siguen en ascenso y cada vez más fuera de control.

Justo el mismo lunes del anuncio de la supuesta efectividad de Abdala, las autoridades sanitarias cubanas reportaron un nuevo récord de nuevos casos diarios de la enfermedad, con 1,561 contagios, además de 11 fallecimientos.

El Ministerio de Salud Pública también reconoció otra marca absoluta para un día, la de casos activos, que llegó a 8,364.

¿Entonces?

La historia ha demostrado que la industria farmacéutica y biotecnológica de Cuba, uno de los sueños megalómanos del dictador Fidel Castro, es una falacia.

Ni la cura del vitiligo del doctor Miyares o la devolución de la vista de Orfilio Peláez, sin contar la vacuna contra el cáncer del pulmón o la restauración neurólogica del mal de Parkinson, de la ahora disidente doctora Hilda Molina: todos fueron un gran fraude con el que Castro buscaba el único objetivo de ingresar dólares a su bolsillo.

Pero al igual que pasó con lo antes mencionado, siempre habrá tontos que muerdan el anzuelo, sabe Dios a cambio de qué.

Lamento ser portador de malas noticias, pero la lógica indica que este es otro globo de un gobierno que es incapaz de producir las medicinas más elementales de uso común y que vende las aspirinas por la libreta de racionamiento.

Ojalá y esta vez, al menos por esta vez, el régimen dijera la verdad, para bien de una población hambreada, que sobrevive en medio de la insalubridad y víctima de un gobierno irresponsable al que solamente le interesa aferrarse al poder a como dé lugar, sin importarle las consecuencias para la gente común.

Ah, y dice Granma que después del “éxito” de Abdala, por ahí viene Mambisa. ¡Al machete!

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