La Cuba del Recuerdo | Los cumpleaños de los niños en Cuba y el mío cuando cumplí cinco años

La celebración de los cumpleaños de los niños en Cuba eran pequeñas producciones que los padres le hacían a sus hijos, siempre eran festivas y brillantes; claro está que era de acuerdo con las posibilidades de los padres, , pero ellos siempre lo hacían para que el hijo lo pasara bien con sus amiguitos.

En una fiesta de cumpleaños is cubana siempre estaban envueltos:

Los amiguitos

Refrescos, Caramelos y golosinas de todo tipo.

Un mago

Una rifa con regalos para los niños invitados.

Ponerle el rabo al burro.

La piñata.

El cake, con la ceremonia de “soplar el cake” con las velitas después que le cantaban al festejado

“Japi berdey tu yú”.

Las velitas eran una por cada año que se cumplía.

Yo me acuerdo de todos mis fiestas de cumpleaños de mi infancia, la que más tengo presente es la que me hicieron cuando cumplí cinco años.

Yo nací un 27 de septiembre a las 9 de la mañana con el cordón umbilical enredado en el pescuezo. Por poco me muero, gracias a la pericia del doctor Garcia Navarro que la ayudo a dar a luz yo me salvé, después el fué gran amigo mío. Siempre ome traía a fin de año una cesta con piñas, mamey y zapotes.

Pues la celebración de mis cinco años empezó unos días antes del 27 de Septiembre con los preparativos, un señor fue a mi casa con una caja del tamaño de tres cajas de zapatos juntas llena de caramelos, yo sorprendido gratamente pues nunca había visto tantos caramelos juntos, mi mana los probó y le compró al señor cuatro cajas.

Al día siguiente llegó otro señor con serpentinas, confeti y figuras en forma de campana, redondas y triangular hechas de papel maché, las compró todas.

Ese día por la tarde la oí hablando por teléfono encargando un cake en forma de barco de guerra a la dulcería La Gran Vía, me acuerdo que esa dulcería se anunciaba por radio con una canción que decía así:

Un súper cake

Con el sello

De La Gran Vía

Es una garantía,

Tiene tiempo

Tiene tiempo todavía

De llamar

4-8523

A La Gran Vía.

Acto seguido fué a un sólar que había en la calle Jovellar entre Espada y San Francisco frente a la Logia Masónica, a pedirle a un señor, que se especializaba en hacer piñatas, una en forma de barco de guerra grande, tan grande que yo cupiera adentro. Este señor después fue gran amigo mío, era César Portillo, papá de Cesar Portillo de la Luz que después fue famoso por sus lindos boleros de la época del filin.

Pues Portillo me hizo una tremenda piñata en forma de destructor con seis tremendos cañones.

Mi mamá también le encargó a otra señora que vivía en ese solar bocaditos de pasta y de carne fría, así como también una gran cantidad de Croqueticas, los refrescos se los encargo a Fernando el del Guayabal, una cafetería pequeña que estaba en los bajos de mi casa.

Un día mi mamá me llevó a la juguetería Los Reyes Magos, que quedaba en la calle Galiano y compró varios juguetes para rifar y muchos pequeños para regalarles a los niños en mi fiesta.

Ella se iba a celebrar en casa de mis abuelos pues era en la planta baja y muy grande, con capacidad para todos los niños del barrio que mi mamá invitó sin distinción de raza, sexo y posición social. La casa tenía sala y comedor, enormes los dos, con capacidad para todos.

Llegó el 27 de Septiembre, era un sábado a la una de la tarde, me vistieron con un traje de marinero blanco y azul muy lindo y me llevaron para casa de mis abuelos, la cual ya se encontraba llena de amiguitos y amiguitas, muy lindos y muy bien vestidos todos.

Mi mamá dirigiéndolo todo y mi papá conversando animadamente con los padres de los niños en una esquina del patio libando todos los licores y algunos que otros Daiquiries.

Empezamos a jugar, alguien sacó mis juguetes que yo almacenaba en casa de mis abuelos: mi bicicleta, velocípedos, patines, carriola, automóvil de pedales e hicimos una gran fila alrededor de la sala y el comedor que no terminaba.

Los niños y los mayores se divertían al mismo tiempo que tomaban los refrescos del Guayabal y comían las croquetas y bocaditos de la señora del solar.

De buenas a primeras llega un señor vestido de tuxedo con una capa negra y un sombrero de copa, era Mandrake el Mago, nos sentaron en el suelo de la sala, éramos muchos, y ese señor empezó con sus trucos; de una fuente en llamas salieron muchas palomas volando que no se iban para la calle, unos pañuelos sueltos empezaron a salir de su boca completamente amarrados, unos huevos que rompió sobre una taza grande se convirtieron en pollitos, Mandrake tenía una vara mágica de color negro brillante con las puntas enchapadas en plata, la cual movía con destreza desapareciendo cosas y apareciendo otras; pero lo que más me impresionó fue cuando empezó a sacarnos monedas de las orejas, pelo y nariz, cayendo con sonido estruendoso en un recipiente de metal brillante que tenía en su mano izquierda y con la derecha nos sacaba las monedas. Me acuerdo que Mandrake tenía un bigote pintado y sudaba copiosamente con su frac y su capa.

Después que terminó el mago mi mamá llamó para ponerle el rabo al burro, y ahí nos reíamos dándole vueltas a los amiguitos con los ojos vendados para que no vieran. Me acuerdo que el niño que ganó fue un amiguito mío de mi edad llamado Andresito que vivía en el solar indicado antes.

A continuación vino el halar las cintas de la piñata, todos nos pusimos alrededor del barco que estaba colgado en una viga linda que unía la sala con el comedor, con una cinta en la mano cada uno y la orden de no halar. Entonces mi maná contó una, dos y tres , y dio la orden “halen”; y se formó el despetronque, una gran lluvia de caramelos y jugueticos calleron de la barriga del destructor en nuestras cabezas y todos los niños nos tiramos al suelo a agarrarlos. Risas, gritos de alegría y al mismo tiempo que nos llenábamos de caramelos.

Que rico, los padres de los niños también se reían y se divertían con todo lo que acontecía.

Y vino el momento de la rifa, para los varones había un traje de Cowboy y un cinto con dos revólveres de fulminantes impresionantes y para las hembras una muñeca famosa con la cabeza de biscuit y los ojos los abría y cerraba según la acostaras o sentaras. El número ganador para los varones fue el 23 y se lo ganó mi amigo Arnaldo y la ganadora de las niñas fue el 32 y se ganó la muñeca mi amiguita Hilda.

Que contentos estaban ellos!

Entonces mi maná anunció que íbamos a soplar el cake, el cual era grandísimo, de vainilla, merengue blanco con los bordes azules y en el medio decía Felicidades Ramoncito.

Eran cinco velitas, muy fácil para mi apagar después que todos mis amiguitos me cantaran a todo galillo y desafinadamente

“Japi berdey tú yu”

Que fiesta tan linda.

Yo celebré en Cuba todas mis fiestas de cumpleaños hasta el 1958, después, con la llegada de cínico, sádico, sanguinario y ladrón Fidel Castro ya no se pudo hacer mas.

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